ELECCIONES FRANCESAS

El último tren de Mélenchon para sacar del declive a la izquierda francesa

  • El líder de la Francia Insumisa resiste como el candidato de izquierdas mejor posicionado en la campaña de las presidenciales

  • Su intención es aglutinar el electorado progresista a partir de la base ante la fuerte división de los partidos

Mélenchon en un mitin el pasado domingo.

Mélenchon en un mitin el pasado domingo. / AFP

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Enric Bonet

Unir a la izquierda desde la base en lugar de la cima. Es la aspiración del líder de la Francia Insumisa, Jean-Luc Mélenchon, en las presidenciales francesas de abril de 2022. Este histórico dirigente republicano y socioecologista quiere romper los sombríos pronósticos para la gauche en su tercera y última campaña presidencial.

Divididas, hundidas en los sondeos y casi desaparecidas de las ondas de televisión, las fuerzas progresistas se acercan al abismo en esta campaña. La socialista Anne Hidalgo ha caído por debajo del 5% y el verde Yannick Jadot no despega (5-7%). De todos ellos, el menos malo es Mélenchon (8-11%). Y eso hace soñar a sus simpatizantes con una remontada como la de 2017.

"Basta de lloriqueos"

“Tenemos que hacer la unión desde la base. Dejémonos de jeremiadas y ya basta de dudas y lloriqueos. ¡Al combate!”, aseguró el domingo pasado en un mitin en París el candidato insumiso. En las anteriores presidenciales logró pasar en pocos meses de un 10% en los sondeos a más de 19% en las urnas, quedándose a las puertas de la segunda vuelta.

A pesar de que numerosos tertulianos lo daban por muerto (políticamente) este verano, dio el pistoletazo de salida a su campaña reuniendo a unas 5.000 personas —no son tantas como las más de 10.000 del ultraderechista Éric Zemmour, pero se trata de una cifra inalcanzable ahora mismo para el resto de presidenciables de izquierdas— en este acto en el distrito financiero de la Défense.

Apoyos de la sociedad civil

Allí presentó su última iniciativa para postularse como el voto útil de la izquierda: el “Parlamento de la Unión Popular”. Este organismo está formado por 100 miembros de la Francia Insumisa (socios de Podemos en Francia) y 100 de la sociedad civil. Entre estos últimos destaca la presencia de la escritora Annie Ernaux, la activista altermundialista Susan George o la exportavoz de Attac Aurélie Trouvé, designada presidenta de este “Parlamento”. También lo integran algunos fichajes procedentes de otros partidos, como Thomas Portes —portavoz de la ecologista radical Sandrine Rousseau en las primarias que estuvo a punto de ganar— o el alcalde comunista Azzedine Taïbi.

“Queremos regar la política con la energía de los movimientos sociales”, defendió Trouvé en un encuentro con medios en que estuvo presente EL PERIÓDICO. “Hay un sentimiento presente en la población que me preocupa, el de rechazo de la política partisana”, añadió. Además de la división, el declive de la izquierda gala se debe al hartazgo de la población con la política y su divorcio con las clases trabajadoras y populares, claves en la victoria del socialista François Hollande en 2012. “Actualmente, los sondeos apuntan a unos niveles de participación extremamente bajos, de entre el 50% o el 60%. (…) Si logramos que haya una gran movilización, nuestras ideas pueden imponerse en abril de 2022, ya que son mayoritarias”, defiende la eurodiputada insumisa Manon Aubry.

Figura desgastada

En 2017, Mélenchon, de 70 años, articuló una interesante y heterogénea coalición electoral entre clases trabajadoras y medias, además de muchos jóvenes. Pero su figura se ha desgastado mucho en los últimos cinco años. Su actitud colérica durante un registro policial en octubre de 2018, sus habituales disputas con la prensa, las imputaciones de varias personas de su entorno por presuntas irregularidades en el financiamiento electoral, declaraciones erráticas sobre la vacunación contra el covid-19… La lista de polémicas que le han salpicado es larga. En estos comicios, a diferencia de las de 2012 y 2017, no cuenta con el apoyo del Partido Comunista Francés.

Los insumisos centran, sin embargo, sus esperanzas en el talento como orador de Mélenchon y en su programa electoral, bautizado L’Avenir en commun (El futuro en común) y considerado uno de los más completos. Bajar la edad de jubilación a 60 años, aumentar el salario mínimo hasta 1.800 euros brutos, un plan de inversiones ecológicas de 200 mil millones o la proclamación de una VI República francesa. Son las medidas más emblemáticas de una batería programática publicada a mediados de noviembre en las librerías. Desde entonces, se convirtió en el libro más vendido en la categoría de no ficción.

Hidalgo quiere unas primarias de la izquierda

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A pesar de ello, la figura de Mélenchon no genera consenso. Aún menos en las altas esferas de los otros partidos de izquierdas. Hasta siete candidatos progresistas podrían llegar a presentarse en los comicios de 2022. La socialista Hidalgo, hundida en los sondeos, propuso el miércoles por la noche unas primarias de toda la izquierda para evitar esta fragmentación. Su propuesta, bastante improvisada, sonó como un giro de guión de la serie Baron Noir. Ha sido rechazada por los insumisos, verdes y comunistas.

Ante estas perspectivas sombrías, los dirigentes de izquierdas se agarran a una oportunidad inesperada: la división del voto de la ultraderecha. La irrupción de Zemmour lastra las ambiciones de Marine Le Pen y rebajará probablemente el umbral de votos para llegar a la segunda vuelta. “Tenemos un agujero de ratón delante de nosotros, pero debemos palear para llegar a él. Solo hay un combate que estamos seguros de perder: el que no llevamos a cabo”, clamó Mélenchon en su último mitin.