Horizonte electoral

Las fuerzas independentistas se encaminan hacía la mayoría absoluta en el Parlamento de Escocia

  • Nicola Sturgeon considera la esperada victoria un mandato para la celebración de un segundo referéndum de independencia

  • Los últimos sondeos muestran un descenso de los escoceses a favor de la ruptura, igualados con los defensores de la permanencia en la unión

Una votante entra en el colegio electoral, en Blair Atholl, Escocia.

Una votante entra en el colegio electoral, en Blair Atholl, Escocia. / REUTERS / RUSSELL CHEYNE

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Begoña Arce
Begoña Arce

Periodista

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Las elecciones autonómicas en Escocia son el plato fuerte de la jornada del 6 de mayo, en la que 48 millones de votantes en el Reino Unido tienen cita en las urnas. Los colegios electorales han abierto sus puertas a las 7.00 horas con completa normalidad. Un gran test, bautizado como el 'superjueves’ por la cantidad y variedad de puestos y escaños en juego. Este año a los comicios locales en Inglaterra se suman los que no se pudieron celebrar en 2020 a causa de la pandemia. Londres y Manchester son algunas de las ciudades que eligen alcalde y en el noreste de Inglaterra se decide un escaño al Parlamento de Westminster, que medirá el tirón del nuevo líder laborista, Keir Starmer. En Gales se votan los 60 diputados del 'Senedd', el Parlamento que gobierna la semiautonomía, donde los laboristas están llamados a repetir al frente del Ejecutivo. Pero son los independentistas escoceses, encaminados hacia una gran victoria, quienes plantean un reto directo al Gobierno conservador británico de Boris Johnson con el propósito de celebrar un segundo referéndum de independencia.

El Partido Nacional Escocés (SNP) viene gobernando Escocia desde 2007 y se ha nutrido del derrumbe de los conservadores primero y los laboristas después, tendencia que aún continua. Johnson renunció a una proyectada visita sobre el terreno por miedo a que los conservadores locales salieran perjudicados con su presencia. El apoyo a los 'tories' escoceses se ha desplomado (caída en torno a un 22%) desde que Johnson se convirtió en el líder nacional del partido. El primer ministro es una figura tóxica.

El SNP logró 63 escaños en la última elección de 2016 (reducidos a 61 en el momento de la disolución del Parlamento) y se quedó a sólo dos de la mayoría. Desde entonces han dirigido Escocia en colaboración con los Verdes, otra fuerza proindependentista. Ese esquema va en camino de volver a repetirse.

La ministra principal de Escocia, Nicola Sturgeon, con el candidato de su partido, el SNP, al Parlamento escocés, Fergus Mutch, en un cafetería de Insch

/ JEFF J. MITCHELL / REUTERS

Los sondeos señalan de nuevo al SNP como la mayor fuerza política, con algún escaño más, pero con dificultades para asegurarse la mayoría absoluta. Aún es impredecible el impacto que tendrá la virulenta disputa entre Nicola Sturgeon y su predecesor, Alex Salmond, que por primera vez ha dividido al movimiento independentista. La nueva formación de Salmond, Alba, (el nombre de Escocia en gaélico), pretende aprovechar el sistema de doble voto (uno por distrito, en el que se elige al diputado, y otro regional, en el que se vota por el partido) para hacerse con estos últimos.

Consulta sin fecha e impredecible

La suma de diputados del SNP, los Verdes y quizás un par de representantes de Alba garantiza una mayoría absoluta de los proindependentistas en Holyrood, lo que según Sturgeon supone un mandato para la celebración del segundo referéndum, aún sin fecha. La ministra principal afirmó el viernes que no propondrá la consulta inmediatamente y esperará hasta solventar la inestabilidad de la pandemia. "Quiero una Escocia independiente, pero primero hay que sacar al país de esta crisis", afirmó. Las encuestas han mostrado que los votantes también prefieren esperar, aunque no descartan la idea del referéndum en los próximos cinco años.

Alex Salmond.

/ E

El covid y sus consecuencias ha hecho cambiar de opinión a una parte de los escoceses. Los defensores de la separación consiguieron un importante avance en los sondeos a lo largo del pasado año. En buena medida se debió al rechazó al Brexit y a la seria gestión de la pandemia que estaba realizado Sturgeon, comparada con el caos de Johnson. El éxito, sin embargo, del plan de vacunación ha ido reducido esa ventaja, que, si bien a finales del pasado año llegó a ser del 54%, actualmente se diluye con un 49%.  

El conflicto de la frontera

Sturgeon ha admitido durante la campaña que el SNP no sabe cuál sería el coste económico del impacto de la independencia y dice esperar para "tener actualizada toda la información económica y los datos financieros". Su argumento es que debe ser Escocia, y no el Gobierno de Londres, la que dirija su propia recuperación económica tras la pandemia.

El ejemplo de lo que está sucediendo en la frontera en Irlanda del Norte a causa del Brexit hace, sin embargo, reflexionar a los escoceses sobre cómo resolver ese problema en caso de una Escocia independiente. La línea de división con Inglaterra tiene casi 100 kilómetros. Sturgeon afirma que no quiere una frontera dura, pero no tiene la fórmula mágica, que tampoco se halló en el caso norirlandés.

Es impensable que la ministra principal vaya a arriesgarse a poner fecha a una segunda consulta y exponerse a un segundo fracaso si no está totalmente segura de poder ganarla, aunque el argumento en favor del referéndum seguirá siendo para el SNP un arma de presión.

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Londres, Manchester y el escaño en el 'muro rojo'

En Inglaterra se disputan miles de concejalías y puestos de representantes locales, incluidas algunas importantes alcaldías como la de Londres y Manchester. El laborista Sadiq Khan, regidor en la capital desde 2016, no tendrá problemas para renovar su mandato. Los sondeos le otorgan una confortable ventaja sobre el candidato conservador, Shaun Bailey. En Manchester también se augura una amplia victoria al actual alcalde, el laborista Andy Burnham. Los conservadores, en cambio, esperan retener la plaza en West Midlands, aunque el resultado se presenta mucho más ajustado. Su candidato, Andy Street, se impuso en 2017 al rival laborista por apenas 4.000 votos.

Otro gran foco de atención es el escaño vacante en Hartlepool para el Parlamento de Westminster. El bastión laborista en el noreste de Inglaterra, que el partido ha retenido desde 1974, se halla amenazado por los conservadores. En esta región, parte antaño del llamado 'muro rojo', los 'tories' arrebataron siete escaños a los laboristas en la elección de 2019. El apoyo de la antigua clase trabajadora al Brexit y el rechazo al entonces líder laborista, Jeremy Corbyn, propiciaron ese vuelco, que Boris Johnson aspira a consolidar. El resultado será un test para el sucesor de Corbyn, Keir Starmer, quien ha evitado aludir al Brexit, sabiendo que el 69,6% de los votos en Hartlepool fueron a favor de la salida de Europa.