Colonialismo

Macron reconoce la “deuda” del Estado por los ensayos nucleares en la Polinesia Francesa

  • El presidente francés entona el 'mea culpa' por las pruebas realizadas en el archipiélago durante 30 años

  • La lluvia radiactiva ligada a dichas pruebas, realizadas entre 1966 y 1991, contaminó a unas 110.000 personas

Macron durante su último discurso antes de abandonar la Polinesia.

Macron durante su último discurso antes de abandonar la Polinesia. / Ludovic Marin / Afp

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Irene Casado Sánchez
Irene Casado Sánchez

Periodista

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Emmanuel Macron esperó a su último discurso de su viaje oficial a la Polinesia Francesa, para abordar uno de los temas más espinosos: los ensayos nucleares realizados en el archipiélago entre 1966 y 1996. El presidente francés no se disculpó, como exigían las asociaciones de víctimas, pero sí reconoció una “deuda” de Francia con los polinesios. 

“Durante demasiado tiempo, el Estado ha preferido guardar silencio sobre este pasado. Fueron treinta años de explosiones sucesivas. Quiero romper hoy es este silencio. Asumo y quiero verdad y transparencia con vosotros”, dijo el mandatario galo frente a las autoridades del territorio. “La nación tiene una deuda con la Polinesia Francesa. Esta deuda es haber desarrollado estos ensayos, en particular los que tuvieron lugar entre 1966 y 1974, que no podemos decir en absoluto que fueran limpios”, continuó.

193 ensayos nucleares

En esta búsqueda de verdad y transparencia, Macron anunció la apertura de los archivos militares -salvo los más sensibles- para conocer la localización e intensidad de los 193 ensayos nucleares, primero atmosféricos y luego subterráneos, llevados a cabo en los atolones de Mururoa y Fangataufa. El último de ellos tuvo lugar el 27 de enero de 1996, bajo la batuta del presidente Jacques Chirac que, poniendo fin a la moratoria decretada tres años antes por François Mitterrand, decidió reanudar los disparos.

“Quiero decirles claramente que los militares que hicieron [estos ensayos] no les mintieron […] No hubo engaño, sino una toma de riesgos mal calculados, incluido para los militares”, aseguró el jefe de Estado, antes de reconocer que “es cierto que no habríamos hecho estas mismas pruebas en Creuse o en Bretaña. Lo hicimos aquí porque estaba más lejos, porque estaba perdido en medio del Pacífico”.

Una promesa: mejorar las indemnizaciones 

Y en este lugar remoto, la lluvia radiactiva ligada a dichos ensayos contaminó a unas 110.000 personas, según revela una investigación realizada por Disclose y miembros del Programa de Ciencia y Seguridad de la Universidad de Princeton. El 41º ensayo realizado el 17 de julio de 1974 fue especialmente dañino. Bautizada como “Centaure”, la prueba nuclear atmosférica lanzada desde el atolón de Mururoa, a más de 1.000 kilómetros de Tahití, no salió como estaba previsto, acercándose a zonas habitadas del archipiélago donde sus habitantes no fueron alertados de la lluvia radioactiva ni de su exposición a la radiactividad.

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Poniendo el foco en las numerosas víctimas, Macron prometió mejorar y agilizar las indemnizaciones. Desde su llegada al Elíseo en 2017, se han tramitado 200 expedientes, una cifra “especialmente baja”, a los ojos del ministro de Ultramar, Sébastien Lecornu.

Una vez abordado este delicado asunto, el mandatario galo pasó a los temas económicos, anunciando un préstamo de 300 millones de euros para apoyar las inversiones en el archipiélago, en particular para desarrollar la compañía aérea Air Tahiti Nui, y nuevas medidas de exención fiscal.