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Capitán de Fragata Justo Solano: "No hay que olvidar a los afganos que han colaborado con nosotros"

El capitán de Fragata Justo Solano.

El capitán de Fragata Justo Solano. / MAITE CRUZ

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Kim Amor
Kim Amor

Periodista

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El capitán de Fragata Justo Solano, de 44 años, es miembro del Mando de Operaciones del Ministerio de Defensa, el equipo que aplicó el plan militar para evacuar los españoles y colaboradores afganos de Kabul. "Fue un trabajo de coordinación entre varios ministerios muy complejo donde se tuvieron que tomar decisiones de manera muy rápida", afirma tras haber participado en una mesa redonda sobre el operativo, organizada por Casa Asia en Barcelona.

¿Qué papel tuvieron en la operación?

Principalmente apoyar el plan del Ministerio Exteriores para sacar de Afganistán rápidamente a las personas que había convocado y que habían logrado llegar al aeropuerto de Kabul. Pensamos cómo dar el mejor apoyo, qué medios necesitábamos para llevar a cabo la misión y cómo y donde desplegarnos sobre el terreno.

Todo fue muy rápido, muy precipitado…

Sin duda, y eso que los militares estamos acostumbrados a que nos sorprendan y a actuar de inmediato. Se activó enseguida el centro de operaciones, formado entre 15 y 20 personas permanentemente, y se puso en marcha el plan. Se inició el despliegue de fuerzas el mismo día 16 de agosto. La situación requería acelerar toda la operación.

¿Qué información tenían de lo que estaba pasando en Kabul?

La que nos facilitaban las fuerzas de la coalición, a través de los enlaces rutinarios que teníamos con otros países aliados y otras fuerzas sobre el terreno. Como sabrá, nosotros nos replegamos de Afganistán en mayo, pero siempre mantuvimos el contacto con el mando estadounidense. La información era que la situación se estaba deteriorando.

EEUU anunció su total repliegue con varios meses de anticipación ¿Contemplaron en algún momento que sería necesaria una evacuación?

Una cosa así nunca se descarta y nosotros siempre estamos preparados para reaccionar ante los retos que se nos presenten. Pero sorprendió a todos lo rápido que evolucionó la situación y eso nos obligó a reaccionar contra reloj. Lo hicimos de la mejor forma posible, dentro de los medios que disponíamos y nuestras capacidades.

¿Tuvieron que cambiar el plan inicial?

El plan fue evolucionando. Lo tuvimos que revisar dos o tres veces para adecuarlo a una situación que era muy cambiante y dar las órdenes directas a las unidades para que ejecuten las operaciones.

¿Fijó el Gobierno un plazo para cumplir con la misión?

El plan inicial del Gobierno fue llevar a cabo la evacuación del 23 al 27 de agosto. Pero como sabe, todo se precipitó. A principio se planteó que fueran aviones fletados civiles los que aterrizaran en Kabul, pero la situación no lo permitió. Los aviones militares llevaron a cabo hasta 17 vuelos de Kabul a Dubái, donde establecimos el 'hub'. De ahí, las personas evacuadas volaron a Madrid con aviones civiles.

¿Desde el punto de vista militar cuál fue la situación de mayor dificultad?

Conseguir las ventanas en el aeropuerto. Es decir el periodo de tiempo que teníamos para llenar de gente los aviones desde el aterrizaje hasta el despegue. Al principio muy difícil ajustarse porque compartíamos el espacio del aeropuerto con otros países y con multitud de aviones.

¿Los colaboradores y cooperantes afganos cómo pudieron identificar en medio del caos que reinaba en el aeropuerto el lugar de concentración?

A través de las indicaciones que les dio el Ministerio de Exteriores. Había que acercarse a una de las puertas del aeropuerto. Una vez allí, se utilizaron diferentes señales, como la bandera española o pañuelos rojos. Teníamos efectivos desplegados cerca de la puerta que se encargaba de identificar a las personas y comprobar el salvoconducto de Exteriores.

¿Cuál fue el momento más difícil?

La aglomeración que obligó a cerrar las puertas de acceso al aeropuerto porque había mucha gente que había invadido las pistas. En ese momento no sabíamos cómo íbamos a ser capaces de seguir con la operación. No estaba en nuestras manos.

Se dejó gente atrás ¿Qué falló?

No puedo valorar de forma general si hubo o no fallos, pero desde el punto de vista militar, no los hubo. Nuestra misión era evacuar a la gente que llegaba al aeropuerto y así lo hicimos. Nosotros evacuamos a 1900 personas en dos semanas. Desconozco cuántos quedaron en tierra o cuántos no consiguieron llegar al aeropuerto, pero los que llegaron los evacuamos.

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¿Qué ha aprendido de esta experiencia?

Que no es nada fácil la vida en estos países y que hay que valorar mucho el trabajo que han hecho los afganos que han colaborado con nosotros. Se ve al Ejército, a las agencias de cooperación, pero hay que fijarse, sobre todo, en los nacionales que han colaborado con nosotros por el beneficio de su país y de la seguridad internacional. Y lo que he aprendido es que no hay que olvidarlos. Por eso pusimos todos los esfuerzos que estaban en nuestras manos para sacarlos de ahí.