Debate en la UE

Los expertos ven en la energía nuclear un parche para la descarbonización

  • Ante la decisión de la CE de facilitar la inversión en energía atómica como mal menor, los expertos advierten de poca rentabilidad frente a las renovables

Central nuclear de Grunremmingen, el pasado 29 de diciembre, dos días antes de su cierre.

Central nuclear de Grunremmingen, el pasado 29 de diciembre, dos días antes de su cierre. / LUKAS BARTH (REUTERS)

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Carles Planas Bou
Carles Planas Bou

Periodista

Especialista en Redes, algoritmos y la intersección entre política y tecnología

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El futuro energético de la Unión Europea (UE) pasa por ser verde, pero quizás termina tratándose de un verde nuclear. Durante la Nochevieja de 2021, la Comisión Europea (CE) propuso modificar su clasificación de las energías limpias para incluir en la lista a la nuclear y al gas natural, lo que abre la puerta a que se invierta en ellas. La decisión de Bruselas ha abierto un profundo cisma en el club comunitario, que se debate entre la aceptación y el rechazo.

La discusión entre estados miembro se arrastra desde hace meses. Aunque hasta ahora quedaba excluida de la taxonomía europea, el nuevo texto legal considera que la energía nuclear no causa un daño significativo al medio ambiente y la incluye como fuente de transición, un ‘mal menor’ cuyo uso será temporal. Bruselas pretende dar ese estatus ‘verde’ a las centrales que ya están en marcha y a las que se construyan hasta 2045, pero para ello necesitará el consenso entre los Veintisiete.

En 2019 la UE selló un Pacto Verde para acelerar la descarbonización comunitaria y convertir al bloque en la primera región del mundo que reduce a cero las emisiones en 2050 y alcanza la neutralidad climática. Ese objetivo choca contra los dispares intereses de los estado miembro. Con 58 de las 183 centrales activas en la UE, Francia es la nación más nuclear. Su dependencia de esa industria —que produce el 70% de su electricidad— ha empujado a Emmanuel Macron a presionar por un cambio que rechazan países como Alemania —que completará su apagón atómico definitivo este año— o Austria, que incluso ha amenazado con denunciar el borrador.

La tensión en el seno de la UE ha reavivado el debate sobre la inclusión de la energía nuclear en la taxonomía europea. Sus partidarios esgrimen que los reactores no producen gases de efecto invernadero ni emiten dióxido de carbono durante su funcionamiento y que, durante su ciclo completo, genera emisiones más bajas que el gas o el carbón.

Nuclear, una inversión poco rentable

Sin embargo, las renovables son mucho más baratas, rápidas y limpias. Eso hace que algunos expertos teman las consecuencias que pueda tener su adopción. “Invertir en la energía nuclear, que lleva tres décadas casi parada, cuando tenemos una alternativa mejor y hacerlo además en plena emergencia climática es una locura”, explica Pedro Fresco, Director General de Transició Ecològica de la Generalitat Valenciana. “Moviendo la inversión de las renovables a la nuclear corremos el riesgo de cometer un gatillazo climático”.

En la lucha a contrarreloj para frenar el calentamiento global la eficiencia de las inversiones públicas juega un papel crucial. “En Europa casi no se construyen centrales nucleares desde hace décadas y eso sucede porque, más allá de su impacto climático, ni es rentable ni rápida”, explica Eloy Sanz, investigador en Energías Renovables en la Universidad Rey Juan Carlos. Esa lógica es la que esgrimió el pasado noviembre el vicepresidente de la CE, Frans Timmermans, quien pidió a los estados miembro apostar de forma “racional” por las renovables. “Tiene mucho más sentido (…) Las plantas nucleares son extremadamente caras de construir y su preparación requiere una increíble cantidad de tiempo”, apuntó.

El riesgo de los residuos tóxicos

Otro problema mayúsculo de las plantas nucleares es la gestión de residuos tóxicos que se generan durante la producción energética y su impacto en la salud pública y el medio ambiente. “El consenso académico es que lo mejor es enterrarlos en almacenamientos geológicos bajo tierra, pero Finlandia es el único país del mundo que está construyendo uno”, señala Sanz. Este doctor en Ingeniería Química señala que el texto de la CE obliga a los estados que quieran invertir en reactores nucleares a tener la infraestructura necesaria para gestionar los residuos de actividad media o baja, pero no los de alta. “Desde el punto de vista científico no tiene sentido”, añade.

Aunque en los últimos años se han blindado sus mecanismos de prevención y control, la seguridad de los reactores sigue inquietando a algunos expertos. “La posibilidad de un accidente es muy pequeña, pero el impacto puede ser muy grande”, apunta Fresco.

Manga ancha de Bruselas

Para que se materialice, el texto legal deberá ser sometido a consultas y aprobado posteriormente en el Consejo de Europa, con representación de los 27 gobiernos nacionales. Para facilitar su aprobación, la presidenta de la CE, Ursula von der Leyen, optó por añadir en la propuesta tanto la energía nuclear como la producida por gas, entre las que se dividen varios estados miembro.

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Así pues, los expertos apuntan que, más allá de su idoneidad medioambiental, el gesto de manga ancha de Bruselas supone un parche político temporal para encaminar esa descarbonización de la economía. “El objetivo es que algún día todo funcione con energías renovables (…) El problema es que actualmente son muy oscilantes y como no tenemos capacidad de almacenar la electricidad, no podemos depender 100% de estas. La energía nuclear, en cambio, es constante y puede ayudar a equilibrar la balanza”, explicaba a este diario Francisco Calviño, investigador en energía nuclear y catedrático de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC). Una línea también defendida por el comisario europeo de Mercado Interior, el francés Thierry Breton.

Aunque sea una medida de transición, un posible acuerdo político no cierra el debate. Y es que incluso los grupos científicos que han evaluado el informe de la CE no coinciden en si la energía nuclear es un mal menor o una piedra en el camino europeo hacia la neutralidad climática.