Epidemida al alza

Lucha contra el covid en China: Derribo de puertas para desinfectar pisos

La indignación social crece tras actuaciones de las autoridades en Gunangzhou

Test de covid en el aeropuerto de Guangzhou.

Test de covid en el aeropuerto de Guangzhou. / NOEL CELIS / AFP

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Adrián Foncillas
Adrián Foncillas

Periodista

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Siguen los contagios al alza en China, superado el umbral psicológico del millar de casos diarios cuando semanas atrás se contaban apenas docenas, sin que las cuarentenas erradiquen por completo las nuevas y más contagiosas variantes.

La aplicación más asilvestrada de la política covid cero ha llenado de indignación las redes sociales por los recientes sucesos de Guangzhou. Los vecinos de 84 viviendas encontraron las puertas abiertas al regresar de la reglamentaria cuarentena en un hotel que cumplieron tras haber sido detectado un positivo en su edificio. Las habían derribado los funcionarios para las tareas de desinfección y buscar a contactos cercanos que creían escondidos. Pedir las llaves a los propietarios les pareció un trámite más farragoso que unos cuantos martillazos y patadas.

Las autoridades se han disculpado ya por el “simplista y violento” comportamiento y prometido indemnizaciones y castigos. El episodio, por grosero y aislado, ha irritado y sorprendido a muchos. También porque esos dislates se esperan de algún funcionario montaraz con exceso de celo en alguna provincia rural pero no en Guangzhou, la rutilante y cosmopolita capital cantonesa. En Pekín, por ejemplo, impera el tacto: bastaron los primeros lamentos ciudadanos para que las autoridades echaran atrás la exigencia de pruebas de vacunación en la entrada de lugares públicos.

Focos en dos puntos opuestos

La actualidad pandémica en China, por lo demás, se desliza hacia una rutinaria escalada de casos. Son magnitudes ridículas en contraste con las occidentales pero bastan para descomponer a un Gobierno que persigue la expulsión del virus. Los focos se concentran en dos puntos opuestos del país. Casi una semana de confinamiento acumulan los cuatro millones de habitantes de Lanzhou, capital de la provincia noroccidental de Gansu. En Beihai, un célebre destino turístico en la costa oriental, miles de visitantes quedaron atrapados al ordenar las autoridades un cerrojo inmediato. Ha bastado una veintena de casos en Shanghái para que regresen los tests masivos a doce de sus 16 distritos.

China es la única entre las grandes economías que sigue fiel a una política de cero covid que comprende confinamientos, tests y cierre de fronteras. Sobre la factura económica no hay dudas. El crecimiento del segundo trimestre, que coincidió con el prolongado encierro de Shanghái, se quedó en 0,4%. Es la menor cifra en dos años y convierte en quimérico el objetivo anual del 5,5%. Sería imprescindible un acelerón brusco en la segunda mitad del año que no llegará sin jubilar la política. El presidente, Xi Jinping, ha repetido que la vida y salud de la población son prioritarias a unas cuantas décimas de PIB.

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A China le espera una tragedia de millones de muertos si se suma a la despreocupada convivencia con el virus de buena parte de Occidente. La baja vacunación de ancianos y la precaria red hospitalaria de las provincias rurales dejan un escaso margen escaso de actuación pero, aunque la defensa de la política es monolítica en el discurso político y mediático, algunos gestos insinúan un suave viraje. La cuarentena para los llegados a China fue abreviada recientemente  desde las dos o tres semanas a apenas una y es probable que aumente la laxitud tras el congreso del Partido Comunista de octubre.

El diario hongkonés South China Morning Post reveló esta semana que Pekín ha invitado a los presidentes de Alemania, Francia, Italia y España a una cumbre en la capital en noviembre que, si se concreta, concluirá casi tres años sin diplomacia china presencial. Y China ya ha confirmado que organizará en 2023 un importante evento deportivo de ámbito asiático que había cancelado este año. Esa presunta relajación llega sin que la mortalidad del covid se acerque a la de la gripe común ni la pandemia remita en el resto del mundo, las dos condiciones que había subrayado China como imprescindibles para abrir el país.