Situación dramática en Nueva Delhi

La India roza los 20 millones de casos de coronavirus

Francia, Reino Unido, Alemania y Estados Unidos envían suministros y equipamiento médico, como respiradores y generadores de oxígeno, para contener la pandemia en el país

Un sanitario rellena una bombona de oxígeno en un puesto de atención médica en Nueva Delhi.

Un sanitario rellena una bombona de oxígeno en un puesto de atención médica en Nueva Delhi. / EFE

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Adrián Foncillas
Adrián Foncillas

Periodista

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La India sigue en la rutina de los récords diarios de contagios, devastado su sistema sanitario y esperanzada en que la masiva campaña de vacunación y la ayuda internacional mitiguen la tragedia. Este lunes informó de 368.000 nuevos casos, el duodécimo día consecutivo sobre el umbral de los 300.000, que empujan el total hasta los 19,93 millones. Los 3.427 muertos del domingo dejan la factura acumulada en los 218.959, sólo por detrás de Estados Unidos y Brasil.

Las cifras oficiales son un reflejo vago de la realidad. No son un puñado de casos bajo el radar ni el maquillaje contable de todos los gobiernos. Los expertos temen que los números reales multipliquen a los oficiales por cinco o diez porque la saturación de los laboratorios de las grandes ciudades ha rebajado su ritmo de análisis y en los vastos territorios rurales muchos enfermos mueren en casa sin atención médica y son enterrados ajenos a cualquier registro oficial.  

Los indicios sugieren el drama. Muchos hospitales carecen de camas y oxígeno, los familiares buscan en el mercado negro e internet las medicinas elementales y las piras levantadas en parques o aparcamientos ayudan a los hornos crematorios a lidiar con el caudal de cadáveres. El capítulo trágico se completó este fin de semana con los 18 muertos en el incendio de un pabellón para enfermos de coronavirus y los doce fallecidos tras agotarse los cilindros de oxígeno de un hospital en Nueva Delhi.  

Planta de producción

India amplió el sábado la vacunación a todos los adultos en una campaña que supone un mayúsculo reto logístico incluso para la "farmacia global". El Gobierno inmunizó a un centenar de millones de personas en un tiempo récord pero el camino en el segundo país más poblado del mundo, con 1.300 millones de habitantes, es largo y pedregoso. Sólo el 10% de los indios han recibido una dosis y apenas el 2% cuenta con la segunda. El ritmo ha caído de las 3,6 millones de inyecciones diarias de abril a las menos de 2,5 millones actuales, lastrado por la falta de ingredientes y el incendio de una importante planta de producción.

Muchos estados han detenido las vacunaciones y las desigualdades sociales complican la distribución eficiente en el resto porque muchos no pueden permitirse los precios del pinchazo en los hospitales privados. El Gobierno central asume la vacunación de 300 millones de habitantes, principalmente los mayores de 45 años, mientras a los locales les quedan los restantes 600 millones de adultos entre los 18 y los 45 años.


El primer ministro de la India, Narendra Modi (izquierda de la foto). en un acto religioso el pasado sábado en Nueva Delhi.

/ AFP

El objetivo es tan complicado como costoso porque Nueva Delhi sólo distribuye la mitad de las vacunas a los estados y estos deben de conseguir la otra compitiendo en el mercado con un sector privado que puede repercutir los precios inflados en su clientela.   

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La India salió de la primera ola con menos daños de los temidos y se ha hundido en la segunda. Contribuyó el precipitado triunfalismo del Gobierno de Narendra Modi, que levantó las prohibiciones a los eventos deportivos, religiosos y políticos en contra del sentido común y las recomendaciones de los expertos médicos. Incluso desatendió en marzo la advertencia científica de una mutación más contagiosa y mortal. 

La calamitosa gestión del populista y ultranacionalista Modi está castigando su reputación. Su partido perdió el fin de semana las elecciones en el estado de Bengala Occidental, importante por sus 90 millones de habitantes y Calcuta, a pesar de las docenas de mítines en las que participó el primer ministro. Ni siquiera le sirvió su nueva barba con la que pretende parecerse al poeta e ídolo nacional Rabindranath Tagore.