Tensión en Asia

Taiwán advierte de que la tensión con China es la más alta en 40 años

  • Taipéi ha sufrido 150 incursiones de cazas y bombarderos chinos en la última semana

Un miembro de las Fuerzas Especiales de Taiwán.

Un miembro de las Fuerzas Especiales de Taiwán. / EFE

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Adrián Foncillas
Adrián Foncillas

Periodista

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La tensión en el estrecho de Formosa ha alcanzado su cúspide tras cuatro décadas y Pekín estará lista para invadir Taiwán en cuatro años, han alertado este miércoles las autoridades de la isla. Se trata del último capítulo de la tirantez cíclica entre Pekín y Taipéi.

La alarma actual llega de los vuelos de cazas y bombarderos chinos en la Zona de Identificación de Defensa Aérea taiwanesa (ADIZ, por sus siglas inglesas). Su frecuencia, unos 150 vuelos en los primeros cuatro días de la semana de vacaciones, es ciertamente inédita, pero el asunto recomienda una aclaración. La ADIZ es un área de seguridad que algunos gobiernos establecen para exigir el permiso de entrada a aviones extranjeros y que excede con mucho la soberanía aérea que se proyecta sobre su territorio. La ADIZ taiwanesa es particularmente optimista: se extiende mucho más allá de los 130 kilómetros del estrecho hasta adentrarse en suelo continental. Los aviones chinos, de hecho, volaron más cerca de su orilla que de la ajena. Quedaron muy lejos, para entendernos, de la icónica Torre 101 de Taipéi.

Las maniobras, sin embargo, fijan el deterioro del clima, aumentan el riesgo de un accidente fortuito y alimentan las declaraciones alarmistas. El ministro de Defensa, Chiu Kuo-cheng, informó al Parlamento de que las relaciones han llegado a su punto más bajo en 40 años e insinuó una invasión en 2025. "Ya dispone en la actualidad de la capacidad suficiente pero no empezará una guerra fácilmente porque quedan muchos aspectos a considerar", dijo el ministro, sin aclarar a qué aspectos se refería. "Para mí, como militar, la urgencia ya está aquí", añadió. Sus afirmaciones llegan cuando el Gobierno tramita un presupuesto militar especial de 8.600 millones de dólares destinado a mejorar su sistema de misiles.

Amenaza china

La presidenta, Tsai Ing-wen, había llamado a la resistencia un día antes y prometido que la isla "hará lo que sea necesario" para defenderse. "A medida que los países son más conscientes de la amenaza que supone el Partido Comunista de China, deben también comprender la importancia de trabajar con Taiwán y recordar que la caída de Taiwán traería consecuencias catastróficas para la paz regional y el sistema de alianzas democráticas", añadió.

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La armonía en el estrecho depende de quién ocupa el poder en Taipéi. La victoria en 2016 del Partido Democrático Progresista, partidario de mantener las distancias con Pekín, arruinó la concordia que había presidido el mandato del Kuomintang, y la reelección de Tsai el pasado año agotó la paciencia de Pekín. La reunificación es el final del resurgimiento chino y la espera se le hace larga a su presidente, Xi Jinping, que aspiraba a pasar a la historia como su artífice. El asunto debería estar resuelto en las próximas décadas y nunca más allá de 2049, el centenario de la llegada a la isla de los perdedores de la guerra civil, pero el contexto no ayuda: el Kuomintang sufre una crisis galopante y entre los jóvenes anida una identidad cada día más taiwanesa.  

Al problema se añade la costumbre estadounidense de irritar a China con el asunto taiwanés cuando arrecian las tiranteces entre ambas potencias. Joe Biden ha rebajado las provocaciones de su predecesor, Donald Trump, y prometió a Xi en su última conversación que se mantendría fiel al principio de "una sola China". No ha variado la política, sin embargo, de venderle armas a un país que no reconoce para defenderse de otro al que sí reconoce.

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