Crisis climática

Las sospechas sobre el incendio de California recaen sobre una eléctrica

'Dixie' es ya el segundo mayor incendio en la historia de California, con cerca de 200.000 hectáreas quemadas

Las sospechas sobre el incendio de California recaen sobre una eléctrica

Nathaniel Levine

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R. M. F.

Hace tan solo un año, la principal compañía eléctrica de California se declaró culpable de la muerte de 84 personas durante el devastador incendio que destruyó la localidad de Paradise en 2018, conocido como ‘Camp Fire’. Por entonces, los responsables de la Pacific Gas & Electric (PG&E) reconocieron que los fallos en el equipamiento de su tendido eléctrico pusieron en marcha el fuego más letal en la historia del estado y se comprometieron a no volver a poner nunca más los beneficios de la compañía por encima de la seguridad de sus infraestructuras. Un tendido que, según demostró aquella investigación judicial, estaba mal mantenido y obsoleto.

Imágenes del antes y el después del paso de las llamas.

/ Reuters

Aquella negligencia criminal, que obligó a la PG&E a reestructurarse tras declararse en quiebra a principios de 2020, vuelve a planear sobre el incendio que asola California desde hace casi un mes. El ‘Dixie’, como ha sido bautizado, es ya el segundo mayor incendio en la historia del estado. Desde el 14 de julio han ardido cerca de 200.000 hectáreas, una superficie superior a la provincia de Guipúzcoa, y por el momento solo se ha controlado el 21% de su extensión.

Imágenes de Greenville tras el paso de Dixie.

/ David Odisho / Afp

Sus causas se están investigando, pero la PG&E declaró el mes pasado ante las autoridades estatales que el malfuncionamiento en uno de sus postes eléctricos habría podido causar el incendio. Un juez ha dado una semana a la compañía con sede en San Francisco para explicar su potencial responsabilidad en el incendio que, de acuerdo con sus portavoces, podría haberse iniciado después de que un árbol cayera sobre sus líneas eléctricas.

Los bomberos luchan contra las llamas de Dixie en California.

/ Fred Graves / Reuters

El fuego aún amenaza la seguridad de unas 14.000 viviendas, comercios e industrias, tras destruir prácticamente todo el centro urbano de Greenville, una pequeña ciudad minera creada durante la fiebre del oro situada 250 kilómetros al norte de Sacramento, con cerca de un millar de habitantes. Algunos de ellos, armados, se resistieron a ser evacuados y abandonar sus propiedades y decidieron combatir el fuego por sus propios medios.

Los vecinos se preparan para la evacuación ante la proximidad de las llamas en California.

/ David Odisho / Afp

El fiscal del distrito del condado de Butte, Mike Ramsey, quien investigó a la compañía tras el incendio de Paradise, ha asegurado a los medios locales que “hay muy pocas dudas” de que las infraestructuras de la eléctrica ayudaron a poner en marcha el fuego. “Había un árbol sobre el tendido, un tendido de 12.000 voltios que bajaba por la colina en el lado opuesto de la presa de Cresta, en el cañón del río de las Plumas. Y el incendio empezó en ese tramo del tendido”, dijo el juez Ramsey en una entrevista.  

La Pacific Gas & Electric no solo admitió el año pasado haber causado el incendio de Camp Fire, que destruyó 19.000 edificios y otras estructuras, además de matar a más de 80 personas. También está siendo investigada por la explosión en un gasoducto que destruyó en 2010 un barrio a las afueras de San Francisco.  

Las llamas arrasan California un año más.

/ Fred Graves / Reuters

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Y mientras tanto, el ‘Dixie’ prosigue con su ópera de fuego y destrucción por el norte de California, alimentado por fuertes vientos y la extrema sequedad del terreno, fruto de los dos años de sequía que padece el estado, convertido en uno de los epicentros del cambio climático en EE UU. Ya ha incinerado las pequeñas localidades de Greenville y Canyondam, llevándose por delante 640 estructuras, y amenaza otras 14.000 en la Sierra Nevada. Al menos cuatro personas están desaparecidas.

Unas 800 personas vivían en Greenville, un pueblo que ha sido consumido por las llamas en buena medida. “La gente está preocupada por sus mascotas porque tuvieron que huir sin ellas, así como por sus viviendas”, le dijo Kimberly Price, una vecina de la localidad, a la estación local de Fox News.