Cambios en Alemania

La política alemana se rejuvenece

  • Hasta un 30% del nuevo parlamento federal estará compuesto por diputados de hasta 40 años

  • Ecologistas y liberales avanzan entre las nuevas generaciones en detrimento de socialdemócratas y conservadores

La cancillera alemana, Angela Merkel, y la dirigentes de Los Verdes, Annalena Baerbock, en enero de 2020 durante una sesión del Parlamento alemán.

La cancillera alemana, Angela Merkel, y la dirigentes de Los Verdes, Annalena Baerbock, en enero de 2020 durante una sesión del Parlamento alemán. / FILIP SINGER / EFE

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Andreu Jerez
Andreu Jerez

Periodista

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Las elecciones alemanas del pasado 26 de septiembre no sólo han dejado un Bundestag más grande –735 escaños, 26 más que la pasada legislatura–, sino también más joven: alrededor del 30% de las diputadas y los diputados tienen 40 años o menos. Tras los comicios del 2017, ese porcentaje de representantes era sólo del 15%.

Difícilmente encontraremos un resultado más simbólico de ese rejuvenecimiento de la política alemana que el del distrito electoral histórico de la cancillera saliente, Angela Merkel: la joven candidata socialdemócrata Anna Kassautzki, de tan sólo 27 años, ganó el mandato directo en la circunscripción de Antepomerania-Rügen. Tras más de tres décadas de victorias de Merkel, en ese distrito del noreste alemán no sólo hay un cambio generacional sino también de orientación política, lo que resume en cierta manera lo ocurrido en las urnas.

Los dos partidos más votados a nivel federal siguen siendo los socialdemócratas del SPD y la unión conservadora de la CDU-CSU. Pero la evolución electoral de esa Gran Coalición, que ha gobernado tres de las últimas cuatro legislaturas en Alemania, muestra claramente una tendencia decadente: si a finales del siglo pasado los dos grandes partidos históricos todavía eran capaces de ganar elecciones con el 40% o más de los votos, hoy apenas pueden soñar con acercarse al umbral del 30%.

SPD y CDU-CSU siguen siendo, en efecto, las opciones políticas preferidas entre el electorado de la franja de edad de entre 45 y 59 años, y también entre los mayores de 60. La generación baby-boomer va perdiendo, sin embargo, peso a nivel electoral por una pura cuestión fisiológica. Las generaciones mayores van muriendo y con ellas, el predominio electoral de los dos grandes partidos alemanes de postguerra. El SDP y la CDU-CSU parecen ser más pasado que presente en la política alemana.

Verdes y liberales, más jóvenes

Dos partidos destacan entre los jóvenes y nuevos votantes de Alemania: los ecoliberales de Los Verdes y los liberal-conservadores del FDP. El tercer y cuarto partido más votado en los últimos comicios fueron también lo preferidos en la franja de edad de los 18 a los 29 años. Los ecologistas obtuvieron un 22% de los votos entre los millenials tardíos y entre los integrantes de la llamada Generación Z. El FDP, por su parte, se llevó el 19% de los votos en esa misma franja de edad. Entre los primeros votantes, los liberales incluso fueron primera fuerza con el 23%. Este dato ha sorprendido a politólogos y analistas, puesto que las posiciones de izquierda y ecologistas solían predominar en las capas jóvenes de Alemania.

Si se comparan los resultados del 2017 con los de este año, el avance de verdes y liberales es indiscutible entre los más jóvenes: los ecologistas ganaron once puntos y el FDP, seis. Los socialdemócratas y la CDU-CSU perdieron, por el contrario, dos y catorce puntos respectivamente. El descalabro conservador es especialmente duro entre las nuevas generaciones: el partido Merkel sólo obtuvo mejores resultados que los poscomunistas de Die Linke y que la ultraderecha de Alternativa para Alemania (AfD). El peor resultado dela historia (24,1%) de la unión conservadora no es sólo, por tanto, una mala noticia para el presente político del partido, sino que también dibuja un panorama futuro aciago para la CDU.

Brecha generacional

En busca de las razones de este rejuvenecimiento político, el primer motivo más lógico es la edad de los líderes de los partidos: la candidata verde, Annalena Baerbock, tiene 40 años. El presidente y cabeza de cartel electoral del FDP, Christian Lindner, tiene 42. Parece normal que los votantes más jóvenes empaticen más con candidatos que parecen representar mejor sus intereses por una pura cuestión generacional. Los candidatos del SPD, Olaf Scholz, y el democristiano, Armin Laschet, tiene 63 y 60 años respectivamente.

Pero la argumentación generacional parece insuficiente para explicar ese trasvase de votos intergeneracional. Como apuntan desde hace tiempo las encuestas de opinión, la crisis climática está entre las principales preocupaciones de la juventud alemana. Y Los Verdes son el partido que mejor y más claramente ha tematizado la cuestión climática, y cuyo programa tiene objetivos más ambiciosos para alcanzar la descarbonización de la economía y la reducción de emisiones de efecto invernadero.

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Los motivos del avance liberal entre los jóvenes parecen más complejos: “Mientras otros partidos apoyaron y aplicaron las restricciones durante la crisis del coronavirus, el FDP fue la única fuerza, más allá de AfD, que levantó su voz por los derechos individuales”, dice el politólogo Uwe Jun en declaraciones a la televisión pública ARD. “Y eso gusta a la gente joven, así como también otras de sus posiciones como la liberalización de la política de drogas”, argumenta Jun, que también apunta a la gran apuesta del FDP por digitalizar la economía a través de una mejor infraestructura de Internet o la efectiva presencia del partido en las redes sociales.

A falta de saber cuál podría ser el impacto de este rejuvenecimiento de la política alemana a medio y largo plazo, a corto término ya hay una consecuencia: si no hay sorpresas, la República Federal se dirige hacia la primera Coalición Semáforo (SPD, verdes y liberales) a nivel federal de su historia. La gobernabilidad del país pasa obligatoriamente por contar con el apoyo de los dos partidos más votados entre los jóvenes.

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