Escalada de tensión

Londres acusa a Rusia de intentar instaurar un régimen afín en Kiev

Moscú continúa enviando soldados a las zonas fronterizas, contratando a mercenarios y entregando suministros a las milicias aliadas en Donetsk y Lugansk

Los responsables de Exteriores británica, Lizz Truss, y estadounidense, Anthony Blinken, en la reunión del G7 en Liverpool del pasado diciembre.

Los responsables de Exteriores británica, Lizz Truss, y estadounidense, Anthony Blinken, en la reunión del G7 en Liverpool del pasado diciembre. / AFP / Phil Noble

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Marc Marginedas
Marc Marginedas

Corresponsal para la exURSS

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El respiro que acordaron el viernes en Ginebra los titulares de Exteriores de Rusia y Ucrania para dar una última oportunidad a la diplomacia no ha logrado detener la escalada bélica en Europa del este. El Reino Unido ha acusado este sábado a Moscú de intentar derribar al Gobierno del presidente Volodímir Zelenski, elegido en las elecciones celebradas en mayo de 2019, y sustituirlo por un Ejecutivo afín dirigido por un dirigente local prorruso. Sobre el terreno, el Kremlin ha continuado desplazando más soldados a las regiones fronterizas, mientras que los aliados occidentales han intensificado los envíos de armamento letal al Ejército ucraniano para poder defenderse en caso de ataque.

La idea de Rusia es colocar un Gobierno títere “mientras invade y ocupa Ucrania”, ha acusado la ministra de Defensa británica, Liz Truss. La dirigente británica ha nombrado a Yevgueni Murayev, un conocido político ucraniano prorruso, muy próximo a Víktor Yanukóvich, el jefe de Estado ucraniano que huyó del país durante la revolución de Maidan de 2014. Desde entonces, Muráyev ha criticado con fruición a las autoridades ucranianas emergidas de lo que denomina como “golpe de Estado”, y ha dedicado duras diatribas a la clase dirigente del país, en particular al presidente Zelenski, al que acusa de estar siendo chantajeado por el “MI6, la CIA o cualquiera para lanzar una ofensiva contra el Donbás”. Además, administra un canal de televisión propiedad de su padre.

Contactado por la prensa británica, Muráyev ha rebatido las acusaciones y ha exigido “disculpas” al Gobierno británico. “La acusación no tiene mucha lógica”, ha declarado al semanario ‘The Observer’. Posteriormente, en Facebook, publicó en modo de burla una imagen suya posando en un imaginario cartel de película de James Bond y en otro post, ha defendido la idea de que Ucrania necesita “nuevos políticos” que superen las barreras entre prooocidentales y prorrusos.

Las autoridades británicas también han dado nombres de otros dirigentes políticos ucranianos prorrusos que habrían participado en la supuesta conspiración, como Vladímir Sivkovich, antiguo número dos del Consejo de Seguridad ucraniano durante el mandato del depuesto Yanukóvich, Serhiy Avkuzov y Andriy Kluyev, también con cargos el último Ejecutivo prorruso que hubo en Kiev. Pero sobre todo el exprimer ministro Mikola Azarov, huido a Rusia, donde ha formado una suerte de Ejecutivo en el exilio, pese a que en su país es acusado de malversación y desvío de fondos públicos. El ministro de Exteriores británico, Dominique Raab, ha advertido a Moscú de que si semejante plan de colocar en Kiev a un Gobierno títere se materializa, sería castigado con duras sanciones.     

Con escepticismo y una cierta dosis de sorna han respondido las autoridades rusas a las acusaciones de complot. “La desinformación que han hecho circular (el Gobierno británico) es otra muestra de que los países de la OTAN, encabezados por las naciones anglosajonas, son las que están provocando tensiones sobre Ucrania”, se lee en un comunicado difundido por el Ministerio ruso de Exteriores en Twitter. “Urgimos al Foreign Office a dejar de propagar sinsentidos”, ha continuado.

En EEUU, dos fuentes de los servicios de inteligencia británicos han confirmado la noticia a The New York Times. “Es una información muy preocupante; el pueblo ucraniano tiene derecho a elegir su futuro; apoyamos a nuestros socios elegidos democráticamente en Ucrania”, ha declarado un portavoz del Consejo Nacional de Seguridad norteamericano.

La escalada militar sobre el terreno ha continuado en los últimos días. Seis buques anfibios, capaces de transportar tanques, maquinaria militar y tanques, han sido despachados por Rusia hacia el Mediterráneo, un despliegue que ha azuzado las especulaciones de que su Ejército se dispone a realizar un desembarco o una operación anfibia en las costa sur del país. Precisamente, una de las opciones militares que, según los expertos, baraja Putin sería el establecimiento de un corredor terrestre que comunicara el Donbás, en poder de las milicias prorrusas, y la península de Crimea, anexionada por el Kremlin en 2014, lo que implicaría hacerse con el control de la costa sureste del país eslavo aunque también tomar ciudades supuestamente bien defendidas como los puertos de Mariúpol y Berdiansk, a orillas del mar de Azov.

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Además, los servicios de inteligencia ucranianos han denunciado que Rusia está contratando a mercenarios, y que está suministrando a las milicias aliadas en Donetsk y Lugansk combustible y artillería para un posible recrudecimiento de las hostilidades. Lejos del frente y de las regiones bajo control de las milicias, en las calles de Kiev, la capital, no se respira inquietud de forma visible. Sin embargo, aerolíneas como Lufthansa han empezado a adecuar los horarios de sus vuelos nocturnos a la posibilidad de que estalle un conflicto armado. 

Por su parte, Estonia, Letonia y Lituania enviarán a Ucrania misiles antiaéreos y antitanque de fabricación estadounidense para "fortalecer las capacidades defensivas del país" ante la acumulación de fuerzas rusas en la frontera, según un comunicado conjunto.