Elecciones presidenciales

Roubaix, el feudo de la abstención en el corazón de la 'banlieue' francesa

Esta localidad del norte de Francia es símbolo de la desindustrialización y las tensiones por la multiculturalidad

La izquierda insumisa de Jean-Luc Mélenchon intenta recuperar al electorado de una ciudad donde vence la desafección

Imagen de la fachada del ayuntamiento y la Grand Place de Roubaix.

Imagen de la fachada del ayuntamiento y la Grand Place de Roubaix. / ENRIC BONET

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Enric Bonet

"En Roubaix, a los habitantes les dan completamente igual estas elecciones". Nawri Khamallah, un joven miembro de la Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon, no se muerde la lengua a la hora de describir la desafección imperante en esta localidad emblemática de la banlieue francesa. Junto a un puñado de militantes, salieron una tarde de esta recta final de la campaña de las presidenciales de domingo (primera vuelta) a repartir propaganda electoral en los pisos de esta localidad, situada en la periferia de Lille (norte de Francia) y a unos escasos cinco kilómetros de la frontera con Bélgica.

La izquierda insumisa, única opción progresista con opciones de clasificarse para la segunda vuelta, tiene puestas parte de sus esperanzas en el electorado de estos barrios y ciudades populares. Mélenchon -tercero en los sondeos con el 18-16%, por detrás de Emmanuel Macron (28-26%) y Marine Le Pen (24-20%)- ya se impuso con claridad en Roubaix en 2017 con el 35% de los votos. Ahora confía en hacer lo mismo al beneficiarse de un efecto de voto útil, que puede dejar a los otros cinco candidatos de izquierdas con unos porcentajes raquíticos. Pero se enfrenta a un obstáculo mayor: la abstención.

"Buenas tardes, venimos por las elecciones", llamaban a las puertas de las casas los militantes insumisos. "Muchas gracias, pero no estoy inscrito en las listas electorales, no puedo votar", les respondía un vecino. "La verdad es que no me intereso demasiado a la política, pero me lo voy a leer", afirmaba un joven cercano a la treintena y que vive con sus padres. Eran algunas de las respuestas a las que se enfrentaban estos militantes mientras subían y bajaban las escaleras de bloques de pisos geométricos, de media altura, situados enfrente de largas hileras de casas de ladrillo cara vista, herederas de la tradición arquitectónica de los corons mineros.

Desindustrialización y neoliberalismo

Roubaix simboliza los estragos que la desindustrialización y el neoliberalismo causaron en la franja septentrional del territorio francés. Las fábricas se fueron y con ellas los puestos de trabajo en una localidad con unos niveles de desempleo alrededor del 30%, según el INSEE. Una de las ciudades más ricas de Francia a principios del siglo XX, considerada una de las capitales del textil europeo debido a su potente industria de la lana, se convirtió en una de las más pobres del país. Este ostracismo económico vino acompañado por el político. Así lo refleja el declive del Partido Socialista (PS) -y de su influyente federación del Norte-, así como las dificultades de otras formaciones progresistas para reconciliarse con estas categorías populares.

"Aquí somos los campeones de Francia de la abstención", lamenta Ali Rahni, presidente de la asociación Reencuentro y diálogo y militante de los barrios. Un buen ejemplo de ello es la reelección en 2020 de su alcalde, Guillaume Delbar (derecha), con poco más de 5.000 votos en una ciudad de 100.000 habitantes. En las regionales del año pasado se abstuvo el 84% del electorado. 

En las presidenciales, los comicios por excelencia de la vida política gala, los roubaisiens suelen votar con mayor asiduidad. Lo hicieron más del 62% en 2017. Pero en las elecciones de este año, eclipsadas mediáticamente por la guerra en Ucrania, planea el riesgo de una participación especialmente baja. Los sondeos pronostican un porcentaje ligeramente superior al 70% -cercano al récord en la historia de la Quinta República en 2002, con el 71%-. En los últimos días, sin embargo, se observaron síntomas de movilización del electorado, lo que contribuyó al ascenso de la ultraderechista Marine Le Pen y de Mélenchon (ecosocialista), debido a la mayor dependencia de ambos del electorado joven y popular en comparación con el presidente Emmanuel Macron.

Como en EEUU

"Lo que me parece más significativo es que la abstención no para de aumentar en función de las clases sociales, creciendo cada vez más las disparidades entre los niveles de participación entre las clases medias y superiores y las clases modestas. Nos acercamos a una situación parecida a la de Estados Unidos", explica Patrick Lehingue, profesor en la Universidad de Picardie (norte) y especialista sobre la abstención. Entre los habitantes de la banlieue, como Roubaix, "predomina un sentimiento de decepción respecto a la política, de haber sido traicionados constantemente. Consideran que no se los tiene en cuenta en las decisiones públicas y que la política no resuelve sus problemas cotidianos", asegura el sociólogo Julien Talpin, investigador en el CNRS y especialista sobre Roubaix, donde reside.

Faiza, 27 años, una estudiante de enfermería, comparte este mismo sentimiento de desconfianza. "Los políticos siempre hacen lo mismo. Nos prometen muchas cosas, pero luego no cumplen con su palabra", asegura esta joven, vestida con un velo islámico marrón, que acudió el pasado martes por la tarde a buscar un paquete de ayuda alimentaria en el Secours Populaire, una histórica asociación de solidaridad. El desfile de decenas y decenas de personas por sus locales refleja los estragos de la precariedad en Roubaix, donde alrededor del 40% de sus habitantes viven por debajo del umbral de la pobreza. "Antes de la pandemia repartíamos 300 lotes cada año, ahora distribuimos 150 al día", explica Nora Chiheb, directora adjunta del Secours Populaire en la ciudad norteña.

Uno de los principales argumentos de campaña de Macron es la supuesta buena salud económica de Francia. El PIB del país vecino creció un 7% el año pasado (en 2020 cayó un 8%) y el desempleo se ha reducido hasta el 7,4%. Pero la gente pobre percibe más bien poco esta bonanza económica. "Macron no ha hecho gran cosa a favor de los trabajadores ni para hacer frente al aumento de los precios", afirma Yasmina, 48 años, quien trabaja como auxiliar sanitaria. En 2017 votó por el dirigente centrista en la segunda vuelta, pero ahora no lo volvería hacer en el caso de una repetición del duelo con Le Pen.

Un grupo de militantes de la Francia Insumisa posan con propaganda electoral de su candidato, Jean-Luc Mélenchon, en una calle de Roubaix.

/ ENRIC BONET

"El hecho de establecer una edad mínima de jubilación en 65 años (con 42 o 43 años cotizados) no me parece una buena idea. Conozco a muchas personas que llegan reventadas a esa edad", declara Clément, 28 años, un obrero de la construcción que duda entre votar a Le Pen o Mélenchon. A pesar del tópico de que las clases modestas quedaron petrificadas con el canto de las sirenas del lepenismo, en los últimos años en Francia el principal partido de los trabajadores no fue la ultraderecha, sino la abstención. Mientras que en localidades multiculturales como Roubaix -más del 30% de los habitantes son extranjeros y hay una importante comunidad francesa de origen magrebí- el candidato favorito entre aquellos que votan es Mélenchon, en la vecina Wattrelos, con una mayor presencia de obreros blancos, se impone Le Pen.

Una diana predilecta de Zemmour

"Los insultos de Éric Zemmour me han dado más ganas de ir a votar. No por mí, ya que soy blanco, sino por mis amigos magrebís", asegura Maxime, 20 años, vestido con una sudadera negra con capucha y que vive gracias a la ayuda de la Garantía Joven, de cerca de 500 euros al mes. El discurso islamófobo del polemista ultraderechista revolvió más de una tripa en los últimos meses en Roubaix. De hecho, solía describir a esta ciudad como el "Afganistán a menos de dos horas de París". 

Esta amalgama exagerada de ser un nido del islamismo radical se acentuó tras la divulgación en enero de un documental de la cadena M6. En este reportaje sensacionalista se denunciaba la presencia de muñecas sin rostro en una de las tiendas del centro de la localidad y los cursos de árabe, con dosis de proselitismo de una visión conservadora de la religión musulmana, por parte de una asociación que recibía subvenciones del Ayuntamiento. Tras su emisión, los periodistas que elaboraron el programa recibieron amenazas de muerte.

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Incluso la conservadora Valérie Pécresse, decaída en los sondeos, hizo a finales de marzo una visita exprés delante de la polémica tienda, situada en una céntrica calle, cerca del majestuoso Ayuntamiento de Roubaix, vestigio de su rico pasado industrial. Aunque allí también se venden velas, sostenedores, tazas, además de libros del Corán, la candidata de Los Republicanos (socios del PP en Francia) la acusó de ser una "librería islamista". 

"Toda esta historia nos hizo sufrir mucho. Hemos recibido insultos y mi compañera recibió amenazas de muerte tanto por mensajes de texto como por teléfono", lamenta Saida, 27 años, propietaria de una tienda de moda, situada cerca del polémico comercio. "Hasta ahora, no me interesaba demasiado en la política, pero toda esta polémica me ha dado ganas de votar por Mélenchon", asegura. Tras meses de banalización de un discurso islamófobo por parte de Zemmour y de manera más sibilina por parte de Le Pen, la izquierda insumisa confía en un efecto bumerang por parte de la banlieue. Pero no está nada claro que lo consiga. Dependerá sobre todo de la abstención.