Pulso entre potencias

Portugal, campo de batalla en la guerra comercial entre China y EEUU

  • El gigante asiático aspira a la adjudicación de la nueva terminal del puerto de Sines, el más importante del país

  • Las inversiones chinas en sectores como la energía o las infraestructuras han provocado las críticas de Washington

Trabajadores de la compañía de petróleo portuguesa GALP en la refinería de Sines, al sur de Lisboa.

Trabajadores de la compañía de petróleo portuguesa GALP en la refinería de Sines, al sur de Lisboa. / Jose Manuel Ribeiro / Reuters

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Lucas Font
Lucas Font

Corresponsal en Lisboa.

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La guerra comercial entre China y Estados Unidos también se libra en Portugal. El país asiático, que aprovechó la crisis de 2008 para entrar con fuerza en empresas estratégicas lusas, sigue adelante en su objetivo de ganar influencia en Europa y aspira a hacerse con la adjudicación de la nueva terminal del puerto de Sines -el más importante del país- a partir del próximo 6 de abril, fecha límite para presentar las propuestas. Encima de la mesa está una concesión de 50 años a cambio de una inversión de 640 millones de euros, que permitiría a China avanzar en el proyecto de la nueva Ruta de la Seda, en el que el puerto luso juega un papel importante como punto estratégico en el comercio entre Asia y Europa.

Las aspiraciones chinas preocupan a Estados Unidos, que ve en el muelle atlántico una oportunidad para la entrada de sus exportaciones de gas licuado al continente y que ya ha mostrado su interés en que la construcción de la nueva terminal y su posterior gestión caigan en manos occidentales. “Portugal tiene que escoger entre sus aliados [Estados Unidos] o China”, aseguró el embajador estadounidense en Lisboa, George Glass, en una entrevista al semanario 'Expresso' publicada el pasado septiembre. El Gobierno luso, sin embargo, ha insistido en que tomará las decisiones que más convengan a los portugueses, indistintamente de la procedencia de la inversión.

Una decisión que la especialista en economía internacional de la Universidad de Oporto, Ana Paula Africano, considera acertada. “Siempre será positivo que la terminal se adjudique a una empresa que desarrolle todo su potencial y que maximice su competitividad”, explica la profesora. A pesar de que las inversiones chinas en Portugal han sido de las más elevadas a nivel europeo en términos proporcionales, la apertura del país a las compañías chinas va en la línea de los intereses de la Unión Europea, que ha cerrado un acuerdo de inversiones recientemente con el gigante asiático. Un pacto que Portugal tratará de afianzar bajo la presidencia de turno de la UE.

 Inversiones estratégicas

Otra de las preocupaciones de los representantes estadounidenses es la participación de la empresa china Huawei en la distribución de la red 5G en el país. “Si no tenemos socios confiables en la red de telecomunicaciones portuguesa, cambiará la forma en que interactuamos con Portugal en términos de seguridad y defensa”, aseguró el embajador Glass en septiembre. Ni el Gobierno luso ni los principales operadores del país han cerrado por ahora ningún contrato para implantar la nueva generación móvil, pero los expertos advierten de los peligros de confiar en la compañía china. “Los riesgos políticos, estratégicos y de seguridad asociados a la inversión china se amplifican en el ámbito tecnológico por su importancia en el desarrollo económico. En este ámbito, las prácticas de China son muy distintas a los patrones exigidos por Europa y las preocupaciones son elevadas”, señala la profesora Africano.

Más allá de un posible control de la red 5G, China ya controla compañías lusas de sectores estratégicos a través de sus empresas estatales. Entre ellas la principal energética del país, Energias de Portugal (EDP) -privatizada por el Gobierno del conservador Pedro Passos Coelho durante los años de la troika- o la distribuidora eléctrica Red Eléctrica Nacional (REN). También mantiene inversiones en aseguradoras, medios de comunicación, bancos y grupos de sanidad privada, mientras que la compra de inmuebles por parte de inversores chinos no ha parado de crecer en la última década gracias a las facilidades para obtener, hasta hace poco, un permiso de residencia en el país como contraprestación.

La última gran entrada de capital chino en Portugal se ha formalizado a través de la constructora China Communications Construction Company (CCCC), que cerró a finales de noviembre la compra de un 30% de las acciones de Mota-Engil, una de las mayores empresas de construcción de infraestructuras del país. La operación podría afectar a los negocios de la compañía lusa en el extranjero, ya que el expresidente estadounidense Donald Trump incluyó a CCCC en la lista negra del Departamento de Comercio por su participación en la construcción de islas artificiales militarizadas en el mar de la China Meridional. Falta por ver si el nuevo presidente, Joe Biden, mantendrá la decisión de su predecesor.

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