Purga periodística

Rusia lanza un asalto sin precedentes contra la prensa independiente y de investigación

  • La inclusión en la lista de 'agentes extranjeros' de Meduza, el principal portal independiente de noticias en ruso, amenaza con asfixiar a la publicación

  • Reputados reporteros que han destapado la corrupción de la familia y el entorno de Putin afrontan casos criminales que les pueden llevar a la cárcel

  • Esta nueva ola de represión contra medios y periodistas del Kremlin coincide con la campaña contra el movimiento del opositor encarcelado Navalni

El presidente ruso Vladimir Putin participa de forma virtual desde Moscú en la cumbre del clima, este jueves.

El presidente ruso Vladimir Putin participa de forma virtual desde Moscú en la cumbre del clima, este jueves. / Efe / Alexei Druzhinin

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"Esta información (material) ha sido creada y (o) difundida por un medio extranjero de información de masas, que desempeña la función de agente extranjero, y (o) un sujeto jurídico ruso, que desempeña la función de agente extranjero".

Esta advertencia encabeza, inexorablemente, desde el 23 de abril, todas las informaciones, artículos de opinión y posts en redes sociales difundidos por 'Meduza', el principal portal independiente de noticias en ruso. En plena campaña judicial para neutralizar al movimiento del opositor Alekséi Navalni, el Ministerio de Justicia anunció la inclusión de la influyente página web en la lista de los denominados 'agentes extranjeros', un término de connotaciones históricas muy negativas entre la sociedad rusa y que, año tras año, está siendo expandido por los legisladores y aplicado con mayor laxitud por las autoridades.

Para Meduza, que cuenta con una edición en inglés, la clasificación implica importantes consecuencias que cuestionan incluso la supervivencia de la publicación, algo que va mucho más allá de la simple colocación de una etiqueta. "Prácticamente nos han caracterizado como 'enemigos del Estado'", se lamenta Iván Kolpakov, director de la publicación, en un dramático email dirigido a EL PERIÓDICO. "Nuestro modelo de negocio, que hemos construido en seis años, ha perdido los anunciantes nativos" (rusos) continúa. La decisión, sostiene el responsable editorial, "es también una grave limitación para el trabajo periodístico: ¿qué fuentes, portavoces y expertos hablarán con nosotros? La ley del agente extranjero está redactada de tal forma que si alguien da una entrevista (a un agente extranjero), participa en la elaboración del contenido (del agente extranjero), y puede ser reconocido también como tal".

La situación es de extrema gravedad. "Estamos corriendo una carrera contra el tiempo", describe Kolpakov sin paños calientes. "Hemos reducido entre un 30% y un 50% los salarios, hemos cerrado las redacciones y hemos dejado de pedir colaboraciones a autores", explica. Por último, "hemos iniciado una campaña de micromecenazgo que nos permita existir durante algún tiempo y pensar con calma qué hacemos", concluye el director.

Duro golpe

La eventual desaparición de Meduza constituiría un duro golpe para la prensa independiente, destaca Damelia Aitkhozina, experta en libertad de expresión en Human Rights Watch. "Cada ola de represión contra la prensa es peor que la anterior; si contemplamos la cuestión con la perspectiva del tiempo, comprobamos que uno tras otro, medios independientes como el diario Kommersant o el portal Lenta, o han sido purgados (de sus periodistas más combativos), o han sido silenciados, o han comenzado a autocensurarse", denuncia. Meduza "es una de las pocas publicaciones que aún difunden opiniones críticas que están vetadas" en otros medios y referencia en "periodismo de investigación", constata.

Es precisamente este vibrante sector periodístico en Rusia, que en los últimos años ha sacado a la luz pública incontables tramas de corrupción, inquietantes vínculos de políticos locales con el crimen organizado y sonrojantes detalles sobre el estilo de vida de la élite el que parece estar en el punto de mira de las autoridades. A principios de abril, el reportero Roman Anin, al frente del portal Istories, recibió la visita de agentes del Servicio Federal de Seguridad (FSB, ex KGB) y del Comité de Investigación. Tras registrar su domicilio, fue interrogado en relación a un antiguo caso criminal por violación de la vida privada, delito castigado con cuatro años de cárcel. El origen de la denuncia procede de la publicación de unas fotos de Olga Sechin, la segunda esposa de Ígor Sechin, miembro del entorno de Putin y al frente de la petrolera estatal Rosneft, a bordo de un lujoso yate valorado en 100 millones de dólares, algo que no podía justificar con su salario oficial. Las imágenes fueron reproducidas por la propia Olga en su cuenta de Instagram.

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"Creo que el objetivo de este caso 'resucitado' es espiarnos; he comprobado que contaban con una resolución judicial para acceder a mi teléfono y mi correo electrónico, y hacer lo mismo con compañeros que ni siquiera tenían relación con el artículo", denuncia el reportero por teléfono. También ha sido registrada a conciencia la oficina de Istories, publicación con un impresionante currículum en investigaciones de alto nivel: en diciembre, Anin y su equipo desvelaron que Kirill Shamálov, el exyerno de Putin, había recibido un significativo porcentaje de una petroquímica estatal por una fracción de su precio real; en marzo, sacaron a la luz supuestos vínculos criminales de Serguéi Korolev, número dos del FSB, con el crimen organizado.

El caso es una suerte de espada de Damocles que pende sobre las cabezas de la redacción de Istories, ralentizando trabajo e investigaciones. "Perdemos mucho tiempo y esfuerzo en preparar nuestra campaña jurídica y pública para defendernos", apunta Anin quien, pese a todo, se mantiene desafiante: "no nos han intimidado, ni tampoco aceptaremos censura alguna a cambio de evitar el cierre".