Represión en la excolonia británica

Hong Kong condena a penas de entre 8 y 18 meses a nueve célebres activistas y políticos de la oposición

Preeminentes figuras han sido condenadas por organizar manifestaciones ilegales

El activista hongkonés Lee Cheuk-yan levanta sus manos al llegar a la prisión donde cumplirá condena.

El activista hongkonés Lee Cheuk-yan levanta sus manos al llegar a la prisión donde cumplirá condena. / REUTERS / TYRONE SIN

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Nueve preeminentes figuras de la oposición hongkonesa han sido condenadas a penas que oscilan entre los ocho y los 18 meses de cárcel por organizar manifestaciones no autorizadas en aquellos días tormentosos que sumieron a la excolonia en el colapso. Los castigos son leves si tenemos en cuenta que los delitos contemplan hasta cinco años pero el maratón judicial al que se enfrentan algunos matiza el optimismo. 

Los condenados han vertebrado durante años la lucha contra el Gobierno chino en la excolonia. Jimmy Lai, sentenciado a 14 meses de cárcel, es el célebre propietario del Apple Daily, un diario populachero que alterna los cotilleos sobre la farándula local con furibundos ataques al poder de Pekín y Hong Kong. Lai, de 72 años, está inmerso en dos procesos por violar la ley de seguridad nacional aprobada por Pekín el pasado año. Sus frecuentes reuniones con responsables de la anterior Administración estadounidense son interpretadas por la fiscalía hongkonesa como colusión con fuerzas extranjeras, un delito que puede acarrear hasta la cadena perpetua.  

La pena más larga, de 18 meses, recayó sobre Leung Kwok-hung, alias Pelo Largo, la figura más iconoclasta durante décadas de la escena política hongkonesa. Leung ya luchó desde sus posturas troskistas contra la colonización británica y llevó su asilvestrada beligerancia al Legco o Parlamento local cuando las reivindicaciones democráticas eran consideradas una excentricidad por la pragmática sociedad hongkonesa. Lee Cheuk-yan, de 64 años y organizador de las vigilias en el Parque Victoria en los aniversarios de la matanza de Tiananmén, ha sido condenado a 14 meses.

Evitar la prisión

Evitarán la cárcel condenados como Albert Ho, Margaret Ng and Leung Yiu-chung. También ha sido piadoso el tribunal con el octogenario Martin Lee, glosado como el padre de la democracia en Hong Kong. Lee eludirá el trago porque su condena lleva aparejada una suspensión de dos años en atención a su edad y su largo historial de servicios públicos. La abogada Margaret NG recibió una ronda de aplausos de los congregados en el juicio tras prometer que las condenas no diluirán sus principios. "El imperio de la ley no sólo se defiende en los tribunales sino en las calles y en los barrios. No sólo afecta a la ley, sino también al Gobierno, y las leyes que protegen los derechos humanos son las que se ganan la confianza de la gente", aseguró ante el tribunal. Unas decenas de activistas, apenas un vestigio de las protestas masivas que condujeron al Gobierno al borde del colapso dos años atrás, se habían juntado frente a las puertas de la sede judicial.  

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 La concreción de las condenas llega después de que el tribunal ya sentenciara semanas atrás la culpabilidad de los acusados. Los hechos se remontan al 18 de agosto: la policía había permitido una concentración en el Parque de Victoria pero no la manifestación posterior por los distritos más céntricos que encabezaron los acusados. Su defensa legal se intuía fracasada desde el principio. Alegaron que simplemente organizaron el desalojo del parque pero las imágenes los mostraron al frente de la marcha con pancartas. La magistrada, Amanda Woodcock,  ha aclarado en la sentencia que "desafiaron deliberadamente a la ley" y a la autoridad de la policía, por lo que las condenas debían reflejar "la gravedad de la ofensa y la culpabilidad". 

La ley de seguridad nacional, que prevé largas condenas de cárcel a los organizadores y participantes de protestas ilegales, acalló el fragor de la noche a la mañana de un movimiento que había prometido llegar hasta el final. Una parte de la sociedad la ensalza por recuperar la paz mientras la otra ve en ella el final de las libertades reconocidas en la fórmula de "un país, dos sistemas".