Coronavirus

Un foco de covid en 11 provincias de China activa todas las alarmas

  • El actual rebrote es el peor desde el pasado julio en Nanjing

 Un grupo de peatones cruza las calles de Pekín protegidos con máscaras

 Un grupo de peatones cruza las calles de Pekín protegidos con máscaras / AFP PHOTO / WANG ZHAO

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Adrián Foncillas
Adrián Foncillas

Periodista

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China vuelve a apretar los dientes ante la infinitesimal presencia del coronavirus. Las 133 infecciones en el país más poblado del mundo han bastado para accionar los protocolos de alarma que incluyen tests masivos, restricciones de movimiento y cancelaciones de actos públicos. Sigue innegociable su estrategia de tolerancia cero frente a un mundo que ve en la convivencia con el virus un mal menor y es descartable un giro por la inquietud a que algún rebrote arruine los eventos deportivos y políticos del próximo año. 

El actual rebrote es el peor desde aquel de julio con epicentro en Nanjing y que fue, a su vez, el peor desde que la pandemia estallara en Wuhan. Desde China se subrayan los riesgos: los casos se han extendido a 11 provincias, casi todas en la ladera septentrional, desde que los primeros fueran detectados una semana atrás en grupos de turistas locales de Mongolia Interior. Las autoridades sanitarias ya han alertado de que el cuadro se agravará en los próximos días y que, si todos los protocolos se aplican con prestancia, no será sofocado antes de un mes. Los análisis confirman que se trata de la variante delta pero descartan coincidencias con cepas detectadas antes en el país. La conclusión elemental es que llegó del exterior y la pregunta inmediata es cómo pudo colarse cuando China se blinda con cuarentenas estrictas de hasta un mes a los llegados.   

Las investigaciones discurren en paralelo al levantamiento de cortafuegos para embridar los contagios. Las autoridades han ordenado los tests masivos sobre las poblaciones de las zonas afectadas y el encierro domiciliario de los 35.000 vecinos del pequeño condado mongol que concentra el grueso de contagios. En Gansu, una provincia agraria, han sido suspendidos los autobuses y taxis mientras en su capital, Lanzhou, han cerrado los centros turísticos. A los operadores de viajes se les han prohibido los destinos afectados.  

Desaconsejadas las reuniones

Pekín, con una decena de casos sobre una población de veinte millones, desaconseja las reuniones multitudinarias y los viajes prescindibles y exige a los llegados de lugares con alerta media o alta una PCR negativa realizada en los dos días anteriores. También ha cancelado su maratón del próximo domingo, una cita con casi cuatro décadas de tradición, y a la que se habían apuntado ya 30.000 capitalinos. Ayer fue suspendida en el último minuto la maratón de Wuhan, presunta cuna de la pandemia, con los atletas ya con su indumentaria deportiva.  

En China se juntan todos los factores que recomiendan respuestas menos disruptivas para la vida. Padece su economía con las cuarentenas y las fronteras cerradas, la presencia del coronavirus es exigua y el 75 % de su población ha recibido la pauta de vacunación completa. Pero las autoridades siguen firmes, desoyendo las voces que desde dentro y fuera apuestan por coexistir con el virus. Sus autoridades sanitarias han elevado el umbral de la inmunidad del rebaño hasta el 80 % de la población vacunada que se alcanzará a la finales de año.

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Un par de razones explican que China enarbole en solitario la bandera de la tolerancia cero. El calendario es una. Faltan apenas un centenar de días para que prenda el pebetero en Pekín de los Juegos Olímpicos de invierno y China quiere mostrar al mundo que las multitudes también son gestionables en tiempos de pandemia. Y meses después se celebrará el congreso del Partido Comunista, otra oportunidad para la enésima elevación a los altares de Xi Jinping. Es comprensible el miedo en China a que algún rebrote los arruine.

El aluvión de contagios que padecen algunos países tras relajar sus políticas es la otra. Singapur, globalmente ensalzada por su lucha contra la pandemia, sirve de ejemplo: en junio jubiló la “tolerancia cero” confiando en su alta de tasa de vacunación y en septiembre hubo de recuperar algunas de las medidas suspendidas como las reuniones limitadas a dos personas o las recomendaciones del teletrabajo. La pequeña ciudad-estado batió la semana pasada el récord de muertos diarios y ya enlaza 35 días consecutivos con fallecidos.