Juicio por la muerte de George Floyd: cuatro claves de la segunda semana

  • La causa de la muerte toma papel central en el proceso contra Derek Chauvin

  • Su defensa intenta atribuir la responsabilidad a la adicción a drogas del fallecido

  • En una inusual brecha del "muro de silencio", otros policías denuncian que usó "fuerza letal"

Protesta contra la brutalidad policial, este viernes en Mineápolis.

Protesta contra la brutalidad policial, este viernes en Mineápolis. / HENRY PAN (DPA)

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Idoya Noain
Idoya Noain

Periodista

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Los emocionales relatos de testigos que presenciaron la angustiosa muerte de George Floyd marcaron la primera semana del juicio contra Derek Chauvin, el exagente de la policía de MIneápolis que enfrenta los cargos más graves, de asesinato y homicidio involuntario. La segunda semana del proceso contra Chauvin la han protagonizado los expertos y el resultado de los testimonios de policías y médicos, interrogados por la fiscalía y la defensa, no ha sido menos intenso. Estas son cuatro de las claves de los últimos cinco días del juicio.

La causa de la muerte

La pregunta de qué mató exactamente a George Floyd es central para el caso. Cuando se publicó la autopsia oficial se apuntó, en un lenguaje enrevesado, a que murió por "parada cardiorrespiratoria complicando el sometimiento, contención y compresión del cuello por parte de la policía". En varios de los testimonios esta semana, no obstante, diversos expertos médicos han asegurado que Floyd, esposado y tumbado boca abajo en el suelo y con la rodilla de Chauvin en su cuello durante nueve minutos y 29 segundos, murió por asfixia, por "privación de oxígeno".

Uno de esos expertos fue el neumólogo Martin Tobin, que declaró que "el señor Floyd murió por un bajo nivel de oxígeno que causó daño cerebral y también una arritmia que hizo que su corazón se parara" y señaló directamente como causa de los problemas de Floyd para respirar a la rodilla de Chauvin en su cuello.

Su tesis fue ratificada por el doctor de la policía de Louisville (Kentucky) Bill Smock, que dirige el comité médico del Instituto de Entrenamiento para Prevención de Estrangulación y aseguró que Floyd murió de "asfixia posicional". Smock, además, desarticuló una teoría de la defensa de que la asfixia tendría que haber dejado cardenales a Floyd.

También testificó esta semana la patóloga forense Lindsey Thomas, que aunque concurrió con la conclusión de la autopsia oficial de que Floyd murió por "parada cardiorrespiratoria", también aseguró que el "mecanismo" de la muerte fue la asfixia. "Las actividades de los agentes tuvieron como resultado la muerte y esas actividades específicas fueron el sometimiento, la contención y la comprensión del cuello", dijo.

La semana se cerró con el testimonio de Andrew Baker, el forense del condado de Hennepin que firmó la autopsia oficial. Baker, que fue formado por Thomas, insistió en que se trató de un homicidio pero no respaldó la tesis de la asfixia. Simplemente dijo que la forma del arresto fue "simplemente más de lo que Floyd pudo soportar" al dificultar que respirara, provocándole hormonas de estrés que empeoraron sus problemas cardíacos y llevaron a la muerte.

Aunque el testimonio de los expertos fue científicamente detallado también en muchos casos usaron lenguaje sencillo fácilmente comprensible para los 12 miembros del jurado, a los que se vio muy atentos a exposiciones como la de Tobin, el neumólogo, que dijo, por ejemplo, que los intentos de Floyd de respirar eran similares a "intentar respirar a través de una pajita" y también que la presión de Chauvin tuvo "un efecto comparable a si un médico le hubiera extirpado un pulmón".

La adicción a los opioides

Un punto central de la estrategia de la defensa de Chauvin, de la que se encarga el abogado Eric Nelson, es tratar de poner la responsabilidad de la muerte de Floyd en los problemas de salud que arrastraba por su adicción a las drogas, una línea argumental conflictiva no solo por cómo impacta al núcleo del caso sino por las enormes implicaciones sociales y raciales que conlleva. El testimonio de los expertos convocados por la fiscalía, en cualquier caso, no ha sido especialmente benigno para sus tesis.

Tobin, el neumólogo, descartó que la presencia del opioide fentanilo y de metanfetamina que se detectaron en el cuerpo de Floyd fueran factores en su muerte. "Una persona sana que fuera sometida a lo que fue sometido Floyd habría muerto", declaró tajante. Y su conclusión la ratificó Thomas, la patóloga forense, que aseguró que "no hay pruebas que sugieran que (Floyd) habría muerto esa noche salvo por las interacciones con la policía".

También pasó por el estrado el toxicólogo Daniel Isenschmid, que apuntó a que el nivel de metanfetamina en el cuerpo de Floyd era "muy bajo" y a que parte del fentanilo en la sangre ya había sido "metabolizado", algo que no habría sucedido en el caso de una muerte por el opiode. Y Smock, el médico de la policía de Kentucky, aseguró que la de Floyd "no fue una muerte por sobredosis. Era alguien implorando por respirar".

Varios expertos desarticularon también la idea, sugerida repetidamente por Nelson, de que Floyd pudo presentar síntomas de "delirio de excitación". Ese es un concepto conflictivo y disputado sobre el que no hay consenso médico y supuestamente describe a individuos que entran en agitación tras consumir drogas o cuando sufren algún episodio de salud mental y por el que supuestamente muestran inusuales niveles de fuerza o de resistencia al dolor, pero no está reconocido por grupos como la Organización Mundial de la Salud o la Asociación Médica de EEUU, un país donde se ha denunciado además como una justificación habitual de la policía en casos de uso de fuerza letal sobre todo con hombres negros.

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Uso de la "fuerza letal"

La actuación de Chauvin con Floyd ha sido señalada también por expertos policiales. El miércoles testificó Jody Stiger, un sargento de la policía de Los Ángeles, que aseguró que el antiguo agente usó "fuerza letal". Stiger defendió que la intensidad en el momento inicial del arresto fue apropiada pero debería haber acabado cuando el detenido dejó de resistirse. "Puedes ver que la salud de Floyd se estaba deteriorando. Su respiración baja, baja su tono de voz, sus movimientos empiezan a detenerse...", declaró. "En ese momento, como agente, tienes responsabilidad de darte cuenta de que algo no está bien, de que algo ha cambiado drásticamente, y por tanto tienes responsabilidad de tomar algún tipo de acción". A preguntas de la defensa Stiger también aclaró que situaciones que un ciudadano corriente puede ver "horribles" son "legítimas según la ley estatal", pero luego matizó para la fiscalía que la fuerza legítima tiene que ser "objetivamente razonable".

También Johnny Mercil, instructor de la policía en Mineápolis, aseguró que a los agentes se les entrena para emplear la "menor cantidad de fuerza necesaria" para contener a un sospechoso y opinó que la rodilla en el cuello no estaría autorizada cuando el sospechoso, como Floyd, está "bajo control y esposado".


Grietas en el "muro de silencio azul"

Las declaraciones de Stiger y Mercil no son las únicas que han creado grietas en el tradicional "muro de silencio azul" con el que habitualmente los policías se protegen entre sí. Más de media docena de agentes han testificado ya para la fiscalía y el máximo exponente de la brecha llegó el lunes, cuando testificó el jefe de la policía de Mineápolis, Medaria Arradondo, que aseguró que la acción de Chauvin vulneró "absolutamente" los protocolos. "No es parte de nuestra política ni de nuestro entrenamiento y, ciertamente, no es parte de nuestra ética ni nuestros valores", dijo.