Comicios en el país persa

Irán vota en un clima de apatía que eleva la abstención a máximos históricos

  • La grave crisis económica y la victoria casi asegurada del ultraconservador Ebrahim Raisí explican la baja participación 

  • Las autoridades amplían el horario de las urnas para incentivar a los electores

Dos mujeres depositan su voto en una urna en Teherán en las elecciones presidenciales de Irán.

Dos mujeres depositan su voto en una urna en Teherán en las elecciones presidenciales de Irán. / WANA NEWS AGENCY (VIA REUTERS)

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Adrià Rocha Cutiller
Adrià Rocha Cutiller

Periodista

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Irán ha acudido este viernes a las urnas para elegir un nuevo presidente en unas elecciones marcadas por la apatía de la población que, pase lo que pase, verá cómo acaba ganando el candidato que han elegido el líder supremo, Alí Jameneí, y su círculo de poder.

En estos comicios concurrían cuatro candidatos: uno popular y con opciones reales y otros tres sin perfil público, que no eran conocidos antes de presentarse ni cuentan con un grupo real de seguidores. Hace un mes, cerca de 600 personas presentaron sus candidaturas para estas elecciones pero el Consejo de Guardianes, el órgano que supervisa las votaciones, sólo permitió que se presentasen siete de ellos. De los siete, tres se han retirado en los últimos días, justo antes de la contienda.

Así, el ganador, muy probablemente y si no hay una sorpresas de última hora, será Ebrahim Raisí, jefe del Poder Judicial de Irán, ultraconservador y un fiel confidente y alumno del ayatolá Jameneí. Con su victoria, se espera que los radicales de línea dura tomen el control total del Estado persa, en parte, gracias a la marcha de Hasan Rohaní, presidente saliente y considerado como un moderado y aperturista con Occidente. En los últimos años, la tensión entre estas dos facciones -ultraconservadores y moderados- había aumentado exponencialmente hasta llegar a finales de 2019, cuando una ola de protestas se extendió por el país.

Se calcula que cerca de un millar de iranís murieron en pocas semanas como consecuencia de la respuesta policial. Esa escalada de manifestaciones terminó con la llegada de la pandemia hace poco más de un año.

"El día de la nación"

"El día electoral es el día de la nación iraní. Hoy, la gente está al mando. Cada voto cuenta, y nadie debe de preguntarse que qué conseguirá su voto. Este voto solo, cuando es combinado con los demás, se convierte en millones", ha dicho Jameneí este viernes tras votar. 

Sin embargo, los millones de votos no han acabado siendo muchos. En unas elecciones presidenciales normales -y estas no lo son- la participación se sitúa siempre en torno al 75%-80% de los votos de un total de 60 millones de personas con derecho a voto. En las elecciones de este viernes, a las siete de la tarde hora local, la participación estaba tan solo en el 37%, ha anunciado la agencia semiestatal Fars. En las próximas horas, la cifra total podría llegar a cerca de un 40%, lo que convertiría estas elecciones en las menos concurridas de la historia de la República Islámica de Irán, fundada en 1979 tras la revolución verde.

La grave crisis económica que atraviesa el país, potenciada por las sanciones de Estados Unidos, y la victoria prácticamente asegurada de Raisí, que muchos creen que estaba decidida antes de la votación, explican la alta abstención y la apatía general de una población completamente hastiada.

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Con objeto de incentivar el voto, el Gobierno ha intentado una medida peculiar durante la jornada electoral. Los centros de votación iranís tenían que cerrar esta tarde a las 17.00 horas (15.30 horas en España), pero las autoridades, ante la falta de votos, han ampliado el plazo varias horas más, hasta la medianoche de este sábado. A partir de ahí, aún podrían extenderse por unas horas más. No se espera que se hagan públicos resultados oficiales hasta este sábado por la mañana o mediodía, aunque esté claro que, por mucho que tarden en llegar los resultados oficiales, el ganador de estas elecciones va a ser Ebrahim Raisí.

"Le pido a todo el mundo con una opinión política que vote. Los agravios y problemas de nuestra gente son reales, pero si ellos son la razón para no participar [en estas elecciones], entonces esta razón está equivocada", ha dicho Raisí este viernes después de votar. Una participación muy baja sería vista como un daño a su legitimidad como presidente, además de, según muchos expertos, aspiraciones futuras: no son pocos los que creen que después de la presidencia, Raisí planea sustituir al ayatolá una vez Jameneí, de 82 años, fallezca.

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