Tensión en Europa del este

Blinken y Lavrov acuerdan en Ginebra continuar la negociaciones sobre la seguridad en Europa

  • Los titulares de Exteriores de EEUU y Rusia intentan desactivar la crisis en Ucrania con una nueva ronda de conversaciones

El secretario de Estado de EEUU, Antony Blinken, y el ministro de Exteriores ruso, Sergei Lavrov, antes de su reunión este viernes en Ginebra.

El secretario de Estado de EEUU, Antony Blinken, y el ministro de Exteriores ruso, Sergei Lavrov, antes de su reunión este viernes en Ginebra. / ALEX BRANDON (AFP)

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Marc Marginedas
Marc Marginedas

Corresponsal para la exURSS

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Anthony Blinken y Serguéi Lavrov, titulares de Exteriores de EEUU y Rusia, han acordado este viernes en Ginebra proseguir la próxima semana las negociaciones sobre seguridad en Europa del este. Aunque como era de esperar, las conversaciones no lograron salvar las enormes diferencias que separan a ambos países, el representante estadounidense ha asegurado ver signos positivos de que las inquietudes estratégicas de ambos bandos puedan resolverse finalmente "por la vía diplomática". Así las cosas, la crisis originada por el despliegue de decenas de miles de soldados rusos en las regiones próximas a la frontera con Ucrania entra en una fase de impasse, a la espera del resultado de los próximos contactos entre representantes de Moscú y Washington.

"Basándome en las conversaciones que mantuvimos la semana pasada y hoy en Ginebra, creo que hay posibilidades y medios para afrontar algunas de las preocupaciones mutuas que tenemos en cuanto a la seguridad", ha declarado el secretario de Estado norteamericano. "Rusia tiene la opción de elegir el camino de la diplomacia que llevará a la paz y a la seguridad, o el camino que lleva al conflicto, con consecuencias graves y condena internacional", ha planteado. El mandatario estadounidense ha querido incluso tentar a su interlocutor con la posibilidad de una nueva cumbre entre los presidentes Joe Biden y Vladímir Putin, a sabiendas de que el líder del Kremlin gusta de estos encuentros porque elevan su talla internacional como estadista y le legitiman ante la ciudadanía.

Rusia, por su parte, sigue esperando la "respuesta escrita" a las garantías de seguridad que exigía, ha respondido su homólogo ruso. Entre las demandas planteadas, se encuentra la retirada de la invitación de ingreso a Georgia y Ucrania, ambas exrepúblicas soviéticas, por parte de la OTAN, y el veto ruso a los despliegues militares que pueda realizar la Alianza Atlántica en los países que formaron en su día el Pacto de Varsovia, la desaparecida organización militar defensiva liderada por la URSS.

El representante ruso cree que ahora la pelota está en el tejado de la contraparte estadounidense, y ha evitado hacer un pronóstico de lo que pudiera suceder la semana que viene. "No puedo decir si estamos en el buen camino o no; eso lo sabremos cuando recibamos la respuesta norteamericana en papel a todos los puntos de nuestra propuesta", ha continuado. Acerca de una posible posible cumbre Biden-Putin, Lavrov ha dado a entender que aún queda mucho camino por recorrer. "No nos adelantemos a los acontecimientos... está claro que estos encuentros hay que prepararlos con seriedad", ha respondido.

Cierta suavización

El uso de la palabra propuesta podría implicar una cierta suavización de la postura rusa. Hasta el momento, los delegados rusos han insistido que carecía de sentido debatir acerca de otras cuestiones como desarme nuclear mientras no se aceptaran sus dos exigencias principales, que tanto la UE, la OTAN como EEUU se negaban siquiera a entrar a debatir argumentando que limitaba la soberanía de la alianza y de países terceros. Precisamente, entre los gestos que se sabe que la parte norteamericana baraja para responder a las demandas de Moscú se encuentra el retorno al Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio, firmado por Ronald Reagan y Mijaíl Gorbachev en 1987 y del que se retiró la Administración presidida por Donald Trump hace más de dos años aludiendo incumplimientos por parte de Rusia en la construcción y desarrollo de sus misiles.

La insistencia por parte de la delegación rusa de recibir garantías por escrito, a lo que se ha comprometido EEUU en las próximas rondas negociadoras, despierta reticencias entre algunos expertos. En su canal de Telegram, la analista Tatiana Stanóvaya ha alertado del peligro de que la eventual respuesta escrita de EEUU a las demandas rusas pueda ser utilizada para "desacreditar la posición de EEUU en las negociaciones". "¿Para qué es necesario una respuesta escrita cuando las posiciones de EEUU y la OTAN están claras?", se pregunta la experta.

Ya al inicio del encuentro, ambos dirigentes habían rebajado las expectativas de poder resolver durante la jornada las enormes diferencias que les separan, y habían dado a entender que el objetivo de sus conversaciones era comprobar si la diplomacia todavía tenía recorrido, después de que la semana pasada, los contactos mantenidos entre representantes estadounidenses y rusos se revelaran infructuosos.

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Antes de que la cita diera comienzo, Blinken ha admitido ante los periodistas la importancia de la misma. "Estamos en un momento crítico... no esperamos resolver nuestras diferencias hoy, pero queremos testear si la vía de la diplomacia permanece abierta", ha declarado el secretario de Estado norteamericano. A su lado, Lavrov también se había manifestado en el mismo sentido.

Más allá de la diplomacia, lejos de Ginebra, la tensión continua al alza. En la Duma, la Cámara baja del Parlamento ruso, varios diputados han planteado una propuesta de resolución invitando al presidente Putin a reconocer la independencia de las autodenominadas repúblicas populares de Donetsk y Lugansk, gobernadas por las milicias prorrusas, como método para salvaguardarlas de lo que denominaron como amenazas exteriores. Aunque el Kremlin aún no ha reaccionado a la idea, una de las alternativas que se ha barajado a la posibilidad de una invasión militar rusa de Ucrania -una suerte de opción nuclear con muchos costes para el Kremlin- es precisamente la admisión de iure de la segregación de ambas regiones respecto al Gobierno de Kiev. De facto, los dos territorios están firmemente integrados en Rusia: circula la divisa rusa y sus habitantes ya poseen pasaportes rusos.