Guerra en Europa

Dispuestos a cualquier cosa para defender a Ucrania

Cientos de hombres (y alguna mujer) aguardan ante un centro de reclutamiento de Lviv que les sea encargada alguna misión para rechazar la invasión rusa

Víktor Kiriluik, un abogado de 47 años, casado y con dos hijos, se ofrece para combatir contra la invasión rusa.

Víktor Kiriluik, un abogado de 47 años, casado y con dos hijos, se ofrece para combatir contra la invasión rusa. / Marc Marginedas

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Marc Marginedas
Marc Marginedas

Corresponsal para la exURSS

Escribe desde Moscú

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Carecen de entrenamiento militar. Todo lo máximo que pueden ofrecer a las autoridades y fuerzas armadas de Ucrania es una cierta experiencia en áreas como la gestión humanitaria, la actividad deportiva o el patrullaje policial. Pero, a juzgar por sus palabras, están llenos de entusiasmo y motivación para defender a su país de una agresión que consideran totalmente injustificada y lanzada desde un Estado con muchos más recursos. Decenas de civiles, la mayoría de ellos hombres aunque también se dejaba ver alguna mujer, vestidos ya la mayoría con ropa de camuflaje y hasta botas militares, aguardaban pacientemente este domingo desde primera hora de la mañana en los aledaños de un destartalado centro de reclutamiento de la Defensa Civil en la calle de Baturynska, no lejos de la vías del tren que atraviesan Lviv y conducen hacia la frontera polaca, para alistarse y esperar que se les sea encomendada una misión.

"No, no tengo entrenamiento militar", admite Víktor Kiriluik, un abogado de 47 años, casado y con dos hijos. "Haré lo que me digan, ya no hay ningún lugar seguro en Ucrania, sea en el norte o en el sur del país, tenemos que ayudar, seamos hombres o mujeres", continúa. Como única experiencia similar en su currículo, esgrime el periodo en el que desempeñó labores policiales en la misión de la ONU en Kosovo, aunque está dispuesto incluso "a aprender" a disparar. "La gente no tiene miedo; ¿está viendo usted aquí a alguien que tenga miedo?", asegura, desafiante, mientras señala a su alrededor.

Dmitro Hordus, un joven ucraniano de 26 años que no duda que su país frenará la ofensiva rusa.

/ El Periódico

Timur Halibov, rusohablante y residente en Kiev, es el ejemplo viviente de que en Ucrania hablar la lengua de las fuerzas invasoras no se traduce necesariamente en lealtad a Moscú y a los designios del Kremlin. "Es un gravísimo error del Gobierno ruso no ver las diferencias entre ucranianos y rusos; este es un país completamente diferente", sostiene. Y lo dice con conocimiento de causa, tras haber pasado en Rusia toda su niñez y tener a una tía al otro lado de la frontera, con la que mantiene el contacto y quien le insiste una y otra vez, en las conversaciones telefónicas que mantienen, que se opone a "esta guerra". Este joven de elevada estatura y ojos oscuros también reconoce que no sabe "nada de armas", pero apunta que, en su caso, muy bien se podría aprovechar su experiencia pasada en misiones humanitarias. "Sé cómo gestionar a los civiles, cómo crear una red de apoyo humanitario", insiste.

Sin justificación

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En su opinión, no existe razón alguna para el ataque originado en la madrugada del jueves desde el todopoderoso país vecino. "Nadie en Ucrania ha invadido Rusia; somos demócratas y creemos en la libertad", destaca. Por esta razón, no se lo ha pensado dos veces. Tras dejar a su mujer y a sus hijos en la descomunal cola de vehículos que aguardan junto a la frontera esperando a salir hacia Polonia, regresó el sábado por la noche a Lviv y este mismo domingo ya estaba esperando para alistarse. "Mi padre es un oficial del Ejército y no sé dónde está; mi hermano, su mujer y sus dos hijos llevan tres días sentados en un refugio sin poder salir a la calle", lamenta.

Olga Kostenko, una exdeportista que practicó el tiro con arco en su juventud.

/ El Periódico

Olga Kostenko supera ya de largo la cincuentena, pero salta a la vista que se mantiene en excelente forma física pese a la edad porque practicó el deporte de forma profesional. "Tengo un máster de tiro con arco", revela, orgullosa. En su opinión, la defensa de Ucrania no es tan solo un trabajo de hombres: "Una mujer puede hacer cualquier cosa: desde curar heridas hasta disparar o incluso matar; este es un trabajo para cualquier civil". Junto a ella, se halla su hijo Dmitro Hordus, de 26 años, quien no duda que el Ejército de su país logrará parar los pies al atacante. "Rusia es un país corrupto, y el dinero destinado al Ejército es desviado; todas esas bombas que dicen que tienen, en realidad solo existen sobre el papel", afirma este estudiante universitario de ingeniería eléctrica, en un inglés más que correcto.