EL ANÁLISIS

Ahora resulta que Disney es comunista

El Partido Republicano, cada vez más 'qanonizado', declara la guerra a la factoría

Ahora resulta que Disney es comunista

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Ramón Lobo
Ramón Lobo

Periodista

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La guerra del sector más ultra del Partido Republicano contra Disney, que ahora resulta que es poco que menos que comunista, es un síntoma de la deriva de esta formación conservadora. Tal vez, escribir “sector” sea inexacto porque son la mayoría los que se han echado al monte, los que se han Qanonizado, en palabras del premio nobel de Economía, Paul Krugman.

QAnon es un grupo ultraderechista y ultra religioso contrario a las vacunas y a las mascarillas. Está implicado en el intento del golpe de Estado del 6 de enero de 2021, cuando una turba de extremistas proTrump asaltó el Congreso de EEUU para impedir la proclamación del ganador de las elecciones, el demócrata Joe Biden.

Los republicanos, que gobiernan en 28 estados y tienen la mitad de los escaños del Senado, se niegan a considerar aquel asalto un ataque a la democracia; para ellos fue parte de un diálogo legítimo. Además, denuncian la persecución de los patriotas que participaron. Esta deriva no arranca en la presidencia de Trump, aunque se normaliza, como sucede con Marine Le Pen en Francia. Es una enfermedad que empezó con Joe McCarthy, el inquisidor.

Más a la derecha que Trump 

Ron de Santis es el actual gobernador republicano de Florida. Está más a la derecha de Trump. Dice barbaridades similares, pero además actúa. Bajo su mandato se han podado los libros de historia para evitar que el hombre blanco quede asociado a la esclavitud y se han prohibido 44 textos de matemáticas. Hace un mes firmó una ley que prohíbe hablar de orientación sexual e identidad de género en los colegios públicos. Los demócratas lo llaman No digas gay. De Santis aspira a ser el candidato republicano en las presidenciales de 2024.

¿Qué pinta Disney en la guerra? La compañía goza desde 1967 de un estatus especial, similar al de un condado. Tiene responsabilidad en los servicios de limpieza, policía, distribución de electricidad, inspección de edificios y emergencias médicas. Se financia a través de impuestos y tarifas a los propietarios, además de la emisión de bonos. Es un caso único en EEUU: una empresa con poderes ejecutivos sobre los ciudadanos de su territorio.

Florida le otorgó este estatus sobre un espacio de 109 kilómetros cuadrados, que en aquellos años estaba formado por tierras baldías y pantanosas. Aspiraba a abrir un segundo emporio capaz de competir con el de California y atraer a millones de turistas, como así ha sido. Hoy es el mayor empleador privado del Estado de Florida.

Tras la presión de sus trabajadores, Disney pasó del silencio a manifestar su oposición a la ley No digas gay y suspendió sus millonarias donaciones al partido republicano (y al demócrata para disimular). Esto ha desatado una guerra. Santis se dispone a retirarle el estatus especial en junio de 2023. Al gobernador le sirve para proyectar una imagen nacional. Perderán los ciudadanos porque Florida deberá asumir el pago de una deuda de mil millones de dólares. Si tomas el control político, también te comes sus deudas.

El beso restaurado

En respuesta al pulso, la compañía ha restaurado un beso entre dos personajes del mismo sexo en la película de Pixar Lightyear. Fue la autocensura inicial lo que movilizó a sus trabajadores, que se quejaron de la neutralidad de Disney en asuntos de derechos civiles. El éxito de Disney depende de la imagen de multiculturidad que transmite.

La Qanonización republicana les ha llevado a acusar a Disney de ser parte de una conspiración para adoctrinar y sexualizar a los niños. No han faltado acusaciones de pornografía infantil. Este partido extremado puede ganar las elecciones legislativas de noviembre y controlar el Congreso. La mayoría de los republicanos están en la línea del radical Eric Zemmour, un racista francés que pide expulsar a musulmanes y negros de su país.

El 66% de los republicanos creen la teoría del reemplazo de la mayoría blanca de EEUU por inmigrantes traídos por los demócratas para hacerse con el poder. De Ahí, que algunos estados republicanos hayan aprobado leyes para dificultar el voto de las minorías.

Esta desmesura que afectó a vacunas y mascarillas nace del miedo a un mundo sacudido por una revolución tecnológica, el cambio climático y de un rechazo a los cambios demográficos y de costumbres. De este pánico se nutren las extremas derechas. Es el mismo que mueve la guerra de Putin en Ucrania. La esperanza se basa en un hecho hasta ahora infalible: tras la tormenta siempre llega la calma. El problema es que la verdadera tormenta se llama huracán y aún no ha empezado. Estos vientos son solo el aperitivo.

 

 

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