Cambios en Cuba

Raúl Castro, el general prosoviético que tuvo que elegir la vía del reformismo

  • El dirigente cubano abandona la vida pública a los 89 años tras haber estado en primera líneas de la política del país las últimas seis décadas

  • Los años que estuvo al frente del país, tras la muerte de su hermano Fidel, puso en marcha una controlada apertura económica a la iniciativa privada

El expresidente de Cuba, Raúl Castro.

El expresidente de Cuba, Raúl Castro. / DESMOND BOYLAN / EUROPA PRESS

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Abel Gilbert
Abel Gilbert

Corresponsal en Buenos Aires

Especialista en se ha especializado en temas políticos relacionados con la región pero también ha abordado cuestiones culturales y deportivas

Escribe desde se encuentra en la ciudad de Buenos Aires

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El 30 de junio de 1961, Fidel Castro cerró una tensa reunión con los intelectuales cubanos en la que se definieron de manera controvertida los límites de la libertad cultural. "No nos apresuremos en juzgar la obra nuestra, que ya tendremos jueces de sobra", dijo a los escritores que fruncían el ceño de la desconfianza. Y añadió: "Teman a otros jueces mucho más temibles. ¡Teman a los jueces de la posteridad, teman a las generaciones futuras que serán, al fin y al cabo, las encargadas de decir la última palabra!". Siete décadas más tarde, y cerca de los 90 años, Raúl Castro se retira de la vida pública y carga sobre sus espaldas el peso de aquella sentencia del hermano mayor.

Lo han llamado 'el Chino'. También, 'el Prusiano', por su apego a los rigores. Durante décadas se exhibió con el uniforme de general de cuatro estrellas. Cuando, a partir de 2008, Fidel comenzó a usar el chándal Adidas por razones de salud, su hermano cambió la vestimenta militar y el control de las Fuerzas Armadas por los trajes y las guayaberas. Le tocó reemplazar al 'Comandante en Jefe' en las funciones ejecutivas y, además, llevar a cabo la primera etapa de la transición. Abandonó el Consejo de Estado y del Consejo de Ministros en 2018, pero preservó su liderazgo en el Partido Comunista. En pocas horas ese cargo también formará parte de un pasado que ya es sometido a escrutinio.

Raúl Castro, con uniforme militar, junta el presidente de Cuba, Miguel Diaz-Canel, en un acto político en La Habana en 2019.

/ ALEXANDRE MENEGHINI / REUTERS

Raúl, el menor de los siete hijos del matrimonio formado por Ángel Castro Argiz, un emigrante gallego devenido terrateniente, y por la cubana Lina Ruz González, se inició en la política lejos de la tutela de Fidel. Mientras su hermano elegía el Partido Ortodoxo, él se vinculó al prosoviético Partido Socialista Popular. Participó en todas las fases del proceso que derribó al sargento Fulgencio Batista: el ataque contra el Cuartel Moncada, en 1953, la cárcel, el exilio, la guerrilla en la Sierra Maestra, que lo ungió comandante y, por último, la toma del poder.

Se suele señalar que fue Raúl, acompañado por Ernesto Che Guevara, quien defendió frente a Fidel la necesidad de acelerar los tiempos de la revolución iniciada en 1959 y darle un carácter socialista en medio del enfrentamiento con Estados Unidos. En cierta medida, se sentía más afinidad con los viejos comunistas que con los rebeldes de la Sierra Maestra o la clandestinidad. De ahí que propugnara con entusiasmo una alianza con Moscú, favorecido, entre otras razones, por sus tempranos contactos con diplomáticos y espías. Ese giro provocó rupturas, desgarramientos y tempranos descontentos internos.

El número Dos

Seis décadas atrás repelió el intento de invasión anticastrista organizado en Estados Unidos. Cuando Guevara abandonó la isla se convirtió en la segunda figura política de Cuba. Si Fidel tuvo el monopolio de la palabra y las imágenes, Raúl fue el organizador del aparato estatal y un guardián de la ortodoxia. El llamado "período gris" de principios de los 70, marcado por la intolerancia y las persecuciones de intelectuales y artistas, contó con su aval.

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La sobreactuada sobriedad pública contrastaba con las versiones de un hombre más proclive a la chanza y el ron entre camaradas de armas. Uno de ellos, el general Arnaldo Ochoa, fue fusilado en el verano de 1989 tras un juicio por presunto tráfico de drogas que todavía lleva la marca de la sospecha. Raúl aprobó la ejecución invocando a Josef Stalin, a quien llamó "mi amigo el georgiano". Los conocedores sostienen que, al advertir que la Unión Soviética se iba a pique, promovió la entrada de las Fuerzas Armadas en la actividad empresarial.

Bajo su mando político, Cuba inició una apertura económica que debe todavía profundizarse y curar las desigualdades intolerables que viene provocando. Se ha reformado también la Constitución. Con su acostumbrada seriedad formuló dos anuncios históricos: el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, en 2014 y, en 2016, la muerte de Fidel. Recibió ese mismo año a Barack Obama en La Habana y luego soportó la embestida de Donald Trump. Su dedo señaló a Miguel Díaz-Canel, de 60 años, como el sucesor y responsable de mantener a flote al castrismo sin ya el peso tutelar de sus fundadores. Debe hacerlo bajo circunstancias apremiantes. Dicen que el anciano general irá a Santiago, su provincia natal. Allí donde comenzó a forjarse una obra cuya supervivencia es puesta en entredicho.