Crisis en el país sudamericano

El eco del estallido social de hace un año da opciones de victoria a la izquierda en Colombia

  • La protesta social, cuyos motivos siguen vigentes, ha dejado huella política

  • La violencia es un signo de permanencia en el país donde Álvaro Uribe ha comenzado a sentir los signos de su inexorable declive

Imagen de las recientes protestas en Bogotá.

Imagen de las recientes protestas en Bogotá. / CARLOS ORTEGA / EFE

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Abel Gilbert
Abel Gilbert

Corresponsal en Buenos Aires

Especialista en se ha especializado en temas políticos relacionados con la región pero también ha abordado cuestiones culturales y deportivas

Escribe desde se encuentra en la ciudad de Buenos Aires

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A un año del estallido social, y a 26 días de la primera vuelta de las elecciones presidenciales, Colombia tiene sus heridas a flor de piel. Permanecen latentes parte de las razones que activaron las protestas que provocaron 83 muertes, la mitad de ellas perpetradas por representantes de la fuerza pública, decenas de desaparecidos, 96 casos de gravísimos daños oculares, 35 casos de violencia sexual, 1.661 heridos por agentes de seguridad y 2.053 denuncias de detenciones arbitrarias. A la vez, los días de agitación han generado expectativas de un cambio de rumbo político.

El pasado lunes, el diario bogotano El Tiempo destacó que 1,4 millones de personas salieron de la pobreza, que pasó de azotar al 42,5% al 39,3% de la población. "Si bien falta mucho trecho por recorrer para regresar a la senda de antes del covid, la combinación de la reactivación económica, la recuperación de millones de puestos de trabajo y el despliegue de transferencias monetarias ha mejorado las condiciones sociales de millones de compatriotas", añadió.  Otros analistas recuerdan que las causas estructurales del malestar colectivo que suscitaron el año pasado 7.415 manifestaciones en 800 municipios y 3.415 bloqueos de carreteras, no se han alterado porque tienen que ver con múltiples expresiones de desigualdad y exclusión, además de los altos niveles de violencia en un país donde, según la ONU, son asesinados cada año, desde 2012, unos 100 líderes sociales. Desde la firma del acuerdo de paz entre las FARC y el Estado, a fines de 2016, perdieron la vida 312 exguerrilleros que habían abandonado las armas. De acuerdo con el Instituto de Estudios para el Desarrollo de la Paz (Indepaz), entre 2020 y el primer trimestre de 2022, tuvieron lugar 222 masacres, en su gran mayoría en zonas rurales.

Coalición de izquierdas, favorita

En este contexto, Gustavo Petro, el candidato de la coalición de izquierdas, el Pacto Histórico, favorito en las encuestas y activo simpatizante de las protestas del año pasado, decidió suspender su visita a la zona cafetera del país, debido a la amenaza de un supuesto atentado. El plan, denunció, iba a ser ejecutado por la banda paramilitar de ultraderecha "La Cordillera". La policía negó tener información al respecto, pero no atenuó el temor del exalcalde capitalino, a quien los sondeos asignan hasta un 42% de intención de voto. Federico Gutiérrez, el abanderado de la derecha, y el más firme aspirante a pasar a la segunda vuelta con Petro, recibe una adhesión del 25% de los colombianos.

El miedo a Petro

Para Lorenzo Madrigal, columnista de El Espectador, las encuestas son una suerte de "elección anticipada" cuyo resultado eriza al espectro conservador: "ni en primera ni en segunda vuelta Colombia parece salvarse de caer en brazos del oso ruso, que asedia la región".

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Petro ha condenado la invasión rusa a Ucrania y, dada su condición de exguerrillero del M-19, ha sido muy crítico con las FARC y la lucha armada. Esas posiciones no lo han evitado tergiversaciones y fake news. "Escribo en mi navegador la combinación 'Petro' y 'comunista' y obtengo un millón 400 mil resultados. Por supuesto, no vale la pena leer ni una decena de estas páginas, porque todas repiten lo mismo: el candidato es una amenaza", señaló Olga González, columnista del portal La silla vacía. A su criterio, la descalificación del rival, relegado a una inmediata condición de "rojo" o relacionado "con las formas más peligrosas del criminal político" es, sostiene González, parte del discurso común del uribismo.

La permanencia de la retórica de la Guerra Fría parece ser a estas alturas uno de los legados más perdurables de Álvaro Uribe. El hombre que gobernó Colombia entre 2002 y 2008, y que se constituyó después en un potente factor de poder, al punto de ser el garante de la victoria electoral de Duque, en 2018, no atraviesa sus mejores horas políticas. No faltan los que hablan de un inexorable declive que empezó a dejar sus huellas en medio del estallido social y que tiene también su impacto de cara a las elecciones del 29 de mayo. No es un dato menor el hecho de que, a pesar de contar con el apoyo de la Fiscalía General, el exmandatario no pudiera evitar que la jueza Carmen Helena Ortiz Rassa ordenara la continuidad del juicio por presunta manipulación de testigos para perjudicar al senador Iván Cepeda, quien acusaba al líder del Centro Democrático de vínculos con el paramilitarismo. "Yo no soborno testigos, los confronto. No busco engañar a la justicia”, dijo. Apenas 40 excolaboradores salieron en su defensa. "La actuación de esta rama del poder debe ser diáfana y verdadera, sin dejar espacio a sospechas de manipulación, politización persecución o alteración que busquen destruir la vida de personas honorables", puntualizó Uribe.

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