Putin solo tiene un triunfo: los escombros de Mariúpol

Vista de la acería Azovstal en Mariúpol, este de Ucrania, durante el asedio de las fuerzas rusas.

Vista de la acería Azovstal en Mariúpol, este de Ucrania, durante el asedio de las fuerzas rusas. / T.ME / NEWS

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Ramón Lobo
Ramón Lobo

Periodista

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Llega el Día de la Victoria soviética (rusa en su versión actual) sobre el nazismo, que se celebra cada 9 de mayo desde 1945. Se llamó Gran Guerra Patriótica. Fue una lucha larga y costosa contra los Ejércitos invasores de Hitler hasta derrotarlos en Berlín con ayuda de EEUU, que suministró carros de combate, camiones, aviones y municiones, información silenciada después por Stalin. Entonces tenían un enemigo común: la Alemania nazi. Sin la participación y coordinación de las dos futuras potencias mundiales hubiese sido difícil derrotar al III Reich.

Acabada la contienda, ambos iniciaron una partida militar e ideológica por dominar en mundo que se llamó Guerra Fría. A Putin le hubiera gustado presentarse el lunes con una gran victoria sobre una Ucrania supuestamente dominada por nazis y que representan una amenaza para Rusia. La propaganda busca conectar con la memoria colectiva en defensa de una operación especial que está resultando un desastre. 

Mariúpol es lo único que puede vender como éxito. No se descarta que Putin aproveche la efemérides para admitir la existencia de una guerra, decretar la movilización general y pedir ayuda a las exrepúblicas soviéticas. Tras el fracaso de la toma relámpago de Kiev a finales de febrero, el Kremlin ha reajustado la desnazificación de Ucrania a la realidad de sus posibilidades. Anunció que se concentraba en el Donbás, región de la que controlaba un tercio desde 2014, cuando invadió también Crimea en respuesta al cambio de Gobierno en Kiev, de uno proruso a otro proeuropeo. 

Dejar a Ucrania sin salida al mar

No es solo el Donbás, una pieza menor para tanto soldado muerto. Desea conquistar todo el Este y hacerse con el Sur, incluida Odesa, para dejar a lo que quede de una Ucrania sin salida al mar. El objetivo máximo sería unir la costa ucraniana con Transnistria, la región separatista moldava manejada por Moscú. Esto pondría en riesgo a este país, que no pertenece a la OTAN.

La situación militar sigue estancada. Por eso se especula con la movilización general. El Ejército ucraniano, fuertemente armado por Occidente, ha logrado ciertos avances en las afueras de Járkov, la segunda ciudad del país, y aguanta las líneas en el Donbás. Ucrania trata de evitar que un eventual avance ruso desde el sur los deje atrapados. En esa zona se concentra el 25% de su fuerza. Su aniquilación abriría una oportunidad para atacar de nuevo a Kiev. 

Todo indica que la guerra será larga y de desgaste. En caso de una victoria rusa, de momento poco probable, pasaríamos al escenario de la resistencia armada. Habrá picos de intensidad y la calma relativa que obligarán a un sobreesfuerzo de Europa. Putin nos conoce bien, confía en nuestra tendencia a cansarnos, como sucedió en Siria y sucede en Libia. 

El hundimiento del crucero Moscú, el buque insignia de la flota del Mar Negro, ha enfurecido al líder ruso. Quiere venganza, no una negociación. En todo conflicto existe una ventana de oportunidad que permite vender como victoria una derrota. Putin va a cometer el mismo error que EEUU en Afganistán. Ha nombrado un jefe militar supremo para Ucrania para disponer de una cadena de mando unificada y eficaz.

 El horizonte electoral de EEUU

Al general Alexander Dvórnikov se le conoce como "el carnicero de Siria". Durante siete años empleó la aviación para castigar a los enemigos de su aliado, Basar el Asad. Bombardeó civiles y hospitales gracias a que la ONU le había suministrado inocentemente las coordenadas para protegerlos. Demostró capacidad de adaptación. Utilizó como infantería a Hezbolá, implicó a Irán, mientras que Donald Trump, que también bombardeó, se alío con los kurdos sirios. 

El ISIS fue derrotado, pese a que sus restos sobreviven en la provincia de Idlib, con riesgo de que se repita el caso de la resurrección de los talibanes. El problema de Dvórnikov es que en Ucrania no puede realquilar aliados que peleen en tierra más allá de los chechenos. 

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Unos de los objetivos de Putin es llegar con opciones de victoria, si es que no la logra antes, a las elecciones de EEUU de noviembre de 2024. Espera que su amigo Trump regrese a la Casa Blanca y acepte la partición de Ucrania para poner fin a la guerra. Para los republicanos, que se han echado al monte, la invasión de Ucrania solo tiene un culpable: Joe Biden. 

El borrador de la sentencia del Supremo contra el aborto es una señal más de que EEUU se encamina hacia un Estado autoritario. El mundo estará gobernado por tres potencias que no creen en la democracia. En la UE lidiamos, además, con los cuatro caballos de Troya de Putin: el gas, Hungría, las extremas derechas y una izquierda purísima incapaz de ver la realidad más allá de la pancarta de los años 80, la de OTAN, no; bases fuera. Mientras, Finlandia y Suecia, dos países libres e intachables, exigen su ingreso exprés en la OTAN. No es ideología, es supervivencia.