China relaja las restricciones de entrada y acorta las cuarentenas

Personas montan en bicicleta en el distrito de Chaoyang, en Pekín.

Personas montan en bicicleta en el distrito de Chaoyang, en Pekín. / MARK R. CRISTINO (EFE)

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Adrián Foncillas
Adrián Foncillas

Periodista

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China ha abreviado la cuarentena a los llegados y ampliado la expedición de visados. Las medidas anunciadas este martes aliviarán la odisea, tan larga como costosa, que ha supuesto entrar en el país desde que dos años y medio atrás irrumpiera la pandemia de coronavirus.

Los viajeros soportarán a partir de ahora apenas una semana de aislamiento en un hotel y otros tres días de observación en casa, afirma la Comisión de Salud Nacional. Son aún las normas más restrictivas en un mundo que convive con el virus pero son un enorme alivio. La ausencia de un protocolo nacional permitía hasta ahora que los gobiernos provinciales fijaran su estrategia y exigieran hasta tres o cuatro semanas de cuarentena. Las novedades también incluyen aislamientos más cortos para los contactos directos de los positivos y la rebaja del umbral de ciclos en las pruebas PCR de los 40 a los 35 que ya aplica la mayoría de países. Un umbral más bajo hace más probable el resultado negativo.

China también permite ahora que los extranjeros visiten a familiares directos en el país y ha eximido del farragoso trámite que exigía una carta de invitación de las autoridades locales a los que ya contaban con un permiso de residencia.

Muro contra el covid

China levantó un muro para aislarse de un mundo devastado por el covid y dejó de expedir visados de turismo y trabajo. Sólo los extranjeros que contaban con la residencia antes de la pandemia y otros casos excepcionales han podido regresar tras gastar fortunas en billetes de avión, pasar por innumerables pruebas médicas y soportar larguísimas cuarentenas. El primer problema, con vuelos escasos y frecuentemente cancelados en el último minuto, sigue vigente. Un billete de ida y vuelta entre España y China no costaba más de 600 euros antes de la pandemia y semanas atrás se pagaban 4.000 euros por un solo trayecto. China anunció a principios de mes que permitirá más rutas internacionales y ya negocia con aerolíneas extranjeras la reanudación de sus servicios.

La nueva laxitud en la entrada coincide con el sometimiento del virus en Shanghái y Pekín. El lunes, por primera vez en cuatro meses, las principales ciudades del país carecieron de casos. Shanghái ya permite servir comida a los restaurantes en su interior y los colegios han reabierto en Pekín tras sofocar los brotes que, en diferente grado, habían perturbado la vida cotidiana. Shanghái encerró a sus 25 millones de ciudadanos en casa durante más de dos meses mientras los pequineses sólo han lamentado la clausura temporal de bares, restaurantes y otros espacios públicos. Ambas, a su manera, han confirmado que también a la variante ómicron se puede vencer, en contra de lo que numerosas voces desde Occidente han asegurado. Queda pendiente el debate del coste. Parece razonable si el brote se ataca con prontitud y contundencia, como hizo Pekín, y desmesurado si se holgazanea, como ocurrió en Shanghái. Las autoridades de la última han defendido aquella tortura evitable como "completamente correcta" tras declarar la victoria "en la guerra popular" contra el virus.

Política de tolerancia cero

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El jefe del partido de Pekín, Cai Qi, incendió este lunes las redes sociales tras sugerir en un diario local que la política de tolerancia cero se alargaría otros cinco años. Sus palabras fueron borradas minutos después y persisten hoy las dudas de si se trató de un "error de edición", como explicó el medio, o pretendía medir la paciencia del país. Si era lo segundo, quedó claro que no sobra.

El país registró ayer apenas una veintena de casos. Cinco de ellos pertenecen al distrito de Shenzhen, la macrociudad tecnológica del sur, más cercano a Hong Kong. El brote puso en duda el viaje del presidente, Xi Jinping, a la excolonia para celebrar este viernes el 25 aniversario de su regreso a la madre patria.