La seguridad ante el terrorismo yihadista

Atentados del 11-S: seis cambios que vinieron para quedarse

MADRID 09-09-2021 FOTOGRAFIA DE ARCHIVO  Pasajeros pasan el escáner de seguridad del aeropuerto de Munich el 18-11-2020 REUTERS/Michaela Rehle.

MADRID 09-09-2021 FOTOGRAFIA DE ARCHIVO Pasajeros pasan el escáner de seguridad del aeropuerto de Munich el 18-11-2020 REUTERS/Michaela Rehle. / REUTERS/Michaela Rehle

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Juan José Fernández

Antes del 11-S, “amok” era un vocablo ininteligible para cualquier policía de a pie que no supiera malayo o estudiara Psicología. Veinte años después de aquellos atentados, llaman amok los policías al ataque inopinado, de ira explosiva, con motivación cultural o étnica, violento, repentino de un o unos individuos contra gente a la que odian. O sea, algo antes de 2001 improbable en las tranquilas calles de Europa, como mucho atribuible a un sicótico sin medicar.

“Antiamok” es hoy también el nombre con el que se conoce a la equipación  (chaleco, guantes anticorte…) y la reacción entrenada del policía para repeler esos ataques, comúnmente yihadistas. El término convive en el vocabulario post 11-S con sustantivos nacidos a la sombra del fenómeno del terrorismo integrista, como “autorradicalización”, "radioscopista", “takfirista”... parte de los cambios que, tas el 11S, llegaron para quedarse.

Sobre la cabeza de este viajero de bus en Madrid, una cámara de vigilancia

/ JJF

Millones de ojos nos vigilan

En septiembre de 2001 se inicia la implantación masiva de videocámaras y escáneres en lugares de gran tránsito. Veinte años después, su número y su tecnología han corrido más que su marco legislativo. No hay en España, por ejemplo, un censo de cámaras de videovigilancia ni control unitario. La Agencia de Protección de Datos es el único ente público que las cuenta en todo el país, pero no todas, sino las instalaciones que graban entornos públicos, sin descenso al número de visores ni sus características técnicas.

Cuántas cámaras de seguridad hay en España es una pregunta del millón, porque esa es precisamente la cantidad que estima la industria: algo más de 900.000 a finales de 2020. Muchas menos que las cinco millones de instaladas en el Reino Unido que contabiliza, esta sí, la British Security Industry Authority.

La media española, según la patronal de seguridad privada británica CCTV, está por debajo de las británica, holandesa, alemana o francesa. En Madrid, 4,4 cámaras por cada mil habitantes; en Barcelona 1,2.

La implantación de controles de equipajes y escáneres en estaciones y aeropuertos se generalizó en España a partir de 2002 -solo meses después de que se implantaran las puertas blindadas de la cabina de pilotos en los aviones-, y con polémica desde 2010, cuando se empezó a valorar la instalación de escáneres corporales en los aeródromos.

A partir del invierno de 2002 se extendió también en el ámbito de la seguridad privada una nueva especialidad para el gremio: la de radioscopista. Dícese del vigilante formado para mirar durante horas la pantalla del escáner o las de un centro de recepción de videocámaras.

El oficio rebrotó como tema de conversación en España veinte años después, con el insólito tráfico de balas en sobres de Correos durante la campaña electoral. Supimos entonces que este país, poblado de escáneres, tiene muchos sin revisar desde hace 12 años, como los de Correos. El vigilante radioscopista de la central que no vio las balas, cuyo castigo pidió Correos, sigue trabajando y a salvo de convertirse en cabeza de turco, según fuentes de UGT.

Refuerzos de policía nacional en la céntrica calle comercial de Preciados de Madrid.

/ David Castro

Más armas en la calle

Puede que si Al Qaeda no hubiera conseguido su objetivo en Nueva York, y si en Europa no hubieran menudeado después los ataques yihadistas con arma blanca, el entrenamiento antiamok no se habría generalizado en las policías, y al sintecho bosnio Marjan, un guardia urbano de Barcelona no le habría pegado un tiro cuando se aproximaba a él con un gran cuchillo.

De base, el recelo implantado por cuatro lustros de amenaza yihadista. En el entrenamiento antiamok, se les reitera a los agentes la “regla Tueller”, según la cual tienen un segundo y medio para disparar al oponente que inicie una carrera hacia ellos.

Desde el 11-S hay más armas en la calle. “Me pasa como entonces: ya hace mucho que no salgo sin mi pistola”, comenta un guardia civil que inició carrera en la lucha contra ETA y se ha hecho veterano en los tiempos del yihadismo. Cuando paró la banda terrorista vasca, apenas tuvo unos meses para abandonar el arma fuera de horas de trabajo.

Los agentes de policías estatales no tienen obligación expresa por ley de portar el arma fuera de su turno, pero sí han recibido recomendaciones difusas de sus respectivos mandos de “reforzar al máximo su seguridad personal” fuera del trabajo, mensaje dirigido a buenos entendedores desde junio de 2015, cuando España pasó a alerta 4 antiterrorista.

En Francia, la proscripción de armas policiales en la calle fuera de turno desapareció ese mismo año negro, el de los ataques a la revista Charlie-Hebdo (enero) y la sala Bataclan (noviembre).

Funcionarios de Adif limpian los restos de uno de los trenes atacados en los atentados terroristas del 11-M en Madrid, días después de la tragedia.

/ David Castro

Siempre esperando lo peor

España lleva 79 meses en alerta antiterrorista 4, y la situación en Afganistán no hace previsible que ese grado de vigilancia se vaya a relajar. Entre otras razones, porque el aumento de controles, cámaras y armas en las calles no impide, solo palía, que las tragedias vuelvan a ocurrir.

Un atentado en el entorno ferroviario como el del 11-M en Madrid podría repetirse porque “es impensable la colocación de escáneres y controles en una hora punta en un servicio de cercanías”, explica un directivo de la seguridad de los transportes públicos de Barcelona y su área metropolitana. A la capital catalana llegaron años después que a Madrid las pequeñas videocámaras en los autobuses, pero ese instrumento tampoco imposibilitarían un ataque inopinado, con cuchillo o chaleco explosivo, en uno de estos medios de transporte.

Todo puede volver a pasar porque, a diferencia de los aeropuertos o estaciones de AVE “escáneres , arcos detectores de metales y sistemas de identificación fisionómica no se pueden instalar en los niveles inferiores de transporte”, dice la misma fuente. Un chaleco explosivo con metralla es fácil de pasar en hora punta, y más bajo las zamarras de invierno. La única solución, explica este experto barcelonés, “es no errar en la inteligencia, en la coordinación de servicios y en el seguimiento de las comunicaciones telefónicas”.

Los acusados Mohamed Houli Chemial (i) Driss Oukabir (c) y Said Ben Iazza (d) durante el juicio en su contra en la Audiencia Nacional, en San Fernando de Henares, Madrid.

/ EFE/ Fernando Villar POOL

Seguridad por encima de los principios


No se habían cumplido tres meses de la matanza de Manhattan cuando la Unión Europea reaccionó la Lista de Organizaciones Terroristas. Desde entonces se renueva cada seis meses, con aprobación previa de los estados miembros.

Esa medida, que incide en los procesos policiales y judiciales, precedió a una Antiterrorism, Crime and Security Act aprobada aquel invierno en el Reino Unido, que fue declarada ilegal en ese mismo país en 2004 porque avalaba la posibilidad de detener a un extranjero sospechoso de forma indefinida y sin ponerlo a disposición judicial.

En la estela de la intervención militar en Afganistán para perseguir a Al Qaeda, llegó a Estados Unidos una figura legal impensable antes en aquel país: los limbos –más bien purgatorios- extralegales de Guantánamo.

En Francia, una Ley de Seguridad Cotidiana que modificaba el Código Penal para perseguir el lavado de dinero como acto terrorista fue prorrogada en 2003 hasta 2005. Ese año la sustituyó por la Ley Antiterrorista, que faculta a la policía a escuchar teléfonos sin previo mandato judicial y que prolonga el plazo de detención de cuatro a seis días.

El mismo clima de legislación antiterrorista propició en España la introducción de modificaciones del Código Penal en 2003 (para el cumplimiento íntegro de penas), 2010 (imprescriptibilidad de los delitos) y 2015. En esta última entra una figura que nadie podría haber augurado antes del 11S el delito de “autoadoctrinamiento” o autopreparación para atentar. Nuestra ley penal penetra desde entonces en la apertura mental, o incubación, de la violencia en el yihadista. Por primera vez, el Código Penal castiga con prisión de dos a cinco años no solo la conducta, también lo cognitivo previo a la acción.

Dos de las víctimas del ataque terrorista en uno de los hoteles de playa de Sousse (Túnez) en el que 27 personas han muerto y otras seis resultaron heridas.

/ EFE Str

Menos turismo, más islamofobia

Los tres aviones que pilotaban Mohamed Ata, Marwan al Shehhi y Ziad Jarrah no solo impactaron contra las torres gemelas y el Pentágono. También lo hicieron de forma muy directa y duradera contra el turismo occidental en los países árabes. El flujo por ocio de norteamericanos a países del área musulmán tocó el cero en 2002. El turismo de las orillas musulmanas del Mediterráneo se vio afectado, especialmente en Turquía y Egipto, por la acción de grupos terroristas; hoy su publicidad basa el argumento de venta no tanto en la belleza de los destinos como en su seguridad. El 4 de enero de 2008, el Rally Dakar dejó de correrse en África por la amenaza de Al Qaeda. El 26 de junio de 2015, el ametrallamiento de turistas en la playa de Sousse golpeó al turismo de Túnez, que no ha vuelto a recuperar sus niveles anteriores de ingresos.

Egipto despliega a su ejército y a una nueva Policía Turística en todos y cada uno de sus monumentos. En Francia han sido ya más de una docena de veces las que la Gendarmería ha enviado a sus agentes a cerrar todas las papeleras de una ruta turísrtica o una estación, como repetidamente ha ocurrido en la Gare Saint Michel de París.

En un estudio realizado para la Universidad de la Rioja, el comandante del Ejército Julio César García Lodeiro recomienda a los países afectados por la amenaza “la incorporación de una potente inteligencia compartida” y “unas estrategias de actuación sin límites fronterizos”.

El descenso del intercambio cultural entre Occidente y los países del área islámica ha coincidido en el tiempo desde 2001 con un crecimiento de la islamofobia. En Estados Unidos, el aumento de ataques hacia personas de origen o apariencia árabe llevó al Departamento de Justicia a promover la Initiative to Combat Post-9/11 Discriminatory Backlash (Iniciativa para combatir la reacción discriminatoria post 11-S).

El Observatorio español de Islamofobia pide otro lenguaje en la prensa. Promueve, por ejemplo, que no se llame "terrorismo islámico" al fenómeno de la violencia yihadista indiscriminada, y propone en su lugar la acepción "terrorismo takfirista". En árabe, es "takfir" el infiel, apóstata o hereje. El Observatorio ha concluido, de los estudios que realiza en la prensa, que en el cuarto trimestre de 2020 los contenidos islamófobos fueron un 37% del material analizado, contra el 15% en el mismo periodo del año anterior. Es un crecimiento significativo, 20 años transcurridos desde el 11 de septiembre de 2001.

Aquel día, Rahma Hitach vio los atentados en la televisión del pequeño restaurante en el que trabajaba en la Gran Vía de Madrid. Hoy, esta inmigrante marroquí lidera la AMAL (Asociación de Mujeres Árabes Luchadoras) del empobrecido distrito madrileño de la Cañada Real Galiana. Desde allí matiza el aumento de la islamofobia en España: “En este país, si das respeto recibes respeto. Siempre hay alguno que se sale de lo normal, pero la gente, en cuanto conoce, aprende y respeta”, opina.

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Combatientes del grupo insurgente patrullan por la ciudad de Jalalabad, el 17 de agosto.

/ STRINGER

Nuevas amenazas, nuevos órganos



Fechas de creación, nombres y misiones de algunos significativos nuevos organismos de seguridad desde los atentados del 11-S hasta ahora.

- 6 de mayo de 2002: Centro Nacional de Inteligencia (CNI). Sustitución y ampliación de funciones del anterior servicio, Centro Superior de Información de la Defensa (CESID). La “casa” pierde presencia militar en su sede, pero gana inputs militares a raíz de la proyección del Ejército en escenarios como Irak y Afganistán.

- 25 de noviembre de 2002: United States Department of Homeland Security. El gobierno federal norteamericano homologa esta área a los ministerios del Interior europeos.

- 20 de julio de 2012: Departamento de Seguridad Nacional en la Presidencia del Gobierno de España. Nace como secretaría técnica del Consejo de Seguridad Nacional, despacha con Presidencia y su jefe tiene rango de director general.

- 15 de octubre de 2014: Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO), para reunir toda la información policial disponible sobre amenazas y actuaciones criminales organizadas.

- 1 de junio de 2020: Unidad contra la infiltración yihadista en la Policía francesa, dependiente de la Inspection Générale de la Police Nationale, a su vez bajo mando directo de la Prefectura, y después de que el ministerio del Interior francés detectara los primeros veinte integristas islámicos radicalizados entre su plantilla.