Polémica orden judicial

El intento de desalojo de una familia palestina sube la tensión en Jerusalén Este

  • Los Salihiya se atrincheran en el tejado de su casa con bombonas de gas y gasolina y amenazan con quemarla antes que ser expulsados y la vivienda demolida

  • La policía israelí se han enfrentado a los palestinos del barrio, mientras las excavadoras han derruido el negocio familiar, un vivero de plantas

Un miembro de la familia  Salihiya junto a bombonas de gas en el techo de su casa en el barrio de Sheik Yarrah, en Jerusalén Este.

Un miembro de la familia Salihiya junto a bombonas de gas en el techo de su casa en el barrio de Sheik Yarrah, en Jerusalén Este. / ABIR SULTAN / EFE

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Andrea López-Tomàs
Andrea López-Tomàs

Periodista y politóloga.

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Las excavadoras ya han abandonado el barrio. A su paso, han dejado destrucción y agitación. Los hombres palestinos de la familia Salihiya aún no se atreven a bajar del tejado donde siguen atrincherados con bombonas de gas y gasolina. “No nos iremos; viviremos o moriremos”, ha proclamado el patriarca de la familia. Por primera vez desde el 2017, la policía israelí ha intentado desalojar por orden judicial a una familia en el polémico barrio de Sheij Jarrah en la ocupada Jerusalén Este. La resistencia palestina lo ha evitado esta vez, pero no sin luchar.

Mahmud Salihiya se niega a ser abandonar su hogar. La casa, donde ahora viven 15 miembros de su familia, entre ellos, ocho niños, fue comprada por su abuelo cuando fue expulsado de su vivienda durante la Nakba, el desastre para los palestinos que supuso la creación del Estado de Israel. Los Salihiya no quieren convertirse en refugiados por segunda vez. Por eso, cuando las fuerzas policiales han venido este lunes por la mañana a echar a la familia para demoler su casa y construir una escuela en su terreno, Mahmud se ha subido al techo y ha amenazado con quemarse vivo. 

Durante toda la jornada, un equipo negociador ha intentado convencer al padre de familia para que junto con otros jóvenes, abandonaran su improvisada trinchera. La tensión ha seguido aumentando a lo largo del día, con enfrentamientos entre palestinos y las fuerzas policiales. Representantes de la Unión Europea, de sus Estados miembros, incluido España, y de las Naciones Unidas (ONU) se han acercado al disputado barrio en calidad de observadores. “Israel debe detener los desalojos, de acuerdo con sus obligaciones en virtud de los derechos humanos”, ha tuiteado la coordinadora humanitaria de la ONU en Palestina, Lynn Hastings.

Ofensiva en mayo

Precisamente fueron las protestas en defensa de las familias amenazadas de ser desalojadas de Sheij Jarrah y la violenta respuesta policial la mecha que prendió los enfrentamientos entre Hamás e Israel el pasado mes de mayo. Los 11 días de ofensiva en la Franja de Gaza se cobraron más de 250 víctimas en el lado palestino y 13 en el israelí. Los representantes diplomáticos han pedido que el desalojo se posponga hasta que se celebre la vista judicial sobre este caso prevista para el 23 de enero. “Quemaré la casa y todo lo que hay en ella, no me iré de aquí, de aquí a la tumba, porque no hay vida, no hay dignidad”, ha gritado Mahmud Salhiyeh rodeado de bombonas de gas. 

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“Llevo 25 años de batalla con ellos, me enviaron colonos que se ofrecieron a comprar la casa y yo no acepté”, ha declarado desde el tejado de su casa. Finalmente, las excavadoras han abandonado las inmediaciones de la casa de los Salihiya pero no sin antes demoler su negocio. El vivero de plantas adyacente a su vivienda era parte del sustento económico de la familia pero este lunes ha quedado reducido a ruinas. Los palestinos del barrio de Sheij Jarrah son forzados a convivir con un pequeño grupo de nacionalistas judíos de derechas que se mudaron tras complejos casos de desalojo. 

Según la organización Ir Amim, unos 300 palestinos están bajo amenaza de ser desalojados en este barrio, en su mayoría en casos privados presentados por grupos de derecha. En el caso de la familia Salihiya, sin embargo, es la municipalidad de Jerusalén quién está expropiando el terreno para construir una escuela para necesidades especiales y varias guarderías. Los activistas de Sheij Jarrah lo ven como una parte más de la campaña israelí de expulsión y “limpieza étnica” de los palestinos de Jerusalén.