Gabriel Boric asume la presidencia de Chile a los 36 años, en medio de grandes expectativas y limitaciones

  • El ex dirigente estudiantil de izquierdas se convierte en el mandatario más joven de la historia de ese país

  • Su llegada al Palacio de la Moneda es fruto del estallido social de 2019 y el acuerdo electoral con la centroizquierda

El presidente electo de Chile, Gabriel Boric.

El presidente electo de Chile, Gabriel Boric. / Felipe Figueroa/SOPA Images via / DPA

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Abel Gilbert
Abel Gilbert

Corresponsal en Buenos Aires

Especialista en se ha especializado en temas políticos relacionados con la región pero también ha abordado cuestiones culturales y deportivas

Escribe desde se encuentra en la ciudad de Buenos Aires

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"Estamos abriendo las grandes alamedas por donde pase el hombre y la mujer libre". Gabriel Boric, recuperó la frase emblemática del último discurso de Salvador Allende antes de quitarse la vida, una vez consumado el golpe de Estado, al hablarle a sus seguidores en Santiago como presidente de Chile en funciones. Boric había asumido en horas del mediodía en la ciudad portuaria de Valparaíso la presidencia de ese país. Nunca antes un jefe de Estado entró tan joven al Palacio de la Moneda ni juró por "los pueblos" de Chile como clara señal de diversidad. Le colocaron la banda presidencial y, ante las ovaciones, respondió con diferentes gestos: el puño izquierdo cerrado, la "V" de la victoria y la mano sobre su corazón, siempre sonriendo. Su llegada al Gobierno es fruto de un estallido social, el de noviembre de 2019. Boric, integrante del Frente Amplio, necesitó primero de una alianza con el Partido Comunista para competir en las urnas. Pero fue su entendimiento electoral con parte de la centroizquierda el que impidió la victoria de la ultraderecha en la segunda vuelta de diciembre.

"Sepan que vamos a dar lo mejor de nosotros para estar a la altura", dijo Boric en su primer mensaje. Ha decidido vivir en una casa modesta, cercana a la sede del Ejecutivo, como un gesto claro de renovación política y cultural. De la mano de Boric viene una generación forjada en las protestas estudiantiles y sociales. Tiene la mirada puesta en el pasado –la figura de Allende es objeto de contenida reverencia- pero a la vez una agenda de futuro que se conecta con las urgencias del presente. El Gobierno, con una mayoría femenina en el gabinete de ministros, debe enfrentar un cúmulo de desafíos internos. "No olvidemos nunca, pero nunca, que nos debemos todos los días al pueblo de Chile", les dijo, al tomarles juramento. La gestión entrante tendrá que llevar adelante un programa ambicioso, que incluye una reforma impositiva, mayores beneficios a los sectores más castigados, así como osadas propuestas ambientales y de género, en un contexto mundial saturado de nuevos peligros por la invasión rusa a Ucrania, que Boric condenó con fuerza. Chile es importador de gas y petróleo. El alza mundial de los precios de los combustibles le genera un problema adicional y no previsto.

El Ejecutivo se verá obligado a poner en marcha su agenda sin mayoría en ninguna de las cámaras del Congreso y bajo la atenta vigilancia de los mercados. "Vamos lento porque vamos lejos. Es central que ustedes se hagan parte del progreso. No podemos hacerlo solos. Quiero hacerles un llamado: caminemos juntos en la ruta de la esperanza. Lo construiremos paso a paso, con la sabiduría con quien sabe que los cambios que duran son los que son respaldados por amplia mayoría", dijo Boric en su alocución frente a la multitud. La primera medida que tomaron las nuevas autoridades será retirar de inmediato las 139 querellas que el Gobierno saliente promovió contra los chilenos que participaron de las protestas de 2019.

Cambio de era

Sebastián Piñera abandonó la presidencia con pena y sin un ápice de la gloria que había imaginado para su segunda gestión. Antes de que las protestas inundaran las grandes ciudades, creía que Chile era una excepción a la regla de las frustraciones regionales. La economía no dejaba de crecer, pero los sucesivos Gobiernos no habían hecho lo suficiente para reducir la matriz de la desigualdad en un país donde el 1% más rico acumula el 49,6% de la riqueza. El llamado "reventón" puso al país patas para arriba. Arreciaron los reclamos en favor de una sociedad más equitativa y contra los efectos negativos de la privatización de la educación, la salud, las pensiones y el agua.

El ansia colectiva de transformaciones desplazó a la derecha. La Asamblea Constituyente ultima la redacción de la nueva Carta Magna sin que el espectro conservador pueda vetar sus iniciativas. Los 154 diputados deben trabajar a destajo para llegar a julio con el texto terminado. Se espera una Constitución de fuerte corte progresista. El nuevo Estado será "regional, plurinacional e intercultural" e incorporará nuevos derecho. Antes de irse, Piñera pidió a los constituyentes que moderen su "afán fundacional". La Carta Magna debe ser validada en una nueva consulta popular. Su rechazo representaría una seria derrota para el Gobierno entrante.

Horizonte económico

Boric recibe un Chile cuyo PIB cayó durante el primer año de la pandemia un 5,8%, creció casi un 12% en 2021 y este año debería aumentar otro 3,5%. Si bien la economía ha dado signos de recuperación, parte de los chilenos se encuentran precarizados. La pandemia provocó un salto de la pobreza en general del 8,5% al 10,8%, según el Banco Mundial. El país ha experimentado un inédito crecimiento del endeudamiento informal. Un 30% de los hogares nacionales tiene algún compromiso financiero de este tipo.

De otro lado, las grandes fortunas aumentaron un 73% sus ganancias mientras circulaba el covid-19. Ahora poseen en su conjunto 40.300 millones dólares. Andrónico Luksic, uno de los hombres más ricos de Chile, señaló horas antes de la asunción de Boric: “los cambios requieren tiempo, no se prometen, sino que se van haciendo con responsabilidad”.  

Desafíos y riesgos

Otros asuntos requerirán del Gobierno atención inmediata. De un lado, la crisis migratoria en el norte chileno, puerta de entrada de una inmigración especialmente venezolana y, a la vez, el detonante de crecientes expresiones xenófobas. Por el otro, los problemas de seguridad urbana. Pero quizá uno de los mayores desafíos de Boric sea desactivar el conflicto que mantiene el Estado con la comunidad originaria mapuche, de compleja solución a pesar de todos los avances que contempla la futura Carta Magna. El flamante mandatario reconoció que el de los mapuches es un conflicto "entre el Estado de Chile y un pueblo que tiene derecho a existir".

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En el orden regional, se espera que Boric tenga un grado de sintonía con su vecino argentino Alberto Fernández y el boliviano de Luis Arce Catacora. Posiblemente sus mayores simpatías se dirijan a Brasil y Colombia, si Luiz Inacio Lula da Silva y Gustavo Petro ganan las elecciones de octubre y mayo, respectivamente. Son conocidas de antemano sus críticas a Venezuela y Nicaragua. Ese perfil diferencial ha sido destacado en Santiago por la vicepresidenta del Gobierno de España, Yolanda Díaz. El joven jefe de Estado representa "sin lugar a dudas" una nueva izquierda en Latinoamérica y que "no tiene nada que ver" con otras experiencias de América Latina.