Elecciones clave en Francia

Macron afronta el duelo con la ultra Le Pen más debilitado y con una abstención récord

Los sondeos dan ganador al presidente pero con una ventaja inferior a la de hace cinco años

La participación cae casi dos puntos y se sitúa en su nivel más bajo en 20 años

Una mujer pasa ante un carte electoral de Macron y Le Pen, ella con velo musulmán.

Una mujer pasa ante un carte electoral de Macron y Le Pen, ella con velo musulmán. / Joel Saget / AFP

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Marta López
Marta López

Periodista

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La historia se repite pero no es exactamente igual. Este domingo, al igual que hace cinco años, el liberal reformista Emmanuel Macron y la ultraderechista Marine Le Pen se disputarán la presidencia de Francia por otro quinquenio. Y también como entonces, todos los sondeos soplan a favor del actual presidente pero con menor ventaja y bajo el fantasma de que una gran abstención, el voto en blanco y un gran número de indecisos puedan dar un improbable pero no imposible vuelco a una elección que por el peso económico y político de Francia en Europa y en el mundo se sigue muy de cerca más allá del Hexágono.

Los datos de la abstención qus se conoocen alimentan la incertidumbre a escasas horas del cierre de los colegios electorales. A las 17 horas de este domingo, la participación ha sido el 63,23% del censo, casi dos puntos menos que en la primera vuelta de hace 15 días y la más baja en 20 años. En la segunda vuelta de 2017, cuando se repitió el duelo entre el presidente y la candidata ultra, la participación fue del 65,30% a esa misma hora. Macron ha votado en la localidad costera de Touquet; Le Pen lo ha hecho en su feudo electoral de Hénin Beaumont, una pequeña localidad junto a la frontera belga

Macron, de 44 años, aspira a un segundo mandato, mientras este es el tercer intento de Le Pen, de 53, de alcanzar el Elíseo y la segunda vez que estará en una segunda vuelta. En el 2017, el dirigente se impuso a su rival con el 66% de los votos frente al 34%. Este año, la media de los sondeos reduce esta ventaja a entre 10 y 13 puntos (el 56% frente al 43%), una tendencia que refleja que Ragrupación Nacional (RN, antes Frente Nacional) es una fuerza en continuo crecimiento en Francia con serias aspiraciones de gobernar.

El frente republicano por la República

El dirigente confía en la fortaleza del llamado frente republicano –así se conoce el cordón sanitario para frenar a la ultraderecha – para volver a situarse en el Elíseo, como hace cinco años, cuando en su discurso en la noche electoral reconoció el voto prestado “en defensa de la República”.  Pero ese frente es ahora mucho más poroso porque Le Pen ya no asusta tanto a los franceses y Macron genera más rechazo.

“Todo ha cambiado, en el 2017 la gente ni se imaginaba que pudiera ganar Le Pen y ahora se ve como posible. Eso pasará algún día”, constata Pierre en Batignolles, un barrio de modernos edificios y grandes zonas verdes en el distrito XVII, en el norte de París. Por ello, hasta el último momento el campo de Macron ha llamado a no relajarse y a no dar nada por seguro mientras el de Le Pen se ha esforzado a mostrar una sensación de confianza en la victoria. “Podemos ganar”, repiten.

El candidato de La República En Marche (LREM) ya no es una página por descubrir, nueva y rompedora. Ahora carga con el peso de una gestión que no ha sido fácil, marcada por la agitación social primero que provocaron sus reformas -las protestas de los ‘chalecos amarillos, -y la pandemia del covid, después. A lo que se suma, lo poco generosos que son los franceses con sus presidentes- solo el socialista François Mitterrand y Jacques Chirac han sido reelegidos desde los años 80- y una forma personalista y distante de gobernar que en algunos electores provoca un rechazo visceral.

Es esta antipatía la que ha intentado explotar Le Pen, apelando a un frente anti-Macron frente al frente republicano, presentándose como la “candidata del pueblo” frente al “candidato de las élites”.  Y con visiones absolutamente en las antípodas sobre la economía, sobre Francia y sobre el papel de Francia en el mundo, hay algo en lo que coinciden: esta es una elección de todo o nada. O la República o Le Pen, para Macron. O Francia o Macron, para Le Pen.

Una Francia más compleja y polarizada

Pero la Francia que emergió de las urnas en la primera vuelta es mucho más compleja, más radical y más polarizada. Pulverizó a los partidos tradicionales que se han ido alternando en la vida política de la V República –socialistas y conservadores- para hacer emerger a una tercera fuerza, la del izquierdista Jean-Luc Mélenchon, que con el 22% de los votos se quedó solo a 400.000 de pasar a segunda vuelta y cuyos votantes –siete millones- van a tener un papel clave este domingo.

Al electorado de Mélenchon se han dirigido en los últimos 14 días Le Pen y Macron. El dirigente ha pedido que ningún voto vaya para Le Pen pero se ha resistido a pedir el apoyo para el presidente. Ultraizquierda y ultraderecha se disputan el voto de las víctimas de la desindustrialización, de la Francia rural, de la periferia de las ciudades. Con Macron, los melencohonistas apenas comparten el rechazo a Le Pen.

Según un sondeo, 40% de los votantes de Mélenchon lo harán por Macron , el 40% abstendrá y el 20% lo hará por Le Pen. “Más vale un voto que apesta que un voto que mata”, decía esta semana una joven melenchonista que ahora votará al presidente.

Campaña en la calle

A captar votantes como ella se ha dedicado Macron en los 15 días de campaña entre las dos vueltas electorales, a pisar la calle en mangas de camisa, a mezclarse con la gente y a acentuar su perfil de izquierdas, matizando para ello su reforma más polémica: alargar la edad de jubilación de los 62 a los 65 años, medida que rechazan del 68% de los franceses.

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El presidente que entró tarde en la campaña de la primera vuelta, volcado en la gestión de la guerra de de Ucrania, se ha esforzado también en poner sobre la mesa los aspectos más polémicos del programa de Le Pen que esta había logrado dejar en segundo plano: la prohibición del velo islámico, el mayor control de la inmigración, su antieuropeísmo y su estrecha relación con la Rusia de Vladimir Putin.

Nada que no se supiera. Porque el lobo sigue siendo el lobo aunque se vista con piel de cordero. Y aunque no asuste tanto.