Brasil pasó la barrera de los 400.000 muertos por covid-19

• El gigante sudamericano tuvo más de 100.000 fallecimientos en los últimos 77 días.

• Una comisión parlamentaria debe investigar la responsabilidad del Gobierno en la crisis sanitaria

Construcción de nuevos nichos en el cementerio de Taruma, en Manaos.

Construcción de nuevos nichos en el cementerio de Taruma, en Manaos. / Valdo Leão/Semcom/Manaus/dpa

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Brasil ha pasado la macabra barrera de los 400.000 muertos por covid-19 en medio de una crisis sanitaria agravada por la política sanitaria del Gobierno de ultraderecha. De acuerdo con el ministerio de Salud, el gigante sudamericano contabilizó este jueves 3.001 fallecimientos. El número de decesos aumentó de manera exponencial desde inicios de 2021. En solo 77 días se pasó de 200.000 a las 300.000 víctimas fatales. Treinta y siete días después se llegó a los 401.186 muertos. Para ilustrar la gravedad de los acontecimientos, el diario carioca O Globo imagino en un mapa virtual qué tipo de cementerio se necesitaría para enterrarlos. Sus dimensiones estremecen.

La cantidad de casos positivos desde que comenzó la pandemia es de 14,5 millones. Brasil, con 212 millones de habitantes, tiene hasta el momento 32,2 millones de vacunados con la primera dosis.

Las nuevas variantes de covid-19, entre ellas la cepa local, surgida en la Amazonia, provocaron estragos que encontraron a las autoridades sanitarias impotentes o paralizadas por las actitudes del propio presidente Jair Bolsonaro.

El papel de Bolsonaro

"Rompiendo récords deprimentes y enfrentando perspectivas sombrías para el futuro cercano, Brasil ha acumulado 400.000 vidas perdidas por el flagelo del covid-19. La ventaja de haber sido una de las últimas naciones en ser golpeada por la pandemia que comenzó en China, y haber tenido tiempo para aprender y prepararse, fue desperdiciada por Brasil, cuyo presidente culpó alentó las conductas de riesgo", señaló en su editorial el diario paulista Folha. Varios factores, añadió, "se fusionaron para sembrar la catástrofe humanitaria recién cosechada".

El Gobierno está en la mira del Congreso. Una comisión del Senado comenzó a investigar las responsabilidades de Bolsonaro y su equipo. El capitán retirado subestimó la pandemia, al punto de llamarla "gripecita". Rechazó a su vez los confinamientos sociales y el uso de mascarillas. Promovió el uso de la cloroquina, a pesar del rechazo de la comunidad científica y puso en duda el potencial de las vacunas. "Lamentamos las muertes, ha habido una gran cantidad. Pero no me preocupa la comisión parlamentaria", dijo el capitán retirado, convencido que la compra de voluntades de políticos centristas impedirá que se abran las puertas de un proceso de destitución parlamentaria.

Para el diario Estado, "una de las consecuencias de esta pandemia es la banalización de la muerte" en un país donde su principal autoridad Ejecutiva "usó sus poderes constitucionales para interrumpir la lucha contra el virus". La situación tomó ese curso porque el Gobierno "trató la pandemia con el conocido negacionismo". El drama nacional debió haberse enfrentado "con liderazgo, concentración y determinación". Pero eso no ha ocurrido. "Todo fue contrario a lo que hizo y logró el presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, en solo 100 días de gestión. En los Estados Unidos, la pandemia mató a 574.000 personas. Pero el objetivo de vacunar a 100 millones en 100 días simplemente se duplicó. Esa es la razón principal por la que la actividad en los Estados Unidos ahora puede expandirse, crear empleos y volver a liderar la economía mundial".

La posición de Lula

 "Cuatrocientos mil de nosotros se han ido. Estuvieron aquí hace poco y ahora no. Padres, madres, abuelos, hijos, maridos, esposas, amigos", escribió en su cuenta de Twitter el ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva y aseguró que "los responsables de este genocidio tienen nombre". Lula acaba de recuperar sus derechos políticos tras un fallo del Tribunal Supremo. A su criterio Bolsonaro abrió las puertas de Brasil "y recibió la covid-19 con hospitalidad. Trató al virus como un aliado. Y tiene que pagar por atentar contra el pueblo brasileño".

La revista Istoé, que ha sido pertinaz opositora de Lula, especialmente durante su segundo mandato, se expresó en términos similares que el líder del Partido de los Trabajadores (PT): "durante décadas, Brasil ha cultivado la imagen del poder del futuro. Poco más de dos años de Gobierno de Bolsonaro fueron suficientes para aislar al país y tirar por el barro su reputación, como nación de quinta categoría. La percepción predominante es que el país ha perdido el tranvía de la historia. No podrá incorporarse al club de los países ricos ni solucionar sus graves problemas estructurales".

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