La invasión rusa

Emboscadas con IED: Ucrania aumenta sus ataques con explosivos improvisados

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Juan José Fernández

Los convoyes de vehículos militares rusos son ahora más largos que nunca; ya no hay tan poco espacio entre vehículos como cuando, en febrero, entraron por primera vez en territorio ucraniano. Ahora guardan una distancia mayor para atenuar los efectos de minas o explosivos que la resistencia haya colocado en el camino, para que, si estalla una, que afecte a un solo vehículo, y no a dos o tres.

Pero este comportamiento precautorio, que subrayan militares españoles en activo que están observando la guerra de Ucrania, pierde su eficacia ante un ataque especialmente temido de la Defensa Territorial y las unidades de Operaciones Especiales ucranianas: los IED encadenados.

La columna de blindados y camiones llega al punto de la emboscada. Cuatro explosivos la esperan en el arcén. Estalla primero el segundo; la columna se para. Cuando otros vehículos de asistencia y seguridad llegan al punto atacado, estalla el tercero. El cuarto estalla por la parte de atrás de la fila ya bloqueada. Y, en cuanto la hilera vuelve a moverse, estalla el primero. “Este tipo de golpe es demoledor, y se ve más en el Donbás que en el resto del teatro de operaciones”, opina uno de los tres expertos consultados, que por estar operativos en las Fuerzas Armadas prefieren no ver publicados sus nombres.

Variados y mortales

Se conocen como IED (Improvised Explosive Device) a toda una suerte de aparatos y montajes explosivos, bombas de variadísimos tipos que popularizaron las guerrillas de Siria, Irak y Afganistán. Son tan dispares que la propia ONUCAR, la Oficina de Naciones Unidas para Asuntos de Desarme, renuncia a definir un tipo que sirva de ejemplo. En general, son una bomba colocada al paso de un vehículo o un grupo de personas, y que no forma parte de la artillería convencional ni de una ofensiva reglada de los bandos en un conflicto.

Las minas Medallón antipersona que utiliza Rusia –prohibidas en buena parte del planeta, como otras que usa Ucrania- tienen su contramedida ucraniana en este tipo de emboscada a distancia. Los IED pueden ser accionados por el mando de la puerta de un garaje, o con un largo cable, o con un móvil… En las modalidades ucranianas de confección se usan minas, proyectiles de artillería, bombas de aviación… incluso masas de nitrato de amonio con resina y otros componentes químicos.

El recurso a las bombas de aviación con la espoleta retirada y conectadas entre sí, recogido por un vídeo apócrifo, se hizo viral recientemente en las cuentas de redes sociales que hablan de la guerra en Ucrania. La resistencia ucraniana había rodeado un puente con bombas FAB250, del mismo tipo que aeronaves rusas habían dejado caer sobre la ciudad de Irpin al comienzo de la guerra.

IED encadenado con tres proyectiles de 120 mm usado por la guerrilla ucraniana. Imagen difundida en diversas cuentas de redes sociales observadoras de la guerra.

/ EL PERIÓDICO

Pero el recurso más extendido de la guerrilla ucraniana profesional es el proyectil de artillería. Generalmente, informan las fuentes consultadas, de 120 y de 152 mm, los mismos que abundan en la provisión de los cañones rusos fijos y autopropulsados. Encadenan varios con un cable. “El cable, la vieja usanza, es más seguro contra los inhibidores”, explica uno de los militares.

Abono destructivo

La proliferación de IED -también los colocan las tropas rusas para proteger su retirada- obliga a las fuerzas atacantes a destinar mucho personal a su detección y a la protección de los convoyes, explican los militares españoles, y, dada la gran dependencia rusa del suministro ferroviario por sus trenes logísticos, también a mantener expedita y segura la vía. Esa labor de vigilancia ha obligado al despliegue ruso en el transcurso de las primeras semanas de la guerra a no apartarse más de 150 kilómetros de centros de avituallamiento.

En diciembre de 2021, cuando Rusia acumulaba miles de soldados en la frontera de Ucrania, y dando ya por descontada la invasión, un informe del think tank norteamericano Atlantic Council preveía que los IED “pueden ser utilizados por las fuerzas regulares –ucranianas- para infligir bajas y frenar el avance ruso”.

Y la amenaza de estos explosivos no se limita al explosivo militar. Antes del comienzo de la guerra, Ucrania era un país excedentario en nitrato de amonio, componente de los abonos de agricultura. “Dado el abundante suministro de nitrato de amonio –en Ucrania-, un IED de 20 toneladas métricas no está descartado. Tal dispositivo ciertamente interrumpiría un ataque blindado y devastaría un convoy logístico”, preveía el Atlantic Council. El organismo alertaba de la necesidad para la defensa ucraniana de comprar detonadores para repartirlos en su futura guerrilla. De eso sí que anda Ucrania poco abastecida.

Tal cantidad de explosivo casero implica llenar una casa entera de la letal sal blanca y esperar el paso del convoy. De momento, un ataque tan grande por parte de Ucrania no se ha reportado, aunque la previsión de los analistas de Washington sí ha acertado al creer en diciembre que, dado que no podrían detener a los rusos en la frontera, se impondría la estrategia del stay behind (quedarse atrás y hostigar, vieja doctrina de defensa guerrillera de las fuerzas de la OTAN) y su principal táctica: hit & run (pegar y correr). Cuadra bien con algunas de las instrucciones básicas recibidas por la defensa ucraniana de sus mandos militares: no rendirse, no creer noticias sobre rendición de otras unidades y, si hay que retirarse, minar los pasos por los que puedan verse perseguidos. O sea, convertir la persecución en otra emboscada para los rusos.

La concentración de tropa rusa en el Donbás con arreglo a su nuevo objetivo militar, buscando un frente estable y sin columnas difíciles de abastecer que se adentren en el territorio, puede parar el uso ucraniano de los IED… hasta que se adueñen y establezcan en terrenos ganados.

Conocidos en el Donbás

El pasado 22 de febrero, dos días antes de que Rusia desencadenara su ataque sobre Ucrania, alguien intentó asesinar con un artefacto explosivo improvisado al ex jefe de la Fuerza de Defensa de la autoproclamada República Popular de Donestk (RPD), el mayor general Vladimir Kononov. El dirigente militar separatista, apodado Tsar, salió vivo del atentado. Pero uno de sus colaboradores, con el que se iba a reunir, perdió una mano. Kononov sigue jugando su papel en un enclave primordial de esta guerra.

Alexander Zakharchenko, primer ministro de la autoproclamada República Popular de Donetsk, fue asesinado con un IED en un café el 31 de agosto de 2018.

/ PRAVDA DPR TV

Precisamente en el Donbás, y desde 2014, no es ninguna novedad el uso de IEDs contra dirigentes o fuerzas en combate. De hecho, apuntan los observadores militares españoles consultados, es el gran escenario histórico de este tipo de arma irregular en Europa.

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El 31 de agosto de 2018, el general Alexander Zakharchenko, primer ministro de la RPD, el primer mandatario político que emitió y concedió pasaportes de la Nova Rossiya (Nueva Rusia), perdió la vida por la explosión de un artefacto explosivo. Lo habían colocado en el café de Donetsk que frecuentaba.

Con tantos precedentes, los IED han adquirido en el este de Ucrania una doble utilidad, aun no explotando. La pura amenaza que supone un extraño aparato colocado de forma más o menos visible en un arcén, una traviesa ferroviaria o cualquier rincón urbano obliga a la fuerza atacante a intentar desactivarlo antes, retrasando mucho su movimiento. Los IED matan y paran columnas en Ucrania cuando son de verdad... y paran columnas sin matar cuando son de mentira.