Polvorín en Asia central

Occidente prioriza sus intereses en la desbandada de Afganistán

  • Estados Unidos y sus aliados se centran en la evacuación de los suyos para abandonar cuanto antes el país

  • La OTAN cierra fracturada una guerra que comenzó unida pidiendo a los talibanes que cumplan con sus compromisos

Soldados estadounidenses franquean una de las entradas al sector militar del aeropuerto de Kabul.

Soldados estadounidenses franquean una de las entradas al sector militar del aeropuerto de Kabul. / Wakil Koshar / AFP

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Ricardo Mir de Francia
Ricardo Mir de Francia

Periodista

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Occidente fue a la guerra de Afganistán como un bloque unido, después de que la OTAN invocara por primera vez en su historia la defensa colectiva -contemplada en el artículo 5- como respuesta a los atentados terroristas de Al Qaeda en Estados Unidos. Pero se va del país como un bloque fracturado, sin un plan aparente a medio plazo y herido de gravedad por los recelos que despertó la decisión unilateral de Washington de dar carpetazo a su intervención en el país sin consensuarlo con sus aliados. Un desplante mayúsculo que se ha visto agravado por el catastrófico desenlace de la contienda: la victoria militar de los talibanes 20 años después de que fueran expulsados del poder por esa misma coalición internacional.

"Es la peor debacle sufrida por la OTAN desde su fundación", decía esta semana Armin Laschet, el sucesor de Ángela Merkel al frente de la CDU alemana y el hombre que aspira a liderar el país más poderoso de Europa. Y lo peor es que no ha acabado porque ni EEUU ni sus aliados están logrando garantizar un corredor seguro para evacuar a sus conciudadanos y los miles de afganos que trabajaron para ellos. "Esa es nuestra absoluta prioridad en nuestros momentos", dijo el viernes el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, a la conclusión de la reunión extraordinaria de ministros convocada para abordar la situación en Afganistán.

Las imágenes que llegan desde el aeropuerto de Kabul siguen siendo agónicas, con cientos de personas que se agolpan desesperadas en sus entradas, incluidos muchas mujeres y niños. "El problema no es la falta de aviones, sino de acceso al aeropuerto", reconoció Stoltenberg. Desde que los talibanes tomarán el poder, se ha logrado sacar del país a 18.000 personas, según un portavoz de la OTAN, la mitad de ellas a cargo de EEUU. Pero quedan muchas más y pocos acaban de explicarse la incapacidad de la coalición para poner en marcha una evacuación ordenada.

Éxodo afgano

"La gran mayoría de afganos no están siendo capaces de abandonar el país a través de las vías regulares", ha advertido la agencia de Naciones Unidas para los refugiados. "Aquellos que enfrentan un mayor peligro, no tienen en estos momentos una forma clara de salir". El éxodo afgano solo tiene visos de empeorar. A finales de mayo había en el país casi 3,5 millones de desplazados internos por la guerra. Es previsible que algunos puedan regresar a sus hogares, pero otros corren un serio peligro. Un informe de la ONU advierte de que los talibanes están yendo casa por casa en busca de los colaboradores de la OTAN y antiguos miembros del defenestrado Ejército afgano.

Para muchos de estos últimos no parece haber un plan. Stoltenlberg afirmó que espera que los talibanes cumplan con sus compromisos, respeten los derechos fundamentales y eviten que Afganistán vuelva a convertirse en un santuario para el terrorismo internacional. Pero nada dijo de qué hará la coalición si no cumplen.

El interés de los países de la OTAN se concentra en salir cuanto antes de Afganistán y con el mínimo coste político para sus gobiernos. Una especie de toma el dinero y corre, pero sin dinero, donde el interés nacional prima sobre cualquier otra consideración. Así quedó de manifiesto este viernes durante la reunión de Merkel con Vladimir Putin. La alemana le pidió al presidente ruso que utilice sus contactos para facilitar la salida de los ciudadanos alemanes de Kabul.

Estado fallido

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Si se abandona Afganistán a su suerte, es muy probable que vuelva a convertirse en un estado fallido. Un escenario que aterra fundamentalmente a Europa, que quiere evitar a toda costa que se repita la oleada de refugiados de 2015, aprovechada por la extrema derecha populista para salir del cascarón. La intención expresada estos días por los líderes europeos es conseguir que los afganos se queden en su país o recalen en naciones vecinas como Irán, Pakistán y Turquía, a los que se pretende ayudar.

Voluntad para mucho más, no parece existir. "Debemos anticiparnos y protegernos de los flujos significativos de inmigración irregular", dijo esta semana el presidente francés, Emmanuel Macron, refiriéndose a Afganistán.