Guerra en Ucrania

El miedo acelera la huida de ucranianos: “Ya sólo hay 2 kilómetros de cola en la frontera”

En el paso fronterizo de Dorohusk no dejan de llegar autocares repletos de niños y mujeres, pero también de mascotas que las personas exiliadas no han querido abandonar a su suerte en Ucrania

El miedo acelera la huida de ucranianos: “Ya sólo hay 2 kilómetros de cola en la frontera”
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David López Frías

A 3 grados bajo cero, los refugiados ucranianos siguen cruzando de forma masiva a territorio polaco. En el paso fronterizo de Dorohusk no dejan de llegar autocares repletos de niños y mujeres, pero también de mascotas que las personas exiliadas no han querido abandonar a su suerte en Ucrania.

La situación de colapso en la frontera, aunque sigue siendo crítica, se ha visto rebajada en las últimas horas: “Ahora mismo sólo hay 2 kilómetros de cola para llegar a Dorohusk desde Ucrania. Hemos llegado a ver 18 y 20 kilómetros”, explica a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA, diario que pertenece a este mismo grupo, Alexis Garea, un argentino que reside en Gdansk (Polonia) y que es voluntario de Cáritas. 

Alexis lleva toda la semana en el paso fronterizo, ayudando a reponer comida y colaborando con los refugiados. A menudo se adentra en territorio ucraniano para comprobar que en la caravana de vehículos no hay nadie que requiera ayuda urgente: “Yo ayer no pude cruzar la frontera porque me quedé en Dorohusk ayudando, pero varios de mis compañeros sí que cruzaron y están haciendo 15 o 20 kilómetros fácil y rápido. Van y vuelven”.

Alegría... y miedo

¿Qué significa esa aceleración en la evacuación? “Por un lado son buenas noticias, porque cada vez hay más gente a salvo. Por la otra, da miedo. Creemos que los rusos están acelerando la salida de hombres y mujeres para poder atacar masivamente ciudades ucranianas. Pronto sólo quedarán hombres y mujeres que han decidido permanecer en su país y luchar”, nos explica Tomasz, un voluntario de una ONG llamada Happy Kids.

Hay, por tanto, miedo a que los ataques se recrudezcan en las próximas horas. La conversación más recurrente en el paso de Dorohusk la mañana del viernes era el ataque ruso con misiles a la central nuclear ucraniana de Zaporiyia, la más grande de Europa. Asegura el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) que ninguno de los reactores presentan daños ni fugas de radiación.

Sin embargo, para los refugiados es una prueba más de hasta dónde está dispuesto a llegar Vladímir Putin para someter a Ucrania. “Putin, bastardo”, repetía Nadia, una ucraniana de 28 años, nada más bajarse del autobús en suelo polaco con sus dos hijos pequeños. Dice no hablar inglés (como la gran mayoría de los recién llegados), pero parece haberse aprendido en ese idioma su opinión sobre el mandatario ruso. 

“Hoy se espera la llegada de 800 niños a Polonia”, explica Mateusz, voluntario de una ONG polaca llamada PAH, que es la que se está encargando de proveer de alimento a los recién llegados en el paso fronterizo de Dorohusk. “La mayor parte sn recogidos por otros ucranianos que viven en Polonia. Hay muchos aquí trabajando. Casi todos los ucranianos del oeste del país tienen aquí a familiares o conocidos”, resume. 

No obstante, hay muchos otros que no tienen a nadie en Polonia. Para ello se han habilitado algunos puntos en enclaves alejados de la frontera. En la ciudad de Chelm, a unos 60 kilómetros de la frontera, están alojando a los refugiados en un centro deportiva. Y algo más lejos, en Lublin (una ciudad de 80.000 habitantes a unos 100 kilómetros de Dorohusk), la comunidad de los Testigos de Jehová ha acondicionado sus instalaciones para poder recibir a los recién llegados. 

650.000 a salvo

Acnur elevó el viernes hasta 1.2 millones la cifra de ucranianos que han abandonado el país desde el inicio de la guerra. Unos 625.000 han llegado a Polonia, siendo el país que más refugiados ha acogido, frente a los 145.000 de Hungría, 104.000 de Moldavia, 58.000 de Rumanía, 9.000 de Eslovaquia y otros 100.000 que han salido a otros países como Alemania o Suiza. 

Las previsiones de Acnur cifran en 4 millones el número de ucranianos que van a salir de su país en los próximos días, pero los mismos refugiados de Dorohusk dudan de que esa cifra se vaya a alcanzar. No por falta de colaboración internacional, sino porque son muchos los ucranianos que han decidido, a última hora, quedarse en su país. 

“Íbamos a venir 4 amigas, pero al final me he venido yo sola porque soy la única que tiene hijos. Las otras tres han decidido quedarse en casa resistiendo. Tomarán un arma si hace falta. Están defendiendo sus casas y prefieren quedarse aunque las maten”, sentencia. 

Se quedan

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Los niños, por tanto, son el principal factor que lleva a las ucranianas a dejar su país. Pero también sus mascotas. Natalia baja del bus con su viejo cocker spaniel llamado Jessie: “Tiene 10 años y está asustado. Lleva mucho tiempo conmigo. Es parte de mi familia y no querría que le pasase nada. Por eso se ha venido conmigo, con mi madre y con mi tía”, nos cuenta. Para estos casos, los voluntarios también han habilitado unas bolsas con pienso para animales al lado de los puestos de sopa caliente. 

El cielo plomizo de Dorohusk es testigo del éxodo ucraniano. Los autobuses no cesan de llegar a la frontera. Los refugiados pasan poco tiempo en el paso fronterizo. O son recogidos por conocidos, o son trasladados a centros seguros. Las llamadas a desde Polonia a Ucrania no cesan. Todos, sin excepción, se han dejado allí a algún ser querido. Se alegran de que el colapso en la frontera vaya menguando. Pero temen que esto sea el síntoma de la antesala de su particular apocalipsis.