Tensión política

Erdogan redobla la mano dura en plena caída de su popularidad

  • El presidente turco pierde posiciones en los sondeos y la mayoría del país no descarta que pierda los próximos comicios

  • Las autoridades endurecen la represión contra los críticos del dirigente islamista

 La estudiante Misra Sapan recibió un rodillazo de la policía turca en el ojo al ser arrestada en una protesta estudiantil. 

La estudiante Misra Sapan recibió un rodillazo de la policía turca en el ojo al ser arrestada en una protesta estudiantil.  / Adrià Rocha Cutiller.

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Adrià Rocha Cutiller
Adrià Rocha Cutiller

Periodista

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Unas horas antes de que Misra Sapan, estudiante universitaria, saliese de su casa para ir a la universidad a protestar, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, llamó a la gente como ella "terroristas". Erdogan se refería al grupo de jóvenes que protestan desde hace un año contra el nombramiento por parte del Gobierno de un nuevo rector para la Universidad del Bósforo, una de las más prestigiosas de Turquía. Y así, Sapan llegó a las puertas de la universidad con sus amigos. Les estaban esperando. “Cuando empezamos a protestar, la policía quiso saber quiénes éramos y se llevaron nuestros carnés. Mientras esperábamos nos dimos cuenta de que lo que pasaba no era normal”, recuerda Sapan.

Después se dijeron que lo intentarían igualmente. Seguirían. Al dar el primer paso para marchar, la policía cargó contra ellos. Ella cayó al suelo. Una rodilla uniformada impactó contra su ojo derecho. Ocho jóvenes fueron detenidos. “Nos llevaron al coche patrulla y allí continuaron pegándonos. Un policía incluso golpeó la cabeza de uno de mis amigos contra el cristal del coche”, explica la estudiante.

Las protestas en la Universidad del Bósforo son solo una de las muchas protestas que se están produciendo en Turquía simultáneamente. Muchas de ellas acaban de una forma parecida, con la policía cargando, deteniendo y abriendo causas contra los manifestantes. El motivo, según muchos expertos, son las horas bajas por las que atraviesa el Ejecutivo turco. 

“Erdogan parece vivir en una burbuja, con todo el poder político en sus manos, y no puede ver el alza del ‘anti-Erdoganismo’ en el país. No puede ver la realidad política. Por eso, su única forma de actuar se basa en la represión, dado que no tiene ya ninguna herramienta para la inclusión, la tolerancia o la unión entre partes de la sociedad… Solo se puede beneficiar de la división”, considera Nezih Onur Kuru, politólogo de la Universidad de Koç.

El dirigente más querido

Desde que llegó al poder en 2002, hace 19 años, Erdogan ha sido, de largo, el político más querido en Turquía. Nadie le hacía sombra ni se le acercaba. Y sus seguidores le pusieron varios motes al respecto: Reis’ (capitán), ‘Tayyip baba’ (el padre Tayyip) y ‘Uzun adam’ (el alto hombre), entre otros.

Pero hace un par de años, la situación empezó a cambiar. Su popularidad ha caído en picado. Según varias encuestas, Erdogan ya no es el político mejor valorado del país, sino el cuarto, por detrás del alcalde de Estambul, Ekrem Imamoglu; el de Ankara, Mansur Yavas; y la líder del Buen Partido, Meral Aksener. Los tres son miembros de la oposición. 

Hay más: por primera vez, la media de las encuestas turcas asegura que el partido de Erdogan, el AKP, perdería las elecciones si se celebrasen ahora; y Erdogan tendría serias dificultades para ganar en unas presidenciales si en su contra se presentaran Imamoglu o Yavas. 

"El deterioro económico es el motivo principal. Erdogan solo toma decisiones para ayudar al sector de la construcción, que está en contra de los tipos de interés altos. La lira turca se devalúa rápidamente, de una forma loca. El electorado lo está notando en su economía familiar porque la inflación que sufre ahora mismo Turquía afecta directamente a la gente”, explica Kuru, que considera que el Gobierno de Erdogan se ve más obligado que nunca a recurrir a la mano dura contra la oposición, ya sea política o ciudadana. “Erdogan siempre intenta dividir a la oposición para consolidarse”, dice el politólogo.

Prohibidos los insultos

En los últimos años el número de personas investigadas, juzgadas y condenadas por insultos al presidente se ha multiplicado en Turquía. Cualquiera que critique al Gobierno en redes sociales y vea como su mensaje se viraliza puede acabar con una citación en los tribunales. 

“Por cada interrogante, por cada post, se abre una nueva causa judicial, se dan órdenes de detención. Y así es como la libertad de expresión queda completamente eliminada. En los últimos cinco años se ha juzgado a miles de personas por haber publicado unos simples tuits, por haber escrito algo en sus redes sociales que no es del agrado del Gobierno”, explica el abogado Özgür Urfa. Él mismo llegó a ser condenado por insultos al presidente a raíz de la defensa que escribió para su cliente mientras era juzgado, también, por insultar al presidente.

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Para muchos, la lucha continúa, con la vista puesta en las próximas elecciones, a un año y medio vista. “Lo intentan todo para intimidarnos, pero saben que no les tenemos miedo”, explica la estudiante Sapan. “Nuestra lucha ya no es solo por la universidad, sino que luchamos por nuestra libertad. No importa ya lo que hagan. Nuestra resistencia no terminará”.

"Una operación contra la nación"

Erdogan no acepta los resultados que dan las encuestas. Todo lo contrario: "Está claro para quién y con qué propósito han sido hechos los últimos sondeos", dijo el presidente turco, sin especificar a quién se refería. "Estamos seriamente cansados de este tipo de manipulaciones. Las encuestas realistas que salgan servirán para destapar sus manipulaciones. Siempre ha habido intentos de hacer operaciones psicológicas en contra de nuestra nación. Estamos acostumbrados", continuó Erdogan. 

Pero la situación sigue siendo complicada para el presidente turco. Incluso empresas demoscópicas que antes siempre daban buenos resultados para el AKP, el partido del Gobierno, ahora reflejan la caída de su popularidad. 

“Como sabrán, publicamos los resultados de nuestro sondeo ayer”, dijo Mehmet S. Pösteki, director general de la empresa demoscópica ORC, la semana pasada. “Probablemente porque los resultados no fueron satisfactorios para el AKP, un jefe del partido nos llamó diciendo que no seguimos las normas científicas y éticas. Honestamente, no nos sorprendió”, continuó Pösteki.

Y mientras tanto, la presión contra el Gobierno se incrementa exponencialmente. Esta semana, la lira turca, la moneda local, ha llegado a mínimos históricos y, con una inflación anual del 19%, muchos turcos ven como su dinero y sus ahorros se esfuman al paso de los días.