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Taiwán, la potencia de los semiconductores, en el centro de la batalla tecnológica entre Estados Unidos y China

La visita de Pelosi a la isla, que fabrica más del 90% de los chips de alta tecnología del mundo, refuerza la cooperación económica para impulsar a Washington en una industria estratégica y revertir los avances de Pekín

Taiwán, la potencia de los semiconductores, en el centro de la batalla tecnológica entre Estados Unidos y China

EFE/RITCHIE B. TONGO

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Carles Planas Bou
Carles Planas Bou

Periodista

Especialista en Redes, algoritmos y la intersección entre política y tecnología

Escribe desde Barcelona

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En su fugaz pero turbulento paso por Taiwán, la presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Nancy Pelosi, justificó su visita aludiendo a los valores democráticos compartidos. Sin embargo, el interés de Washington pasa por algo más tangible: los semiconductores, componente vital de teléfonos móviles, ordenadores, electrodomésticos o automóviles. La isla es una potencia mundial en la fabricación de unos chips cada vez más escasos y preciados, convirtiéndose así en un enclave estratégico que EEUU y China se disputan en su batalla por la hegemonía tecnológica.

Pelosi aprovechó las menos de 24 horas de visita a Taiwán para reunirse con las autoridades taiwanesas, pero también con la cúpula directiva de Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC), el mayor fabricante de chips del mundo y un proveedor vital para Occidente. La parada sirvió para reforzar los lazos de una alianza simbiótica crucial para Washington y Taipéi. Pelosi ha prometido “proteger” al país y este se ha comprometido con su mayor aliado internacional a mantener “la cooperación democrática en la cadena de suministro”.

Los semiconductores no solo dan vida a la electrónica de consumo sino también a la tecnología militar, aeroespacial o sanitaria. Taiwán produce más del 90% de los chips de alta tecnología del mundo, según la Asociación de la Industria de Semiconductores, lo que la convierte en un aliado económico indispensable.

Sin embargo, es también un aliado incómodo. Y es que China reclama desde hace medio siglo que la isla —con un Gobierno democrático propio— no es una nación soberana y que es parte de su territorio. La histórica tensión geopolítica se entrecruza así peligrosamente con una pugna económica en plena crisis, alimentando la inestabilidad en la región. El Silicon Valley taiwanés está a tan solo 150 kilómetros de China.

Declive de EEUU

A lo largo de las últimas tres décadas, el declive de EEUU también se ha hecho evidente en la producción de chips. Mientras otros países invertían en este sector estratégico, la industria tecnológica estadounidense optó por centrarse en el diseño, entonces más rentable. Así, la capacidad de fabricación de semiconductores del país ha pasado de una cuota del 37% mundial en 1990 al 12% actual.

China ha aprovechado ese declive para ganar músculo, convirtiéndose en la fábrica donde gigantes estadounidenses como Apple, Amazon, Google o Meta y la surcoreana Samsung externalizan la manufactura de un componente vital para su negocio, pues la mano de obra es más barata. La industria de los semiconductores se ha disparado en los últimos años y, además de los mencionados, otros países como la Unión Europea (UE), Corea del Sur, Japón o Singapur también han dado un paso al frente.

La irrupción de la pandemia del covid puso en evidencia la pérdida de independencia de EEUU en la fabricación de chips. La crisis sanitaria forzó el cierre de fábricas en el gigante asiático, golpeando la cadena de suministro hacia Occidente y acentuando una crisis de escasez de la que no solo se resiente la industria tecnológica. Las turbulencias geopolíticas en el Mar de China Oriental llegan justo cuando los problemas de abastecimiento empiezan a relajarse.

Pugna económica

Es en este contexto que la administración de Joe Biden está maniobrando para tratar de recuperar el liderazgo perdido en este campo. Es por eso que, el pasado jueves la Cámara de Representantes de EEUU aprobó una nueva ley que destinará 52.000 millones de dólares a subsidios para incentivar la construcción de fábricas de chips en el país. Parte de esas ayudas las recibirá el gigante taiwanés TSMC, que ya ha empezado a construir un centro en Arizona.

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"Los semiconductores son los componentes básicos de la economía moderna: impulsan nuestros smartphones y coches. Y durante años, la fabricación se envió al extranjero. Por el bien de los empleos estadounidenses y de nuestra economía, debemos fabricarlos en casa”, tuiteó el presidente. El próximo martes imprimirá su firma en la ley para que entre en vigor.

La adopción de esa ley no ha gustado nada a China. El Gobierno comunista chino ha calificado ese movimiento como de “mentalidad de la Guerra Fría”, asegurando que perjudicará la cooperación económica entre ambas potencias. Este lunes, Reuters señaló que, además de impulsar su industria nacional, la Casa Blanca también estudia limitar los envíos de material a los productores de chips de memoria chinos, en un intento para frenar los avances del gigante asiático en el sector. Y es que Washington no sólo busca asegurar el suministro propio, sino también perjudicar el de su principal rival.