Clima de tensión

Alarma en Italia por las agresiones de antivacunas contra periodistas

  • Crecen las agresiones y amenazas de muerte contra reporteros, médicos y hoteleros por parte de antivacunas y grupos de extrema derecha

Un grupo de manifestantes contra el pasaporte covid aparta las vallas colocadas por la policía para prevenir su paso en Roma.

Un grupo de manifestantes contra el pasaporte covid aparta las vallas colocadas por la policía para prevenir su paso en Roma. / Guglielmo Mangiapane / Reuters

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Irene Savio
Irene Savio

Periodista

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Las agresiones contra tres reporteros en pocos días han encendido en Italia la alarma del sector periodístico, que este martes se ha manifestado en el centro de Roma, y del Gobierno italiano. Tanto que la titular de Interior del país, Luciana Lamorgese, ya ha avisado de que reunirá a la Unidad de Coordinación de su ministerio para analizar el fenómeno, ligado a la protesta de los antivacunas y en el que la presencia de grupos extraparlamentarios de extrema derecha también está siendo uno de los elementos recurrentes.

La primera reportera agredida, Antonella Alba, del canal de televisión RaiNews24, fue atacada el sábado mientras cubría una manifestación de los antivacunas en Roma. Tras preguntarle quién era, la insultaron y la hirieron en el intento de hacerse con su teléfono móvil.

Los responsables de la agresión, ha informado Sky24, fueron "algunos integrantes de Forza Nuova", un grupo sin representación en el Parlamento pero que aún así desde hace décadas se ve cíclicamente envuelto en disturbios callejeros en momentos de alta tensión social. Como ha pasado en estos días en la capital italiana, donde uno de los líderes romanos del grupo, Giuliano Castellino, incluso ha arengado a la gente desde el techo de un coche.

Amenazas de muerte

Fabrizio Nonis, un periodista gastronómico, fue atacado el viernes junto a su hijo de 22 años y sufrió una perforación del tímpano tras una violenta paliza ejecutada por ultras del equipo de fútbol Hellas de Verona -tradicionalmente cercano a movimientos de la derecha radical-, en uno de los primeros partidos tras la pausa veraniega y las restricciones por la pandemia. Y a Francesco Giovanetti, que también terminó en el hospital, lo agredieron el lunes delante de la sede del Ministerio de Educación, durante una protesta del sector docente contra el pasaporte sanitario, el documento que certifica que uno o está vacunado o ya pasó la enfermedad. "O dejas de filmar, o te corto la garganta", le llegó a decir el atacante antes de propinarle al cronista varios puñetazos, contó Giovanetti. El agresor, según constató la policía, resultó ser un trabajador escolar sin un contrato fijo ni afiliación política conocida, pero que poseía armas de fuego que ahora han sido incautadas. Finalmente fue detenido.

De ahí la respuesta del Ministerio de Interior. Este organismo "permitirá, como siempre ha sido, las manifestaciones pacíficas que respeten las reglas, pero no serán admitidos actos de violencia amenazas", ha explicado la institución en una de sus últimas notas.

Ataques contra médicos y hoteleros

No son casos aislados. Desde que este verano el Gobierno italiano decidió introducir una serie de normas que limitan las actividades que pueden hacer aquellos que no se vacunan, también varios médicos han denunciado un 'crescendo' de intimidaciones y amenazas.

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Uno de ellos ha sido Matteo Bassetti, director de Enfermedades Infecciosas del hospital San Martino de Génova, quien denunció haber sido perseguido hasta su casa después de que sus datos de contacto fueran divulgados por grupos de antivacunas. "Me amenazan todos los días. Es un clima insostenible", ha explicado Bassetti, quien ahora tiene protección de la policía.

Publicar los números de teléfonos, emails y direcciones de figuras públicas que se expresan a favor de las vacunas, para desatar contra ellos linchamientos verbales, ha sido una de las tácticas empleadas en las últimas semanas por varios canales de Telegram ligados al mundo de los antivacunas, como ha podido comprobar esta periodista. Sus víctimas: periodistas y médicos, pero también hoteleros, sindicalistas y propietarios de bares.