Crisis migratoria en EEUU

Miles de migrantes haitianos se hacinan en Texas y abren un nuevo frente a Biden

  • Más de 12.000 inmigrantes, en su mayoría haitianos, se hacinan en condiciones miserables bajo un puente en Del Río

  • La situación desborda a las autoridades y crea una nueva crisis migratoria para Biden, atacado por los republicanos

Miles de migrantes en busca de asilo en EEUU esperan a ser atendidos bajo el puente Internacional de Del Río, Texas.

Miles de migrantes en busca de asilo en EEUU esperan a ser atendidos bajo el puente Internacional de Del Río, Texas. / GO NAKAMURA (REUTERS)

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Idoya Noain
Idoya Noain

Periodista

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El sábado pasado eran 2.500 almas. El jueves por la mañana, unas 8.400. Para cuando cayó la noche eran ya más de 10.500 y otros, las autoridades lo dan por hecho, van a seguir llegando -este viernes la cifra ha superado ya los 12.000-. Se hacinan bajo un puente internacional que une sobre el Río Grande la localidad texana de Del Río con la mexicana de Acuña en condiciones miserables: sobre la tierra polvorienta que hace de colchón, sufriendo temperaturas que alcanzan los 37 grados centígrados, con solo 22 baños portátiles pero sin agua y prácticamente sin comida. Son en su mayoría, cerca del 70%, haitianos, pero también hay venezolanos, cubanos, nicaragüenses, hondureños... Y son los protagonistas de la última emergencia humanitaria en la frontera de Estados Unidos.

La situación ha desbordado a las autoridades y responsables fronterizos locales y del país y también a las organizaciones civiles que ayudan a inmigrantes y refugiados. Y para Washington, que en estos momentos debe gestionar la acogida y asentamiento de más de 60.000 evacuados de Afganistán, lo que sucede en Texas abre un nuevo capítulo en la crisis migratoria que enfrenta el presidente Joe Biden. Bajo su Administración en agosto se registraron más de 200.000 detenciones por cruces de la frontera sin papeles, el número más alto en las dos últimas décadas y que eleva a más de 1,5 millones los cruces durante el último año fiscal.

Lo que sucede en Texas abre, también, otro episodio de las guerras políticas por la inmigración en EEUU, con los republicanos usando esta última crisis tanto como arma de ataque a Biden como para relanzar sin tapujos el discurso xenófobo.

Una crisis intensificada

En los últimos 11 meses casi 30.000 haitianos habían llegado por la frontera sur a EEUU, incluyendo algunos que salieron del país tras el terremoto de 2010 y que han formado familias en Brasil y otros países de Latinoamérica, con las que ahora emprenden el peligroso viaje al norte. Esa migración se intensificó tras el asesinato del presidente Jovenel Moïse en julio y otro terremoto de magnitud 7,2 en agosto que golpeó a la ya azotada isla, dos acontecimientos tras los que la Administración Biden, que ha extendido el estatus de protección temporal para los haitianos, frenó los vuelos de deportación a Haití, aunque planea reiniciarlos este lunes.

La idea es desincentivar a otros haitianos a cruzar la frontera pero de momento la llegada de estos migrantes a Del Río es una realidad que ha sobrepasado a velocidad inusitada incluso las peores previsiones. La patrulla de fronteras y aduanas ha anunciado oficialmente que va a enviar refuerzos de personal para lidiar con la situación, en la que los agentes no detienen a quienes se hacinan bajo el puente sino que les dan un número para que se entreguen ordenadamente y empezar entonces a procesar sus solicitudes, un impasse de espera que puede llevar hasta dos semanas y que crea una situación insostenible ante el deterioro acelerado de las condiciones de salubridad del campamento bajo el puente.

De momento los agentes están "sobrepasados", según ha reconocido en el 'Texas Tribune' Joe Frank Martínez, el sheriff del condado de Val Verde, al que pertenece Del Río. Y es la misma situación que describe el líder del principal sindicato de agentes fronterizos del sector. "Estamos intentando traer todos los recursos que podemos pero es una pesadilla logística", le ha dicho Jon Anfinsen a 'The Washington Post', donde ha explicado también que se da prioridad a las familias con niños y que "la moral es terrible". "Estamos cogiendo agentes de todo el país para que ayuden pero no van a estar aquí hoy y simplemente intentamos mantenernos a flote".

Ansiedad

Hace ya siete meses que el alcalde de Del Río, el demócrata Bruno 'Ralphy' Lozano, avisó de que necesitaba más ayuda federal para enfrentar una ola creciente de cruces en la frontera que creaba una situación en la que considera "víctimas" tanto a los inmigrantes, "estresados y realmente ansiosos", como a los vecinos de esta localidad de 35.000 habitantes.

Organizaciones locales como la Coalición Humanitaria de Frontera Val Verde también reconocen la complicada situación. "No podemos ayudar a tanta gente", ha dicho Tiffany Burrow, directora de operaciones del grupo, a 'The New York Times'. "La ciudad no va a poder mantener toda esta gente y la ciudad bajo el puente podría convertirse más grande que Del Río".

Ahora el alcalde reclama "que la Administración reconozca que hay una crisis fronteriza sucediendo en este momento que tiene consecuencias directas en la seguridad y la sanidad". "De la noche a la mañana se ha establecido una favela con individuos que son destituidos. La patrulla fronteriza hace lo mejor que puede para procesar sus casos pero el sector Del Río tiene más de 385 kilómetros. ¿Quién vigila el resto?", ha planteado Lozano, quien este viernes cerró el tráfico en el puente, clausurando de facto la frontera con México.

Ataques republicanos

En el condado de Val Verde, Trump fue en 2020 el primer candidato presidencial republicano que ganó en dos décadas y Del Río es una de las zonas que el gobernador de Texas, el conservador Greg Abbott, ha estado usando para experimentar con sus planes agresivos contra la inmigración, incluyendo acusar a los migrantes de crímenes estatales como invasión de la propiedad privada. Ahora Abbott ha ofrecido ayuda de la policía estatal y de la Guardia Nacional para colaborar con la situación bajo el puente pero también ha aprovechado la crisis para criticar al Gobierno federal. "La Administración Biden es un total desbarajuste y está manejando esta crisis fronteriza tan mal como la evacuación de Afganistán", ha dicho.

Su número dos, el vicegobernador Dan Patrick, ha ido aún más lejos y hablado de la llegada de miles de haitianos como "una invasión" y ha resucitado el discurso de la extrema derecha. En un programa de FoxNews Patrick ha acusado a Biden de estar llevando a cabo una "revolución silenciosa" para ganar los votos de inmigrantes. "Intentan tomar control del país sin disparar un tiro", ha dicho dando alas a una teoría conspiratoria.

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Complejidades legales

Para la Administración Biden, los retos no solo están sobre el terreno o en la arena política, ya que los tribunales también están marcando los límites de sus decisiones. El jueves un juez de distrito prohibió a la Administración que, a partir del 1 de octubre, use autoridad de emergencia para expulsar familias de migrantes bajo el amparo de una normativa de salud pública, algo que el Gobierno de Trump empezó a hacer en el marco de la pandemia y que la Administración de Biden mantuvo, aunque redujo su uso y en agosto solo se aplicó al 19% de más de 86.000 inmigrantes de familias. El Supremo, mientras, ordenó en agosto al Gobierno a reiniciar el programa de Trump que obliga a quienes buscan asilo a esperar los trámites en México.