Elecciones en Francia

El largo viaje de Le Pen al poder inalcanzable

El partido ultraderechista gana fuerza pero el poder se le resiste por la fortaleza del frente republicano

RN solo controla unan veintena de ciudades, ninguna región y no tiene grupo parlamentario propio

El largo viaje de Le Pen al poder inalcanzable

Yves Hermann/Reuters

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Marta López
Marta López

Periodista

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Con 13,2 millones de votos, el 41,4% de los electores, la ultraderechista Marine Le Pen ha conseguido para Reagrupación Nacional (RN, antes Frente Nacional), el partido que lidera desde 2011 y que fundó su padre en 1972, el mejor resultado de su historia. En estas elecciones presidenciales, RN ha ampliado tanto sus bases electorales como su implantación en el territorio, confirmando que es una fuerza en clara progresión en la política francesa. Pero esa fuerza electoral que crece año tras año no ha conseguido romper todavía su aislamiento político. Su techo electoral tiene un nombre y se llama frente republicano, como en Francia se conoce el cordón sanitario contra la ultraderecha.

Cuando en 2011, Le Pen se puso al frente del todavía entonces Frente Nacional hizo una solemne promesa: "Este es el momento que marcará el irresistible ascenso de nuestro movimiento hacia el poder". Empezó en ese mismo momento su campaña de "desdiabolización", de blanquear el mensaje ultra para hacerlo más digerible. Pero el poder le es esquivo: lo acaricia pero no lo alcanza. El sistema electoral francés mayoritario a dos vueltas le deja siempre a las puertas del mismo al activarse ese frente republicano, que consiste en concentrar en un candidato los votos para impedir que la ultraderecha llegue al poder.

El norte y la cuenca mediterránea

La fuerza electoral de Le Pen reside básicamente en cuatro regiones del norte y de la cuenca mediterránea del país del hexágono: Altos de Francia, Gran Este, Provenza-Alpes-Costa Azul (PACA) y Occitania. Zonas industriales, agrícolas y mineras con problemáticas comunes: cierre de fábricas, alto nivel de paro, desinversiones, carencia de infraestructuras.

Pero pese a esa fuerte implantación, tiene poco poder. En 2014 , a los tres años de iniciar el nuevo viaje, consiguió unos 1.500 y concejales  y una quincena de pequeñas y medianas alcaldías en esas zonas. Entre ellas la de Béziers, localidad de 75.000 habitantes al sur de Montpellier, que ganó como independiente Robert Ménard, confundador de Reporteros Sin Fronteras, pero con apoyo del FN. En 2020 sumó a esos ayuntamientos Perpinyà, de la mano de Louis Aliot, expareja de Le Pen.

La capital de la Catalunya francesa es su mayor joya porque con 62 consejeros de departamento y 358 consejeros regionales, la ultraderecha tampoco ostenta el poder en ninguna de las 13 regiones. Los comicios de junio del año pasado fueron una debacle para el partido, que aspiraba a hacerse con el control de PACA, cuya capital es Marsella. Thierre Mariani, el candidato de Le Pen, perdió pese haber sido más votado en la primera vuelta, ya que el aspirante de la izquierda se retiró de la triangular en apoyo del conservador Renaud Muselier, evitando así que RN conquistara su primera región.

Sin grupo parlamentario

En la Asamblea Nacional francesa, con 577 diputados, la ultraderecha es también una fuerza insignificante con solo siete representantes, la mitad de los necesarios para poder tener grupo parlamentario propio, los conseguidos tras las elecciones presidenciales de 2017. Con un sistema electoral diferente, dos años más tarde, el partido, ya rebautizado desde 2018 como RN, fue la fuerza más votada en las elecciones europeas, con el 34% de los votos.

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Y si bien Le Pen ha fracasado hasta ahora en su objetivo de llevar a la ultraderecha al poder más allá de en esa veintena de ciudades que controla, su éxito reside en haber ampliado sus bases electorales y haber maquillado su imagen. Pero el ideario de fondo del partido sigue siendo el mismo: antiinmigración, nacionalista y antieuropeísta.

En las páginas de 'Libération', el politólogo especializado en movimientos nacionalistas en Europa Jean-Yves Camus define el liderazgo de Marine Le Pen como un "frentismo pragmático" pero advierte de que el poder le seguirá siendo inalcanzable "en tanto que no haya un sistema proporcional y abandone algunos de sus fundamentos, como el de la preferencia nacional". Un viraje por ahora implanteable. El viaje sigue, pues.