El análisis

La nefasta guerra energética de la UE

Bruselas ha mostrado falta de realismo al impulsar un conflicto económico y energético contra su principal proveedor, Rusia

El gaseoducto Nord Stream, de Gazprom

El gaseoducto Nord Stream, de Gazprom / John MACDOUGALL / AFP

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Eliseo Oliveras

El talón de Aquiles de la Unión Europea (UE) es su dependencia de la energía importada. A diferencia de Estados Unidos, que es prácticamente autosuficiente, la UE importaba el 60% de la energía consumida antes de la pandemia y los mercados reflejan esa diferencia. El barril de petróleo Brent (referencia europeo) cotizaba este 29 de julio a 109,2 dólares, once dólares más caro que el crudo de referencia norteamericano (West Texas Intermediate). En el gas, la diferencia es abismal: el precio de referencia europeo del TTF holandés es siete veces más caro que el gas norteamericano en su mercado de referencia Henry Hub.

En este contexto, la UE ha mostrado falta de realismo al impulsar una guerra económica y energética contra su principal proveedor, Rusia, sin disponer previamente de fuentes alternativas de suministro y de producción energética. El 39% del gas, el 25% del petróleo y el 45% del carbón importados por la UE procedían de Rusia en 2021. La Comisión Europea ha aplicado la agenda de Washington, pese a que la situación de la UE es totalmente distinta de EEUU.

Alemania y el cierre nuclear

Para agravar la dependencia energética europea, Alemania cerró tres de sus reactores nucleares el 31 de diciembre y mantiene su plan de cerrar este año sus tres últimos reactores. Ni Berlín, ni la Comisión Europea parecen considerar incongruente ese cierre nuclear con la petición simultánea a los otros países de la UE para que le cedan su gas para capear un corte de suministro ruso.

En lugar de fortalecer la economía de la UE frente a Rusia, la Comisión Europea y los gobiernos han adoptado sanciones energéticas y económicas contra Moscú que no detienen la guerra en Ucrania, dañan a la UE, encarecen el petróleo, el gas y la electricidad y disparan la inflación, mientras aumentan los ingresos de Rusia a cifras récord, aunque exporte menos crudo y gas (10.500 millones de dólares en junio por petróleo y 11.100 millones por gas).

La UE creyó que podría bloquear la entrada en servicio del gaseoducto ruso Nord Stream 2 (como hizo Alemania en noviembre, antes de la invasión de Ucrania) e imponer después sanciones económicas draconianas a Rusia sin que Moscú replicara recortando el suministro de gas a Europa. Hubiera sino más efectivo y menos dañino económicamente para la UE haber suministrado a Kiev suficiente armamento pesado para repeler la invasión rusa.

Disfunción en la fijación de precios

Sin el gas de Rusia, la economía de Alemania y otros países no puede funcionar. La guerra energética ha situado esta semana el precio del gas en el mercado europeo por encima de los 200 euros el megavatio/hora (MW/h), 20 veces más caro de lo que era a finales de julio de 2019. Y de rebote, el precio mayorista de la electricidad ha alcanzado los 650 euros el MW/h en Francia e Italia y los 599 euros en Alemania, debido al disfuncional sistema de fijación de precios de la UE, donde el gas marca el precio de toda la luz pese a que solo genera el 20% de la electricidad. Aunque el disfuncionamiento del mercado eléctrico quedó patente en el verano de 2021, la Comisión Europea y Alemania se resisten a reformarlo y la excepción ibérica fue arrancada con fórceps.

La UE importó 155.000 millones de metros cúbicos de gas de Rusia en 2021. Los suministros adicionales logrados por la UE de otros proveedores en el primer semestre de 2022 equivalen a 70.000 millones de metros cúbicos anuales, pero solo sustituyen el 45% del gas ruso. El acuerdo con Azerbaiyán, por ejemplo, solo aporta 3.900 millones de metros cúbicos adicionales este año y el pacto de solidaridad intraeuropeo sobre el gas está lleno de agujeros.  

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A medida que pasan los meses, las previsiones económicas de la UE empeoran. Por el contrario y pese a las sanciones, el Fondo Monetario Internacional (FMI) acaba de limitar la caída de la economía rusa este año al 6%, 2,5 puntos menos de lo previsto, debido al aumento de sus ingresos energéticos.

Las sanciones europeas enriquecen a las grandes petrolíferas con beneficios astronómicos (Shell, Repsol). Pero el malestar social por el disparo del coste de la vida da un empuje a la ultraderecha. El Reagrupamiento Nacional de Marine Le Pen obtuvo 89 escaños en el Parlamento francés en junio, pese a la barrera del sistema electoral de doble vuelta, y la ultraderechista Giorgia Meloni podría liderar en septiembre el Gobierno italiano gracias al apoyo de Silvio Berlusconi y del Partido Popular Europeo. La ministra alemana de Asuntos Exteriores, Annalena Baerbock, reconoce que un corte del gas ruso podría desencadenar revueltas en su país.