Casi 30 años después

Francia se enfrenta a su responsabilidad en el genocidio de Ruanda

  • El informe 'Francia, Ruanda y el Genocidio de los Tutsis (1990-1994)', encargado en 2019 por Emmanuel Macron, señala las "graves y abrumadoras responsabilidades" de Francia en la masacre

  • A pesar de las fuertes acusaciones del documento, los historiadores eximen a las autoridades francesas de toda "complicidad intencional" en el conflicto

Pescadores de Uganda recogen los cuerpos sin vida que el río Akagera ha arrastradop desde Ruanda, en 1994.

Pescadores de Uganda recogen los cuerpos sin vida que el río Akagera ha arrastradop desde Ruanda, en 1994. / STRINGER (REUTERS)

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La tragedia se fraguaba a fuego lento, hasta estallar el 7 de abril de 1994, fecha del inicio del genocidio de los tutsis en Ruanda. En cien días, más de 800.000 ruandeses, la mayoría de la etnia tutsi, fueron asesinados a manos de extremistas hutus. Veintisiete años después del exterminio, el informe Francia, Ruanda y el Genocidio de los Tutsis (1990-1994), encargado en 2019 por Emmanuel Macron, señala las "graves y abrumadoras responsabilidades" de Francia en la masacre. 

 

Tras dos años investigando y analizando más de 8.000 archivos sobre el conflicto, el historiador Vincent Duclert y su equipo reconstruyen en más de 1.000 páginas la responsabilidad francesa en el conflicto. A este ejercicio de memoria histórica, se suma una iniciativa de transparencia: este 7 de abril, todos los archivos relativos al suceso han sido desclasificados.

"Ciega" frente a un régimen "racista, corrupto y violento" 

Francia "permaneció ciega a la preparación de la masacre", estima la comisión de historiadores independientes al analizar la política de las autoridades francesas en Ruanda tras su independencia de Bélgica en 1962. En concreto, señala el apoyo del Gobierno de François Miterrand al régimen "racista, corrupto y violento" del hutu Juvénal Habyarimana durante la guerra civil de 1990-1993 que enfrentó al Frente Patriótico Ruandés (FPR), compuesto por rebeldes tutsis exiliados, contra el Estado de Ruanda.  

El fin de la guerra no acabo con las tensiones interétnicas que desembocaron en la masacre de los tutsis un año después. El 6 de abril de 1991, antes de aterrizar en Kigali, un misil derribó el avión donde viajaban el presidente Habyarimana y su homólogo de Burundi, Cyprien Ntaryamira. Horas más tarde, la primera ministra, Agathe Uwiligiyimana, y diez soldados belgas encargados de protegerla fueron asesinados. Los extremistas hutus lanzaron entonces una campaña para acabar con los tutsis y con cualquiera que tratase de protegerlos. El genocidio acababa de comenzar.

  

"François Mitterrand decidió esta política" 

"Francia [rechazó] cualquier diálogo con los tutsis exiliados en Uganda, así como con toda la oposición hutu y el Frente Patriótico Ruandés […] Y, por lo tanto, su política [reavivó] las tensiones interétnicas y, en cierto modo, [reforzó] las posibilidades de genocidio", explica el historiador Vincent Duclert en la antena de France Info.  

La jefatura de Estado habría ignorado "la inquietud de ministros, parlamentarios, altos funcionarios e intelectuales" ante la militarización de Ruanda y el progreso de las milicias, optando por "alinearse" con el Gobierno ruandés, una decisión acorde "a una voluntad del jefe de Estado y de la presidencia de la República", estima el informe. "François Mitterrand decidió esta política -concluye Duclert-. [El expresidente socialista] quería absolutamente garantizar la seguridad del presidente ruandés [Juvénal Habyarimana], con quien mantenía una relación cercana”.  

Entre la incomprensión y el desconocimiento 

Evitar el avance de Estados Unidos en el África francófona y promover la democracia a través de la cooperación militar, política y económica, justificaría el respaldo de París al régimen de Habyarimana. Sin embargo, el Hexágono, según el experto, cometió un error garrafal: confundir la "democracia" con el "dominio de una etnia mayoritaria".  

Tal error habría justificado "la entrega de armas en cantidades considerables y de municiones al régimen de Habyarimana, así como la implicación de militares franceses en la formación [de su Ejército]". A pesar de la dureza del documento, los historiadores eximen a Francia de toda "complicidad intencional" en el conflicto. La política francesa -según el informe- habría pecado de incomprensión ante "las masacres de alta intensidad cometidas contra los tutsis ruandeses entre 1990 y 1993" y de ignorancia al carecer "de un enfoque histórico y sociológico de Ruanda" cuyo conocimiento "permitiría articular otro tipo de políticas". Así, si bien Francia no participó de manera activa en la matanza de los tutsis, sí "se implicó durante un tiempo con un régimen que fomentaba las masacres racistas", estima el documento. 

"No hicimos lo suficiente" 

Ruanda acusa a Francia de no haber visto venir el conflicto, o más bien de no haber querido verlo, de haber reaccionado demasiado tarde y de haber facilitado la fuga de cómplices en el genocidio. Sirva como ejemplo de la tensión latente entre ambos países que Kigali, la capital ruandesa, prescinde de embajador francés desde 2015.  

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A pesar de la frágil relación entre ambos países, el Gobierno ruandés considera el informe de Duclert como "un paso importante hacia un entendimiento común del papel de Francia [en la masacre]", pero lejos de conformarse con los análisis y argumentos de la comisión gala, su Ministerio de Asuntos Exteriores anunció, el pasado 26 de marzo, la próxima publicación de otro documento que "enriquecerá y completará" las conclusiones francesas.  

Aún quedan heridas por cicatrizar, como lo demuestra la tribuna de Alain Juppé, ministro de Asuntos Exteriores durante el genocidio, publicada este miércoles en el diario Le Monde. "El informe [Duclert] pone de manifiesto numerosos fallos, errores y equivocaciones de las autoridades francesas desde 1990. Al leerlo me doy cuenta de que, aunque actuamos, no hicimos lo suficiente. Sobre todo, no entendimos que el genocidio no puede tratarse con medias tintas. Ante el horror del genocidio, del exterminio de niños, mujeres y hombres por la única razón de haber nacido tutsi, se debería haber hecho todo lo posible para salvarlos. Durante casi treinta años, hemos cargado, yo he cargado, con la herida de no haber conseguido evitar este terror".  

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