Giro a la izquierda

El renacer de la socialdemocracia europea

  • Una eventual victoria del SPD en Alemania serviría para redondear la vuelta al poder de los socialdemócratas en el norte de Europa

  • La fragmentación política en muchos países obliga a formar coaliciones, flexibilizar las posturas y ser más pragmáticos

El líder del Partido Laborista de Noruega, Jonas Gahr Store, celebra con un ramo de flores la victoria en las elecciones legislativas celebradas el pasado 13 de septiembre.

El líder del Partido Laborista de Noruega, Jonas Gahr Store, celebra con un ramo de flores la victoria en las elecciones legislativas celebradas el pasado 13 de septiembre. / JAVAD PARSA / AFP

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Kim Amor
Kim Amor

Periodista

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La socialdemocracia europea, a la que muchos daban ya por acabada, parece renacer de sus cenizas. La posibilidad de que el SPD de Olaf Scholz pueda formar gobierno tras el ajustadísimo resultado en Alemania no es el único síntoma. Hay que sumar los éxitos recientes en los países nórdicos. Por primera vez en 60 años, los gobiernos de las cinco naciones de la región --Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia-- están en manos de líderes de partidos de izquierda --en la mayoría de los casos en coalición-- o están en proceso de hacerlo, como Noruega, que ha sido el último en sumarse a la familia. El conocido como “modelo nórdico” no deja de ser una amenaza para la derecha europea y un acicate para las izquierdas del continente. La pandemia ha tenido mucho que ver con el vuelco electoral en esta parte del mundo y probablemente lo tendrá en el descalabro de aquellos dirigentes populistas que han ninguneado el virus. Hay indicios de que así será.

La socialdemocracia del siglo XXI no es la misma que acaparó el poder en las primeras décadas tras la segunda guerra mundial, con cómodas mayorías parlamentarias fruto de la consolidación del Estado de bienestar, del que fue artífice. “La fragmentación política de hoy ha abierto un nuevo escenario político con victorias frágiles que obligan a estos partidos a formar coaliciones, lo que les lleva a tener que modificar su agendas, a ceder y a ser más pragmáticos”, dice Carme Colomina, investigadora y experta en la Unión Europea del CIDOB, un 'think tank' con sede en Barcelona.

Protección social

“Nosotros no pensamos en la socialdemocracia como algo opuesto al libre mercado o a la propiedad privada y la inversión”, ha dicho a la 'BBC' la periodista y escritora finlandesa, Amnu Partanen, autora del ensayo ‘La teoría nórdica del todo'. “En los países nórdicos puedes tener socialdemocracia y capitalismo al mismo tiempo”, ha añadido. Una fórmula que permite coexistir al libre mercado con un buen sistema de protección social, eso sí, subiendo los impuestos a los más ricos y moderando el pago de tributaciones a las clases bajas y medias.

El Gobierno socialdemócrata de Dinamarca es un claro ejemplo de este desplazamiento del programa político hacia la derecha, en este caso presionado por la ultraderecha. Es el país de la UE con una política más dura y restrictiva sobre inmigración. La misma primera ministra danesa, Mette Frederiksen, se encargó de recordar a sus electores que en la década de los ochenta tan solo el 1% de los residentes en Dinamarca eran “no occidentales”, frente al 10% actual. Pero de la misma manera que el "modelo nórdico" asume postulados económicos liberales o actitudes claramente xenófobas, como el caso danés, también ha introducido en sus programas propuestas mediambientales. Se han vuelto más verdes.

Este impulso socialdemócrata en estos tiempos de sobresaltos y rápidas transformaciones sucede tras una década de sonados fracasos. La izquierda europea no supo aprovechar la crisis financiera del 2008 para captar el voto de las víctimas de la economía de casino e imponer normas para controlar los desmanes del mercado especulativo. Fue la política de duros ajustes impuesta por la Alemania de la cancillera Angela Merkel y la Troika comunitaria la que salió al rescate de los bancos –con dinero público-- y no de las personas, con las consecuencias ya conocidas para los países del sur de Europa.

Tampoco supo cómo reaccionar a la crisis de los refugiados de 2015, que acabó alimentando el discurso xenófobo y el auge de la extrema derecha y los partidos populistas conservadores. Fuerzas políticas como las que hoy gobiernan en Hungría, Polonia o Eslovenia, envalentonadas por la llegada a la Casa Blanca de Donald Trump.

Tierra de oportunidades

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El buen hacer del actual “modelo nórdico” queda reflejado en el Índice de Movilidad Social de 2020, la lista de países que ofrecen mayores oportunidades a sus habitantes para tener éxito en sus vidas. Los cinco de la región ocupan los primeros puestos. También aparecen entre los ocho primeros países más felices del mundo, según Naciones Unidas. “El sueño americano es más fácil de lograr en los países nórdicos que en Estados Unidos”, dijo la primera ministra finlandesa, Sanan Marin, que asumió el cargo en diciembre de 2019, convirtiéndose a los 34 años en la jefa del Ejecutivo más joven del mundo.

El despertar de la socialdemocracia coincide además con síntomas de agotamiento de los populismos de derechas, arrastrados por su nefasta gestión de la pandemia. El ejemplo más claro es la Hungría del primer ministro ultraconservador Viktor Orban, que dirige el país con mayor número de fallecidos de covid por habitante, después de Perú. Una alianza opositora amenaza el dominio del partido Fidesz en las elecciones previstas para el año que viene. Los sondeos indican que, de mantenerse unida la coalición, derrotaría al partido de Orban.  “Los europeos han tomado conciencia de la necesidad de un Estado fuerte que les proteja”, afirma Colomina. “La pandemia ha generado un sentimiento de vulnerabilidad, no solo entre los ciudadanos sino también en los gobiernos”, añade la investigadora.