La historia de la muerte de Bin Laden se sigue escribiendo 10 años después

  • Distintas versiones sobre detalles mueven entre hechos y mitos la operación que acabó con la vida del líder de Al Qaeda e impulsó a Obama hacia la reelección

Barack Obama y varios miembros del Gobierno y el Ejército siguen en directo la operación contra Bin Laden, el 1 de mayo de 2011.

Barack Obama y varios miembros del Gobierno y el Ejército siguen en directo la operación contra Bin Laden, el 1 de mayo de 2011. / PETE SOUZA / CASA BLANCA (AFP)

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Idoya Noain
Idoya Noain

Periodista

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La noche del 1 de mayo de 2011, cuando las primeras filtraciones empezaron a correr por los medios, empezaron las congregaciones frente a la Casa Blanca, en la 'zona cero' de Nueva York, en Times Square... A las 23.35 horas de Washington, llegó de boca del entonces presidente, Barack Obama, la confirmación de los rumores, la noticia que hizo estallar a los congregados, a los muchos más que se sumarían después y a todo un país pegado a la televisión en celebraciones, lágrimas y gritos patrióticos de "¡USA! ¡USA!".

"Esta noche", dijo ante las cámaras Obama abriendo un discurso de nueve minutos, "puedo informar al pueblo americano y al mundo de que Estados Unidos ha realizado una operación que ha matado a Osama bin Laden, el líder del Al Qaeda, y un terrorista que es responsable del asesinato de miles de hombres, mujeres y niños inocentes (...) Se ha hecho justicia (...) El logro de hoy es testamento de la grandeza de nuestro país y la determinación del pueblo estadounidense".

Aquella acción ejecutada en un fortificado complejo residencial en Abbottabad (Pakistán) en una noche sin luna por 23 miembros del Team Six de los Navy SEALS, un cuerpo de élite dedicado a operaciones especiales, dio a Obama un éxito que había perseguido infructuosamente desde los atentados del 11-S su predecesor, George Bush, le impulsó durante unas semanas en los sondeos de valoración y fue un factor clave para su reelección en 2012. Le abrió también las puertas para anunciar, a finales de ese mismo mes de mayo, que en diciembre de 2014 acabarían las operaciones de combate y empezaría la retirada de tropas de Afganistán, una meta que aún no se ha alcanzado, que Donald Trump se propuso para mayo de este año pero no logró culminar y que el actual presidente, Joe Biden, se ha fijado para antes del 11 de septiembre, 20º aniversario del 11-S.

La operación 'Arpón de Neptuno', como la fotografía más repetida de la serie que tomó Pete Souza de Obama y su equipo de seguridad nacional siguiéndola en tensión desde una pequeña habitación adyacente a la Sala de Crisis hasta que oyeron el mensaje de 'Gerónimo EKIA' (el nombre en clave que se había dado al potencial encuentro con Bin Laden y las siglas en inglés de enemigo matado en acción), entraron también inmediatamente en la historia. Y ahí sigue moviéndose a día de hoy entre los hechos y la mitología, ese limbo especialmente frecuente cuando hay partes clasificadas: importantes cuestiones de defensa nacional, políticas y geopolíticas en juego; preguntas aún abiertas y verdades que, aunque existen, puede que nunca se conozcan.

Una transparencia inédita y polémica

En las horas y días siguientes a la muerte de Bin Laden la Administración de Obama fue dando datos sobre cómo se gestó y desarrolló con inusitada velocidad y con demasiado detalle para indignación del entonces secretario de Defensa, Robert Gates (uno de los asesores de Obama que, como Biden, mostraron reticencias a lanzar la misión). Fueron variando descripciones, circunstanciales y trascendentales, y quedó por ejemplo desterrada de la historia oficial una de las frases que dijo Obama en su discurso a la nación aquel 1 de mayo: "Nuestra cooperación antiterrorista con Pakistán ayudó a llevarnos a Bin Laden y al complejo donde se escondía".

En los meses y años siguientes han ido llegando y sumándose los reportajes de investigación periodísticos, los libros, las desclasificaciones de material incautado en Abbottabad y hasta las películas de Hollywood, especialmente la polémica 'La noche más oscura' de Kathryn Bigelow, con quien colaboraron la CIA y el Pentágono y que contribuyó a perpetuar la mentira de que las brutales torturas de presos jugaron un papel en la localización del líder del Al Qaeda.

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No ha sido la única controversia. En 2015 Seymour Hersh publicó en 'London Review of Books' un artículo tan explosivo como cuestionado desarticulando prácticamente toda la historia oficial, desde cómo se consiguió la inteligencia definitiva sobre el paradero de Bin Laden o qué sabía Pakistán hasta qué se hizo con su cuerpo, que oficialmente se lanzó al mar tras extracción de ADN y un entierro según el rito musulmán. Dos de los miembros del Team Six que han escrito libros sobre su participación en la misión se atribuyen el tiro definitivo pero según otras investigaciones fue el líder de su escuadrón quien de verdad lo hizo. La CIA se ganó no pocas críticas al marcar el quinto aniversario de la operación tuiteándola en lo que habría sido paralelo a tiempo real. Y luego llegó el mandato de Trump y, con él, la edad de oro de las teorías conspiratorias, y el republicano incluso llegó a retuitear un artículo que involucraba a Biden en un supuesto e inexistente complot para matar a miembros del Team Six.

Muchos interrogantes perduran, incluyendo el de si hubo alguna vez intención de capturar a Bin Laden con vida o si la operación nació directamente con la misión de matar. Las narrativas se construyen con la inagotable cacofonía de versiones pero también con silencios. El puzle sigue incompleto pero, aunque falten piezas o algunas estén duplicadas con diferencias que dificultan o imposibilitan acabarlo, y aunque la historia acabe variándolo, la imagen de aquel 1 de mayo de hace una década perdura: EEUU ha matado a Bin Laden.