ESCÁNDALO DEL 'PARTYGATE'

Los votantes condenan los escándalos de Johnson en las urnas con una doble derrota de los conservadores

El presidente del Partido Conservador, Oliver Dowden, presenta su renuncia y advierte que "alguien debe asumir la responsabilidad" de lo ocurrido

Boris Johnson, en la reunión de la Commonwealth en Kigali.

Boris Johnson, en la reunión de la Commonwealth en Kigali. / Ian Vogler/ REUTERS

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Begoña Arce
Begoña Arce

Periodista

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Los votantes británicos han castigado contundentemente en las urnas los escándalos de Boris Johnson. La presión aumenta de nuevo para que el primer ministro dimita después de que el Partido Conservador perdiera el jueves dos escaños en la Cámara de los Comunes en dos elecciones parciales en puntos muy diferentes de Inglaterra.

Los comicios eran el primer test electoral tras el ‘partygate’ y el resultado muestra el enorme repudio y la animosidad de los ciudadanos contra Johnson. El líder del Partido Conservador, Oliver Dowden, presentó su renuncia tras conocerse los resultados.  “Nuestros simpatizantes están consternados y decepcionados por los últimos acontecimientos y comparto esos sentimientos. No podemos seguir como si no pasara nada. Alguien debe asumir su responsabilidad”, afirma en su carta de dimisión al primer ministro.

 Johnson, de viaje oficial en Ruanda, ya anticipó el jueves que no dimitiría, aunque se produjera una doble derrota. Tras conocer el resultado afirma que no trata de “minimizar la importancia de lo que los votantes han dicho”, pero achaca lo ocurrido a las dificultades por la subida al coste de la vida. La cuestión ahora es si habrá más dimisiones en su propio gobierno forzándole a marcharse o si el Partido encontrará la forma de deshacerse de él. 

 Derrota conservadora en su propio territorio

Uno de los escaños en juego era el de Tiverton and Honiton un distrito electoral en Devon en el suroeste de Inglaterra, que ha votado conservador en cada elección desde hace casi un siglo. En el 2019 el partido obtuvo una mayoría de casi 25.000 votos, que quedó barrida ahora con la victoria del candidato de los liberales demócratas, Richard Foord, por una mayoría de más de 6.000 votos. La victoria, por una diferencia sin precedentes, sugiere que los conservadores pueden perder la próxima elección en el que siempre ha sido su territorio. “Esta noche la gente de Tiverton y Honiton ha hablado por Gran Bretaña. Ha mandado un sonoro y claro mensaje: Es hora de que Boris Johnson se vaya, y se vaya ya”, declaró Foord.  

 El otro escaño se disputaba en Wakefield, en West Yorkshire, una zona industrial del norte de Inglaterra, en el antiguo “cinturón rojo”, que, en el 2019, debido a Johnson votó conservador por primera vez 90 años. El escaño ha vuelto a manos de los laboristas, con la elección de Simon Lightwood. “Wakefield ha mostrado que el país ha perdido la confianza en los Tories. Este resultado es un veredicto claro de que el Partido Conservador se ha quedado sin energía y sin ideas”, señaló en un comunicado el líder laborista, Keir Starmer.

Librarse de Johnson 

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La doble pérdida es un desastre para Johnson y su futuro político. El tirón electoral y su popularidad indistintamente entre las clases bajas y medias se ha convertido en un rechazo sin paliativos. El Partido Conservador podría buscar la fórmula de librarse de él, a pesar del fracaso a principios de este mes de una moción de censura interna para desbancarle. El 41% de los diputados Tory votó en su contra.  Una de las posibilidades es que el Comité 1922 cambie las normas para poder presentar una nueva moción de censura contra Johnson, algo que solo podría ocurrir en el plazo de un año, según las reglas actuales.

 Hace dos años y medio, el tirón electoral de Johnson llevó a los conservadores a una extraordinaria victoria, consiguiendo una mayoría de 80 escaños en la Cámara de los Comunes. Johnson triunfó en las regiones tradicionales conservadoras del sur de Inglaterra, pero también en las áreas postindustriales del centro y el norte. Desde entonces el comportamiento de Johnson ha sido una sucesión de escándalos personales que ha culminado con el ‘partygate’. El político populista, con un carisma bufonesco que le distinguía del resto de los políticos ortodoxos y le hacía tan atractivo para muchos, ha mentido reiteradamente y se ha convertido en una figura impopular y detestada. De acuerdo con el sondeo de YouGov a principios de este mes el 60% de los británicos piensa que debe dimitir. 

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