Relaciones bilaterales

China condena a once años de cárcel a un canadiense por espionaje

  • Canadá se ha visto en medio de las disputas entre EEUU y China

Un miembro de Democracy for China pide la liberación de Spavor y Kovrig.

Un miembro de Democracy for China pide la liberación de Spavor y Kovrig. / Jason Redmon / Afp

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Adrián Foncillas
Adrián Foncillas

Periodista

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El empresario Michael Spavor ha sido condenado hoy a once años de cárcel por espionaje en el segundo y penúltimo embate de la justicia china contra ciudadanos canadienses. La sentencia llega un día después de que su compatriota Robert Schellenberg viera ratificada su condena a muerte por narcotráfico y precede al inminente veredicto sobre su colega Michael Kovrig. Asimismo, un tribunal canadiense decidirá en los próximos días si extradita hacia Estados Unidos a Meng Wanzhou, heredera de Huawei. Es una simple casualidad, si atendemos a Pekín. Es un intento de presionar a la justicia canadiense, si atendemos a la casuística.  

Spavor ha sido declarado culpable por un tribunal de Dandong (provincia septentrional de Liaoning) de espiar y transferir secretos de estado a terceros países. La condena incluye once años de cárcel, una multa de 50.000 yuanes (6.582 euros) y la confiscación de bienes personales. También ordena su deportación, una posible gatera para un enjuague político. La ley la prevé posterior al cumplimiento de la pena pero no han faltado excepciones y una normalización de las relaciones bilaterales, pongamos que con la extradición denegada a Meng, podría aligerar su salida de China. 

Canadá entre las dos potencias

El caso Huawei, que explotó durante la ofensiva de Donald Trump a las tecnológicas chinas, colocó a Canadá bajo el fuego cruzado de las dos superpotencias. Washington acusó a Meng de violar el embargo a Irán y ordenó su detención a sus vecinos. Los lamentos chinos sobre la naturaleza política del proceso no son inverosímiles si atendemos a que Trump aclaró que un acuerdo en la guerra comercial aceitaría el desenlace feliz. Las bofetadas, en todo caso, se las llevó Canadá. 

Fueron días convulsos para sus nacionales en China. Schellenberg, que había sido condenado en 2015 a 15 años por intentar enviar más de 200 kilos de anfetaminas a Australia ocultos en ruedas de automóviles, vio como su apelación desembocaba paradójicamente en una condena a muerte. Pocos después fueron detenidos los dos Michaels por vaporosas acusaciones de espionaje y ya suman casi mil días sin libertad. Spavor, que vivía cerca de la frontera con Corea del Norte, habría pasado información a Kovrig, exdiplomático y empleado entonces en el think tank International Crisis Group, según la prensa oficial. Ambos defendieron su inocencia durante los juicios del pasado año.

Detención arbitraria

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La familia del detenido había pedido su liberación en un comunicado en las vísperas del juicio: “Michael es solo un empresario que ha hecho una labor extraordinaria para construir lazos entre China, Canadá y Corea del Norte. Ama su vida y trabajo en China y nunca haría nada que hiriera los intereses del país o su gente”. Spavor fundó Paektu Cultural Exchange, una organización que facilitaba las inversiones sino-coreanas. Las fotografías le muestran junto al tirano Kim Jong-un, un rarísimo honor para un occidental, o al baloncestista Dennis Rodman, amigo íntimo del líder norcoreano y visitante en varias ocasiones de Piongyang.  

Canadá ha reaccionado con furia a la sentencia. Para su primer ministro, Justin Trudeau, es “absolutamente injusta e inaceptable”. “El veredicto llega después de más de dos años y medio de detención arbitraria, una falta de transparencia en el proceso legal y un juicio que no cumple los mínimos estándares que exige la ley internacional”, ha añadido. Las alusiones a los “rehenes políticos” han sido tan constantes desde Canadá y buena parte de Occidente. Diplomáticos de 25 países se han juntado esta mañana en la embajada canadiense de Pekín para solidarizarse con los condenados.  

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