Parálisis política

Italia fracasa en el quinto intento de elegir presidente

  • Los principales partidos conservadores y progresistas no llegan al acuerdo para elegir al nuevo jefe de Estado

  • El centroderecha intenta imponer sin éxito a Elisabetta Casellati, la presidenta del Senado,

Elisabetta Casellati, la presidenta del Senado.

Elisabetta Casellati, la presidenta del Senado. / Efe / Roberto Monaldo

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Irene Savio
Irene Savio

Periodista

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La imagen de Antonio Tajani, halcón del anciano y enfermo Silvio Berlusconi y expresidente del Parlamento europeo, hablando nerviosamente al teléfono a media tarde desde un edificio adyacente al Congreso italiano, dejaba constancia este viernes de la parálisis que se ha apoderado de la política italiana cinco días después de que el lunes iniciaran las votaciones para elegir al próximo presidente de la República. Y nada indica que el desbloqueo sea fácil.

La quinta jornada de votaciones envió a la ciudadanía italiana, al menos, la prueba de que no solamente el centroderecha no es capaz de imponer un candidato en solitario, sino que además en su interior tiene los llamados francotiradores, parlamentarios que no votan como su partido les ordena.

Resultado de ello fue que, en la primera votación del día, Elisabetta Casellati, la presidenta del Senado y candidata elegida por Matteo Salvini, el líder de la ultraderechista Liga, cosechó apenas 382 votos, unos 70 menos de los que poseen en el papel los tres partidos de esta coalición centroderechista, integrada también por Hermanos de Italia de Giorgia Meloni y Forza Italia de Silvio Berlusconi.

Bonanza económica

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El más difícil nombramiento en años de un presidente de la República italiano, que ocurre en medio de una pandemia y en un momento de aparente bonanza económica del país, se inició a las 11 de la mañana para concluir unas cuatro horas después, a la que le siguió una segunda votación el mismo día, que también finalmente acabó cuando ya era de noche.

El centroizquierda tampoco aportó mayor claridad. Desde el Partido Democrático (PD) y el Movimiento 5 Estrellas (M5S), los dos grandes partidos de esta alianza, se recurrió, una vez más, a la táctica, optando en masa por las papeletas en blanco, útiles para ganar más tiempo y desgastar a los adversarios. Todo ello siempre con dos grandes fantasmas que continuaron a flotar sobre el Parlamento italiano: el de Mario Draghi, el primer ministro, y Sergio Mattarella, el presidente saliente; ambos aún ‘papables’ en los deseos de muchos.