Tensión bélica en el Este

China apoya a Rusia contra la expansión de la OTAN

El presidente ruso y su homólogo chino escenifican su cercanía en Pekín antes de la apertura de los juegos

Encuentro entre Xi Jinping y Vladimir Putin en Pekín. / AFP / ALEXEI DRUZHINIIN / VÍDEO: EFE

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Adrián Foncillas
Adrián Foncillas

Periodista

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No mencionan a Ucrania ni falta que hacía. Occidente debe abandonar su “mentalidad de guerra fría”, sienta el comunicado que China y Rusia han firmado tras la reunión presidencial en Pekín. Su redactado, sin embargo, trasciende el conflicto más inmediato y atiende al hartazgo que ambos países han sedimentado en los últimos años por la expansión militar que apadrina Estados Unidos en sus patios traseros. La reunión de Xi Jinping y Vladimir Putin evidenció que el país con mayor población y el más extenso del planeta se revelan contra el viejo orden global y piden “insuflar una verdadera vida al multilateralismo”. 

 Los expertos ya habían pronosticado que Putin arrancaría de Xi algún guiño diplomático sobre Ucrania. El más reseñable es la oposición a la expansión de la OTAN. China “entiende y apoya” las propuestas rusas sobre garantías a largo plazo en Europa, sigue el texto. A cambio, Putin verbalizó el principio de “una sola China” sobre el asunto taiwanés. En ambas reclamaciones denuncian las interferencias estadounidenses. “Pedimos que se respete la soberanía, la seguridad y los intereses de otros países, sus diversidades históricas y culturales y que se trate su desarrollo pacífico con objetividad y justicia”, añaden. 

Xi y Putin han concluido hoy su trigésimo octava reunión y primera desde que estalló el conflicto ucraniano. Entre la veintena de líderes que han acudido a la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno, ninguno rivaliza en peso con Putin. Xi le ha concedido a su “viejo amigo” la apertura de la maratón diplomática. Faltan en Pekín los representantes de Estados Unidos y del Reino Unido, Canadá y Australia, que han acompañado el boicoteo político instigado por Washington. El comunicado subraya la absurdidad de una medida simbólica porque es improbable que Xi hubiera llegado tan lejos en el comunicado con Biden de invitado. La hospitalidad es un asunto muy serio en China. También ahí recibió Pekín el abrazo del oso ruso. “Es triste que algunos países hayan intensificado sus esfuerzos para politizar el deporte por intereses egoístas”, lamentó Putin. 

Conflictos históricos

China y Rusia comparten 4.000 kilómetros de frontera y numerosos conflictos históricos que alimentaron una desconfianza secular. El rumbo se enderezó en los años 90 y sus lazos comerciales, militares y geopolíticos se han intensificado sin freno desde la subida al poder de Xi. En 2014, cuando se incrementaba las presiones de Occidente por la anexión de Crimea,  Rusia certificó su “giro a Oriente” con la firma de un macrocontrato de suministro de gas con China de 400 mil millones de dólares durante treinta años.  No es casual que Putin, bajo la amenaza de nuevas sanciones, desvelara hoy un nuevo contrato que llevará a China diez mil millones de metros cúbicos de gas anuales. 

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 Persisten los intereses opuestos de dos imperios en áreas comunes como las repúblicas centroasiáticas pero son irrisorios en contraste con lo que los une. Los lamentos rusos por la expansión de la OTAN o la posibilidad de unos misiles a 500 kilómetros de Moscú son parecidos a los chinos por el QUAD y el Aukus, las alianzas de defensa que ha tejido Washington en el Pacífico. La primera, que contempla la venta de submarinos de propulsión nuclear a Australia, fue definida por Pekín como una amenaza a la paz regional y una invitación a la escalada de la carrera armamentista.

Sacrosanto principio 

Es improbable, acuerdan los analistas, que China vaya más allá de la solidaridad diplomática en Ucrania. China no abandonará su neutralidad ni su sacrosanto principio de no injerencia en asuntos internos, confirma Stanley Rosen, profesor de Ciencia Política en el Instituto Estados Unidos-China de la Universidad de South Carolina. “Quiere mantener la alianza con Rusia, pero no desea cambios territoriales porque tiene sus propios intereses, especialmente en el centro de Asia, donde es un jugador importante. Está claro que no desea el renacimiento del viejo imperio soviético”, añade. La estabilidad es innegociable este año en Pekín, cuando Xi será prorrogado como presidente en el Congreso del partido de otoño, y nada se antoja menos apetecible que un conflicto contra la OTAN y Estados Unidos.  

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