Pedro Castillo formó su cuarto Gobierno a seis meses de asumir la presidencia peruana

  • El maestro rural nombro como Primer Ministro a Aníbal Torres, quien se desempeñaba en la cartera de Justicia

  • Para algunos medios de prensa, Castillo se encuentra frente a la última oportunidad para reencauzar su Gobierno

El presidente de Perú, Pedro Castillo, en una imagen de archivo.

El presidente de Perú, Pedro Castillo, en una imagen de archivo. / CLAUDIA MORALES (REUTERS)

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Abel Gilbert
Abel Gilbert

Corresponsal en Buenos Aires

Especialista en se ha especializado en temas políticos relacionados con la región pero también ha abordado cuestiones culturales y deportivas

Escribe desde se encuentra en la ciudad de Buenos Aires

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Pedro Castillo asumió la presidencia peruana el pasado 28 de julio. En la noche de este martes ha formado su cuarto Gobierno en medio de una precariedad política que se acentúa con el correr de las horas. "El principio del fin", lo sentenció el influyente analista César Hildebrant. Por lo pronto, el maestro rural de izquierdas ha designado como su nuevo premier a Aníbal Torres. Se trata del abogado que lo defendió cuando era objeto de denuncias de fraude electoral por parte de Keiko Fujimori, su rival en la segunda vuelta. En virtud de esa tarea, Torres ocupó el ministerio de Justicia. Ahora le toca articular las relaciones del Gobierno con un Congreso hostil. Pocos apuestan a su supervivencia. Su antecesor en ese cargo, el derechista Héctor Valer, apenas duró tres días en funciones. Fue tan escandaloso su nombramiento que ni siquiera alcanzó a ser ratificado por la legislatura.

Castillo inició su presidencia con un premier de Perú Libre, el partido de izquierdas ortodoxo del cual ni siquiera es integrante, y del cual se ha alejado de manera ostensible al llegar al Palacio Pizarro. Guido Bellido, el primer premier, fue sustituido antes de que se cumplieran los 100 días de gestión por la abogada y defensora de derechos humanos Mirtha Vásquez, quien hace dos semanas rompió con Castillo por considerar que era negligente con la corrupción estatal y que, además, se apoyaba en una suerte de Gobierno en las sombras compuesto por una serie de asesores personales.

En un movimiento que ha desconcertado a los analistas, Castillo optó por ubicar en el ministerio de Salud a Hernán Condori, en reemplazo de Hernando Cevallos, el funcionario que tenía mejor imagen debido a su papel en el combate contra la pandemia.

Fragilidad

"Mi compromiso sigue vigente y con más fuerza hasta el 28 de julio de 2026. Con convicción, reiteramos un arduo trabajo para dar soluciones a los problemas del Perú, pensando siempre en el ciudadano de a pie, a través de la unidad y gobernabilidad", dijo Castillo antes de poner en marcha los nuevos cambios. Las sucesivas crisis han dilapidado el crédito político del maestro rural. Nuevo Perú, el partido de izquierda que se había sumado al Gobierno, ya está en la calle, otra vez como oposición. Para Colmo, el mandatario no tiene partido ni una base social propia.

 "Esta es, señor presidente, su última oportunidad", advirtió el diario Perú 21, cuando todavía se desconocía el nombre del cuarto premier. El diario limeño El Comercio consideró por su parte que "la renuncia es la mejor salida". Su editorial ha apostado claramente por la remoción de Castillo: "el país ha tenido ya suficiente paciencia con el aprendizaje del presidente. Los frutos de este proceso, por lo demás, apuntan a que no está dando resultados y que, muy por el contrario, ha llevado a una vertiginosa e imparable precarización de instituciones".

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El Congreso se convertirá en breve en el escenario donde se dirimirá la suerte de Castillo. En diciembre fracasó un intento de moción de censura impulsado por el fujimorismo y otras fuerzas de derecha. "Utilizan la vacancia como juicio político, para repetir el golpe de Estado del 2020 y sus conocidas consecuencias. Los golpistas anhelan imponer un gobierno totalitario", dijo en esa oportunidad Torres.

"Mal haríamos en atribuir la crisis de gobernabilidad a uno solo de los actores que han estado promoviendo esta situación. Con su permanente labor de entorpecimiento y bloqueo, el Congreso no puede salir incólume. Y menos ahora", remarcó en tanto el diario La República.

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