Tensión bélica en el Este

Alemania sacrifica sus principios con el rearme

La invasión rusa ha propiciado que el Estado alemán envíe armas a Ucrania y aumente el gasto militar

Soldados ejército alemán, en Munster (Alemania).

Soldados ejército alemán, en Munster (Alemania). / FABIAN BIMMER (REUTERS)

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Andrés Goldszmidt

La rápida escalada de la crisis en Ucrania y la invasión ordenada por Vladímir Putin pulverizaron en pocos días algunas de las líneas centrales de la política exterior, de defensa y de energía de Alemania, donde ya casi nada es lo que era.

"El 24 de febrero de 2022 marca un cambio de era en la historia de nuestro continente". Así comenzó el canciller Olaf Scholz su discurso ante el Bundestag, el domingo. El canciller presentó un plan de rearme de la Bundeswehr en una intervención que marcó el punto culminante de una semana con anuncios nuevos a ritmo diario.

La sensación es que el reacomodamiento de las placas tectónicas apenas comienza, la forma final que adquieran los consensos que se han perdido es tan incierta como el desenlace de la guerra en Ucrania.

El tono del canciller el domingo llamó la atención por su dureza, inusitada. Scholz describió el ataque ruso como "una infame violación del derecho internacional" y llamó a "poner límites a los belicistas como Putin".

 

"El fin de la ilusión"

La semana comenzó con la suspensión del proceso de certificación del gasoducto Nord Stream 2. Luego vinieron las sanciones de la Unión Europea, sin los grandes titubeos que algunos temían por parte de Berlín. El viernes se autorizó el envío de armamento letal a Ucrania y, finalmente, el sábado, fue anunciada la exclusión de varios bancos rusos del sistema SWIFT.

En Berlín, las imágenes de Putin anunciando el ataque tuvieron un efecto disruptivo inmediato y produjeron una reacción en cadena de reproches al pasado y al presente de la política exterior. El espíritu, o los vestigios que de él quedaban, de la llamada Wandel durch Annäherung, "cambio a través del acercamiento", que marcó la política hacia el Este de los años 70, terminó de desvanecerse.

Para los medios es el "fin de la ilusión", el adiós al "idealismo alemán". El diario Frankfurter Allgemeine Zeitung habla de una "generación fracasada de políticos". Hay críticas para Angela Merkel, que tras 16 años dejó al país con una peligrosa dependencia del gas ruso y cuya relación con Putin apenas sirvió para mantener el statu quo.

Sorna contra Scholz y Annalena Baerbock, su ministra de Exteriores, quedando en ridículo tras sendas reuniones con sus pares en el Kremlin, solo para que les mintieran en la cara.  Envío de armas a Ucrania

El plan del Ejecutivo prevé la creación de un fondo especial de 100.000 millones de euros para inversiones en el sector militar, que será incluido en la Constitución. Además, Alemania destinará a defensa más de un 2% de su PIB, una meta de la OTAN a la que el país se acercaba muy lentamente y que desde hace años venía siendo fuente de controversia principalmente con Estados Unidos.

Probablemente, la decisión que más impacto inmediato tuvo fue la de autorizar el envío de armas a Ucrania. Hace poco más de una semana, durante la Conferencia de Seguridad de Múnich, el canciller y su ministra de Exteriores, debieron responder en varias ocasiones a los reclamos por la negativa alemana, incluido el del presidente de Ucrania, Volodímir Zelinski. Pero la escalada de la operación rusa, las exigencias desde los medios y el interior de la coalición, sumadas a las imágenes de los ucranianos preparándose para resistir la invasión, terminaron de inclinar la balanza.

 Los Verdes y el rearme alemán

Ahora Los Verdes son parte de un Gobierno que envía armas a un país en guerra y aumenta sustancialmente el gasto militar mientras resuelve de qué manera se ampliará y modernizará la flota de aviones con capacidad de transportar bombas atómicas.

Pero para los ecoliberales, que entraron por primera vez al Parlamento en 1983, impulsados por el auge del movimiento antiarmamentista y pacifista, esto no significará la pérdida de la "inocencia".

También eran los socios menores de una coalición con el SPD, cuando se decidió la primera participación de soldados alemanes en un conflicto bélico desde la segunda guerra mundial. Fue la intervención en Kosovo en 1999, bajo el canciller Gerhard Schröder. Para Los Verdes se rompía un tabú y la experiencia dejó cicatrices. En el congreso del partido convocado para aprobar esa misión al entonces ministro de Exteriores, Joschka Fischer, le arrojaron una bolsa llena de pintura que le produjo una lesión en el tímpano.

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A poco menos de tres de meses de llegar al poder, la coalición ve todos sus planes trastocados y debe recalibrar sus instrumentos. Y Alemania podría sacrificar otra más de sus "vacas sagradas". Para enfrentar una eventual interrupción del suministro de gas desde Rusia se evaluará la posibilidad de extender la operación de las últimas centrales nucleares que debían apagarse este año. “No hay tabúes”, dijo el ministro de Economía y vicecanciller, Robert Habeck.

 

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