Crisis sanitaria

Un diputado hongkonés da positivo tras reunirse con Xi Jinping

Macao cierra escuelas y deja abiertos los casinos para luchar contra su peor brote

El presidente chino, Xi Jinping, durante su visita a Hong Kong el pasado 1 de julio.

El presidente chino, Xi Jinping, durante su visita a Hong Kong el pasado 1 de julio. / SELIM CHTAYTI (AFP)

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Adrián Foncillas
Adrián Foncillas

Periodista

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¿Impondrán las autoridades sanitarias chinas al presidente la innegociable cuarentena domiciliaria tras haber coincidido con un positivo? Es más probable que algún responsable del viaje de Xi Jingping a Hong Kong busque empleo en breve. Lo impensable ocurrió en su reciente visita a la excolonia para conmemorar el 25 aniversario de su retorno a la madre patria. Steve Ho, diputado del partido progubernamental Alianza Democrática para la Mejora y el Progreso de Hong Kong, dio positivo tras haber compartido una foto de grupo posando una fila por detrás del presidente. El resultado inconcluso del test del viernes recomendó su encierro domiciliario y el posterior confirmó el contagio.

El asunto deja en un lugar muy delicado al gobierno insular. El primer viaje de Xi fuera de la China continental en los casi tres años de pandemia había sido precedido de meses de preparativos. Nada podía fallar y, menos aún, una brecha en el escudo contra la pandemia. Del riesgo no se dudaba: más de 1.800 casos registró Hong Kong el domingo sobre 7,5 millones de habitantes mientras en el continente, con 1.400 millones, se contaron menos de 400. El viaje rozó la cancelación la semana previa tras los positivos de dos funcionarios pero siguió adelante por la relevancia del aniversario.

El plan contempló el encierro de cientos de funcionarios y legisladores en una burbuja o circuito cerrado, tests diarios, el traslado de la oficina a casa en vehículos privados y una noche de cuarentena en hotel en la víspera de los fastos. Xi ni siquiera pernoctó en Hong Kong sino en la vecina Shenzhen. Tampoco estrechó la mano de John Lee, nuevo Jefe Ejecutivo, y en todas las reuniones fueron preceptivas las mascarillas. Se ignora por qué rendija se coló el virus.

Ómicron

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Hong Kong había lidiado con la pandemia con parecida eficacia a la de la China continental hasta que quedó devastada este año por la variante omicrón. Colapsó su red sanitaria, de las más avanzadas del mundo, y de la excolonia salieron imágenes que el mundo creía superadas: pacientes tratados a las puertas del hospital, bolsas negras de cadáveres amontonadas...

China sufre un ligero repunte de casos. Las escasas decenas de las últimas semanas han crecido hasta los 380, registrados en su mayoría en la costa oriental. La pandemia ha entrado finalmente en Macao, capital mundial del juego, y a escasos 45 minutos en ferry de Hong Kong. Este domingo abandonó el breve listado de ciudades sin víctimas de coronavirus tras informar de dos muertes. Se trata de dos ancianos de 100 y 94 años con enfermedades graves previas. La ciudad, de medio millón de habitantes, había registrado 151 casos hasta junio y desde entonces acumula 784. Su protocolo aúna la receta nacional con las especificidades propias. Ha ordenado tests masivos y echado el cierre a todo: colegios, bares, cines, gimnasios, edificios gubernamentales... Lo ha cerrado casi todo, de hecho, porque siguen abiertos los casinos. Macao no se entiende sin ellos. De ahí sale el 80% de sus ingresos, que quintuplican a los de Las Vegas. Se entiende, pues, que los niños no puedan ir al colegio y a sus padres se les permita perder la camisa en la ruleta.