Nuevo gobierno

La dinastía Marcos regresa a la presidencia de Filipinas

  • El hijo del dictador, Bongbong, es investido presidente del nuevo Gobierno de Filipinas tras arrasar en las elecciones de mayo

  • Durante su discurso, elogia la gestión de su padre y obvia la deuda elefantiásica que dejó y los miles de millones de dólares que esquilmó de las arcas públicas

Ferdinand Marcos Jr pronuncia un discurso tras jurar como 17º presidente de Filipinas, durante la ceremonia de investidura en el Museo Nacional de Manila, Filipinas, el 30 de junio de 2022.

Ferdinand Marcos Jr pronuncia un discurso tras jurar como 17º presidente de Filipinas, durante la ceremonia de investidura en el Museo Nacional de Manila, Filipinas, el 30 de junio de 2022. / REUTERS/Eloisa López

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Adrián Foncillas
Adrián Foncillas

Periodista

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No son noticiosos los agradecimientos a los padres en discursos victoriosos. Lo son los que Ferdinand Marcos Júnior, más conocido como Bongbong, ha proferido este jueves tras ser investido presidente de Filipinas, sobre su homónimo padre, expulsado por el pueblo 36 años por su contumaz latrocinio y violación de derechos humanos.

"Una vez conocí a un hombre que vio lo poco que había conseguido tras la independencia esta tierra de gentes con un potencial extraordinario… Eran pobres pero lo arregló. Y así lo hará su hijo. No escucharéis excusas de mí", prometió Bongbong durante su alocución de media hora, frecuentemente interrumpida por los aplausos, en el Museo Nacional de Bellas Artes. Ahí estaba su madre, Imelda, radiante tras cumplir a sus 92 años su misión vital de devolver el Palacio de Malacañán al clan familiar. La escena contrastaba con aquella huida precipitada en helicóptero hacia un largo exilio.

Ferdinand Marcos Jr jura como presidente de Filipinas en presencia de su madre, Imelda Marcos.

/ REUTERS/Eloisa Lopez

"Mi padre construyó más y mejores carreteras y produjo más arroz que todos los gobiernos anteriores", añadió. Sus seguidores recuerdan aquel esplendor económico de los primeros años de Marcos, con sus inversiones en infraestructuras, plantas nucleares y centros de cultura, y desatienden la deuda elefantiásica o el súbito empobrecimiento de 1984 con el mayor retroceso del PIB tras la Segunda Guerra Mundial.

Amnesia colectiva

En esa amnesia colectiva descansa la aplastante victoria de Bongbong en las recientes elecciones. Recibió casi el 60% de los votos, el mayor porcentaje en décadas, doblando los de Leni Robredo, exvicepresidenta y abogada de derechos humanos. Bongbong asestó un golpe demoledor a los que siguen persiguiendo décadas después las tropelías de su padre. Nombrará al presidente de la Comisión de Derechos Humanos y a los miembros de la Comisión Presidencial de Buen Gobierno que investiga la fortuna familiar. El país apenas ha recuperado 2.240 millones de dólares de los 5.000 o 10.000 millones que el matrimonio esquilmó a las arcas públicas. También nombrará al Defensor del Pueblo, quien atiende las denuncias de corrupción gubernamental, y al jefe de la oficina de impuestos. No es un asunto menor porque sobre la dinastía pesa la acusación de fraudes fiscales por valor de casi 4.000 millones de dólares.

Bongbong hereda un país en quiebra. No es raro que Filipinas ocupe la cola de las economías asiáticas pero el cuadro ha sido agravado por la pandemia y el alza de los precios del combustible causada por la guerra de Ucrania. Inquietan la inflación, los salarios congelados y una deuda de 320.000 millones de dólares que se acerca al 70% de su PIB. Se ignora la receta de Marcos para arreglar el desaguisado, más allá de vaguedades como la unidad y el esfuerzo, porque rehuyó la exposición durante la campaña electoral para evitar que algún resbalón arruinara su ventaja. "Los próximos meses serán duros pero caminaré en la carretera junto a vosotros. La pandemia ha devastado mayores economías que la nuestra aunque no sólo podemos culpar al virus. Lo que construimos se ha derrumbado pero lo levantaremos de nuevo", ha prometido este jueves. Bongbong se autonombró esta semana ministro de Agricultura y anunció una política de subsidios al arroz que muchos expertos califican de poco realista. No se esperan bandazos en la política interna respecto a su antecesor, Rodrigo Duterte, pero sí un ajuste en sus relaciones internacionales.

En brazos de China

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Duterte jubiló los estrechos lazos que unieron a Estados Unidos y Filipinas durante un siglo. Nunca viajó a ese país, llamó hijo de puta un par de veces a Barack Obama, amenazó con rescindir sus alianzas militares y se echó en brazos de China. Bongbong también tendrá que navegar entre las dos potencias y ha prometido que no será un peón geoestratégico. Los Marcos siempre han estado próximos a China. Su padre estableció relaciones con Mao, su familia ha estimulado en las últimas décadas los vínculos comerciales en su feudo de Ilocos del Norte y el músculo inversor de Pekín es indispensable para su plan de infraestructuras. Pero su propósito de independencia geoestratégica pasa por recuperar su sintonía con Washington. Marcos recibió la inmediata felicitación de Joe Biden tras ganar las elecciones y el Departamento de Estado le invitó a visitar el país con "inmunidad" sobre las causas judiciales que pesan sobre él.

La jornada ha finiquitado el mandato del más iconoclasta presidente en un país que los ha coleccionado. Alcanzó Manila tras haber limpiado de crímenes Davao, una ciudad del sur, tradicionalmente convulsa. No se discutía su eficacia sino sus métodos. Las organizaciones de derechos humanos denunciaron que escuadrones de la muerte acribillaban a todo lo que lejanamente parece un delincuente y Duterte replicó la fórmula a escala nacional en su campaña contra la droga. Ha disfrutado durante sus seis años del masivo apoyo popular a pesar de sus tropelías, las denuncias de gobiernos extranjeros y sus declaraciones altisonantes. Bongbong no facilitará las investigaciones de la Corte Criminal Internacional. Sus miembros, ha aclarado, podrán acudir a Filipinas "como turistas".